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EN MEMORIA DE MI AMIGO EL MATADOR PERUANO PACO CESPEDES por Mario Carrión, 26 de febrero, 2011 |
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Hoy
viernes 25 de febrero
leí la triste noticia que
informaba que a los 87 años de edad el matador retirado Paco Céspedes falleció
el jueves 24en Chiclayo, Perú, su ciudad natal.
La
noticia me entristeció pero no me cogió de sorpresa, pues sabía por mi buen
amigo su hijo Pepe, quien vive en Maryland como yo, y con quien me mantengo en
contacto, que su padre desde hace unos días se hallaba en muy mal estado de salud,
a consecuencia de las secuelas de una herida en la cabeza, producida por una
accidental caída. Además, el martes 22 me comunicó que al día siguiente
viajaría con su esposa a Chiclayo por haberse agravado el estado de su padre.
Siempre
se siente la perdida de un compañero, junto a quien uno se ha jugado la vida,
pero aun más si esa relación profesional, por las circunstancias, se convierte
en amistad. Este ha sido el caso con el finado Paco Céspedes y conmigo.
Antes de referirme a esas circunstancias, incluyo aquí un breve resumen de la larga carrera del matador de toros peruano Francisco Céspedes Chirino, que se anunciaba como Paco Céspedes.
Paco
nació en Chiclayo,
Perú, el 23 de noviembre del 1924.
Después de un aprendizaje en plazas pueblerinas y en el
campo, debutó en Lima como novillero el 9 de marzo del
1947, alternando con el español Paco Lara y el mexicano Tomás Ordóñez,
lidiando novillos de la ganadería de La Viña. Actuó durante casi cuatro años
de novillero, y tomó la alternativa en La Paz, Bolivia, el 24 de junio de
1951, siendo padrino Raúl Ochoa "Rovira"
y testigo el
español Juan de Lucas, lidiando toros de la ganadería La Pulpera. En su larga
carrera, completó 43 temporadas actuando de matador de toros en Perú,
haciendo algunas incursiones a Ecuador, Bolivia y a Colombia. Compitió con un grupo de
buenos toreros nacionales que había entonces, como Rafael Santa Cruz,
Humberto Valle, Adolfo Rojas “El Nene”, Miguel López “Trujillano” y Raúl
Ochoa Rovira; y con diestros conocidos de otras nacionales, como Gregorio
Sánchez, Jaime Bravo, Jerónimo Pimentel, Cayetano Ordóñez, Manolo Espinosa
"Armillita y Jesús Solórzano hijo.
El maestro se cortó la coleta en
la Plaza Acho de Lima el 23 de septiembre
del 1984. Sin embargo, volvió a vestirse de luces una vez más tres años después, el primero
de enero del año 1987, en la plaza de toros de Tucán en Lambayeque, en donde
definitivamente se retiró del toreo activo. Luego, mientras que su salud se
lo ha permitido, continuó dedicándose a las actividades taurinas, incluyendo
el ayudar a su hijo Paco, quien ahora como matador de toros continua llevando
en alto el nombre torero del padre.
En Tucán no sería la última vez
que Paco Céspedes padre actuó en público, pues a la avanzada edad de 70 años
toreó
vestido de corto en el llamado Festival del Recuerdo, el que se celebró
en Lima el 28 de enero del 1995 para celebrar el 50º aniversario de la
remodelación de la Plaza de Acho. El maduro espada cortó dos orejas y salió
por la Puerta Grande. (Para conocer más detalles de los Céspedes se puede
consultar el portal dinastiacespedes.com).
Mi primer contacto con Paco Céspedes sucedió el 4 de enero del
año 1959, en la puerta de cuadrilla de la Plaza de Toros de Guayaquil, Ecuador,
en donde dos toreros, uno peruano y otro español, se saludaban sobriamente con
el clásico saludo "que Dios reparta suerte". Luego durante la
corrida pocas más palabras cruzamos entre nosotros, ya que la preocupación por
el peligro que se corre no provee los momentos más apropiados para charlotear.
Aunque en la plaza existe entre los profesionales una comunión de hermandad, es
común que este lazo temporal se desuna al concluir la corrida, ya que cada uno
sigue por diferentes caminos en busca de gloria y, al menos coincidan en otras
corridas, hay la posibilidad de que nunca más vuelvan a verse, especialmente
sin son diestros de distintas nacionalidades.
Este
hubiera
sido el caso del matador peruano Paco Céspedes y el mío, si el destino no
hubiera dirigido caprichosamente nuestras vidas hacia Baltimore en los Estados
Unidos, donde nos volvimos a ver en otro 4 de enero, pero treinta y seis años
después, en el 1991.
Entonces Paco venía a Maryland a pasar unos días con sus hijos Pepe y Martín, y
aquí, a través de mi amigo Jim Toland, encontró a este antiguo compañero suyo.
Pronto establecimos una entrañable amistad, generada por su hijo Pepe, uno de
mis mejores amigos en Maryland, la que se acrecentó cada vez que Paco volvía por
estos lugares a visitar sus hijos. Entonces nos reuníamos y hablábamos de toros
hasta no poder más.
Ahora, ya esas conversaciones taurinas entre el torero peruano y el
español no se repetirán más, aunque las continuaré teniéndolas con mi amigo
Pepe, a quien su padre le inculcó el amor al toreo y los conocimientos de la
tauromaquia.