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FERIA DE OTOÑO-2011 DE
MADRID: |
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Cuatro días después de
terminar la Feria de San Miguel sevillana dio comienzo la última feria taurina
madrileña del año.
La edición del 2011 de la
corta Feria de Otoño se compuso de cuatro festejos.
Comenzó el jueves 29 de septiembre con una novillada, con la repetición de
novilleros que recientemente se han distinguido actuando en la Plaza de Toros
de las Ventas. Fue seguida por tres festejos mayores;
la corrida del viernes
con un cartel de tres figuras, los que
son de admirar por no haber dudado en dar la cara ante la exigente y docta afición madrileña a estas alturas de la
temporada; la del sábado en la que actuaron en un mano a mano Iván Fandiño y David Mora, los dos maduros diestros que,
lanzados por Madrid, han resultado ser, por sus varios impactantes triunfos en
algunas ferias importantes, las revelaciones de esta temporada; y se cerró con
otra corrida de toros el domingo 2 de
octubre, en la se corrió un encierro de los duros que fue lidiado por valientes
maestros especializados en confrontar esos peligrosos retos.
Considerando
la gran cantidad de gente que acudió a la plaza, es obvio que la empresa tuvo
un gran acierto elaborando los carteles, aun sin contar con las figura mas
distinguidas, pues la plaza casi se llenó en las corridas primera y última, y
hubo un lleno de “no hay billetes” para presenciar el festejo del mano a mano
del sábado, mientras en la novillada hubo la entrada más floja, al cubrirse
solo dos tercios del aforo.
De lo
visto en la pantalla del televisor, en forma de resumen, anoto a
continuación lo más relevante, con énfasis en lo positivo, de lo sucedido en
los cuatro festejos de la feria otoñal celebrados en Las Ventas.
Para admirar lo positivo se
tuvo que esperar que saliera el sexto novillo, el que
en los dos primeros
tercios no mostró todo lo bueno que atesoraba y que lo sacaría a relucir en el
último tercio. Embistió a la muleta con casta y bondad, y Barrio aprovechó esas
buenas condiciones para completarle una buena faena que fue premiada con una
oreja. El espigado joven comenzó la faena de rodillas toreando por derechazos
en los medios. La serie fue larga y templada y rematada, aun sin levantarse,
con dos pases de pecho. Siguió, ya de pie, con otras dos muy bien ligadas
tandas por el mismo lado, ejecutando los pases aun con más temple. A
continuación hizo un toreo más emotivo con pases circulares regulares e
invertidos. En cambio, la faena bajó de tono al torear por naturales, y
entonces se refugió en la espectacularidad para terminar su labor en tono
mayor, dando, entre otros adornos, unas ajustadas y emotivas manoletinas de
rodillas. Agarró una efectiva estocada contraria, asegurándose el trofeo. Su
actuación proveyó un buen final a una aburrida novillada.
Si en la novillada solo embistió con franqueza y nobleza
el sexto novillo y Víctor Barrio
le cortó una oreja, en la primera corrida, de los cinco toros que se lidiaron
de El Puerto
de San Lorenzo solo fue encastado uno, y a
este El Cid le completó una superior faena de oreja, aunque se dejó ir el
premio por fallar con la espada. Los cuatro titulares restantes y el sobrero de
Los Bayones, que sustituyó al debilucho sexto, eran manejables en conjunto,
pero les faltaban raza y fuerza, lo que restaba emoción a lo poco brillante que
los diestros lograron hacer, y esa falta de bravura en las entrañas de los
animales provocó que el público no apreciara la insistencia y el esfuerzo de
los toreros para sacar algún partido de unos toros que nada tenían para
ofrecer. Este fue el caso de las actuaciones de Sebastián Castella y Miguel
Angel Perera en sus lotes y en la de El Cid en su primero. No obstante, los tres
espadas, aunque sin lograr completar faenas, estuvieron en maestro y tuvieron
algunos momentos brillantes, pero no los bastantes para caldear el ambiente.
Entre los tres sumaron cinco silencios al completar las actuaciones.
Lo
bueno estuvo a cargo del diestro de
Salteras con el buen cuarto noble y repetidor astado. De salida, después de
unos lances de tanteo, le recetó dos templadas verónicas, llevando al animal
embebido en los vuelos del capote, y una preciosa media. Sonaron los primeros
aplausos. Después de brindar al público, se fue al centro del ruedo para, a
gran distancia aguantar las prontas arrancadas del astado, para llevarlo muy
toreado en una tanda de sobrios, bellos y largos naturales, que remató con un
hondo pase de pecho tras un artístico cambio de mano. Repitió dos tandas de
naturales más con similar calidad. Y aun mejores fueron las dos series de
derechazos, al ejecutarlas con más ajuste, firmeza y gusto. Concluyó su hacer
con unos trincherazos y adornos para cuadrar al toro, pero emborronó lo bien
hecho al pinchar antes de cobrar un feo bajonazo. En vez llevarse un trofeo, el
premio fue únicamente el tener que salir al tercio para agradecer los nutridos
aplausos con los que el público le agradecía la buena faena y le perdonaba el
bajonazo.
Antes de comentar sobre lo
sucedido en el festejo del mano a mano, resumo aquí lo poco notable que se vio
en la última corrida de la feria, en la cual Rafaelillo, Antonio Barrera y Serafín Marín lidiaron una moruchada de Adolfo Martín. El encierro fue serio, muy bien
armado, pesado y hubo cuatro toros con los cinco años bien cumplidos. En
cambio, en conjunto, los astados eran
descastados, dados a las medias arracadas y a la irregularidad en las
embestidas, y aunque tenían peligro, no era el de la clase que asusta al
público. Tal vez, el lote de Rafaelillo mostró más las dificultades,
permitiendo a este pequeño gigante pelearse con ambos toros y entusiasmar con
su valiente actuación. El primer toro
de salida intentó saltar al callejón
y puso en apuro al murciano al recibirlo
de capa. Este se escapó ileso, pero el brusco animal volteó muy feamente al
banderillero José Mora que resultó corneado en el muslo derecho. Con la muleta
Rafaelillo se jugó el físico para sacar
con mucha habilidad unas series de derechazos y naturales, unos con más temple
y hondura que otros. Por consiguiente, no pudo redondear faena, no había
manera, pero sí la completó con gran mérito y, al matar de una estocada tendida
echándose encima, el público le hizo salir a los medios para ser recipiente de
fuertes ovaciones. La misma determinación mostró en el cuarto toro,
consiguiendo ligar series con buenos muletazos a un toro que se dejaba algo
más, pero su labor tuvo menos intensidad que la primera por el toro flojear y
rajarse. Sonó un aviso por el animal tardar en cuadrar, y esta vez mató de un
metisaca bajo, aun así saludó de nuevo desde el tercio como premio a su entrega. Los saludos de Rafaelillo fueron
los máximos premios de esa tarde, pues tanto Barrera como Marín solo oyeron silencios
al deshacerse de sus oponentes. El sevillano toreó con firmeza y lidió con
suficiencia y maestría, pero su labor no tuvo trascendencia, mientras que el
catalán estuvo menos decidido y habilidoso
que en anteriores actuaciones en la Ventas. Aquí sigue el parte
facultativo del subalterno herido:
El banderillero José Mora ha sido atendido en la enfermería de una herida por asta de toro en el tercio medio de la cara interna del muslo derecho con una trayectoria de 15 cm hacia adentro que causa destrozos en músculos abductores. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico menos grave. Intervenido con anestesia general. Trasladado a la Clínica la Fraternidad. Firmado Dr. García
La corrida del sábado con el mano
a mano entre Iván Fandiño y David Mora
había levantado tremenda expectación en Madrid, y al sonar los timbales Las Ventas estaba cubierta de
público hasta la bandera. Había circunstancias muy especiales para que estos
dos diestros fueran el centro de atención de la afición madrileña, pues habían
usado el ruedo de Las Ventas con el aliento de su público para dar un salto
gigantesco para intentar salir del circuito de las duras en que se encontraban
durante algunos años, y además toreando poco, y al que, por el depurado estilo
con que hacen el toreo no pertenecen. También, Mora y Fandíño, después de sus
triunfos madrileños han entrado esta temporada en ferias importantes, en
algunas ocasiones alternando y triunfando junto a las figuras con encierros
comerciales. Se esperaba que esta tarde con sonados triunfos reivindicaran esos
éxitos.
Si examinamos los resultados en
las reseñas, Fandiño, ovación, silencio y oreja, y Mora ovación, silencio y vuelta tras
petición, uno podría concluir que el
triunfo fue moderado. En cambio, hay ocasiones en que las reseñas no reflejan
los éxitos toreros, y esto es lo que sucedió en este caso cuando la emoción que
las actuaciones de los dos diestros hicieron sentir a los espectadores no se
mide con el número de trofeos.
En realidad ni Fandiño ni Mora hicieron grandes faenas que
se pudieran describir con altisonantes adjetivos. Eso hubiera sido una quimera,
ya que los toros de Gavira eran flojos, sosos y descastados, algunos con
peligro y todos presentaban dificultades para torearlos con brillantez.
Entonces ¿qué hicieron estos titanes para que sus actuaciones tuvieran tanto
eco que fueran catalogadas como triunfales? Pues simplemente se jugaron
la vida para el uno superar al otro en una leal competición, como lo
prueban las cinco dramáticas volteretas que sufrieron entre los dos, y en las
que, por suerte, los toros solo les rasgaron las sedas de sus vestidos, y no
las carnes. Esto de exponerse a lo peor no lo hicieron de una manera loca, sino
siempre exponiéndose con sentido, y en su hacer no hubieron ni mantazos ni de medios pases que la
dificultad del ganado hubiera
justificado, sino cuando salían las
suertes eran pases templados y hondos de olés.
Con
el toro quinto Iván tuvo los mejores momentos de su actuación, ya que el
animal, aunque tenía peligro, se movía y trasmitía
emoción. La faena se compuso
de dos brillantes cortas series con la
derecha y otras tantas con la izquierda. Luego el toro buscaba y no hubo
redondez, teniendo que abreviar después de dar unas apretadísimas
manoletinas. Entonces sucedió lo
inesperado, ya que el diestro, para asegurar el trofeo, se tiró encima del alto
morillo para cobrar una de las más dramáticas estocadas que se hayan visto, ya
que el diestro se quedó colgado de los pitones del alto animal que pesaba 625
kilos. Los segundos parecieron horas, pues Fandiño permanecía entre los pitones
mientras que el toro continuaba tirando cornadas. Cayó inerte en la arena para
en unos instantes levantarse sin otra consecuencia que un enorme palizón, para
ver al toro morir sin puntilla. La plaza
era un manicomio y la petición de oreja
fue unánime y la concesión no tardó. Este premio también recompensaba la
valiente actuación que el espada había tenido en sus toros anteriores, con el
primero un difícil e incierto sobrero de Lozano Hermanos
que sustituyó al titular por romperse un cuerno contra el peto, y con
el tercero, un peligroso astado más
interesado en el hombre que en los engaños.
Mora,
desde que le hizo un buen quite por chicuelinas al primer toro de su compañero,
ya dio un toque de atención de que no estaba dispuesto a dejarse ganar la
pelea. Así que no fue sorpresa que recibiera al segundo toro a portagayola
con una larga cambiada, seguida por
templadas verónicas y una artís
tica media. Fandiño fue de nuevo volteado al
hacer un quite forzado por gaoneras. La competición seguía. Con la muleta
comenzó la faena con unos pases por alto dados con gallardía y empaque.
Continuó con series con ambas manos que resultaron cortas por el animal pararse
en medio de las suertes. Por haber matado de tres pinchazos y
descabello el premio quedó en aplausos. Lo mejor que le ejecutó al cuarto
fueron las verónicas de salida, pues al toro caerse varias veces la emoción en
la faena de muleta fue nula. Mató de estocada y descabello y hubo un respetuoso
silencio en los tendidos.
Consiente de que se iba la tarde en blanco
respondió al corte de oreja de Fandiño dispuesto a dejarse matar por un toro
que tenía peligro por ambos lados. Devolvió el brindis que Fandiño le había hecho en el primero de la tarde, y
yéndose a varios metros de distancia, aguantó las primeras arrancadas del
despierto animal. Fue volteado espectacularmente saliendo ileso. No queriendo
que el triunfo se le escapara, hundió los pies en la arena para seguir toreando
por naturales. De nuevo fue volteado. Continuó toreando como si nada hubiera
pasado, para luego cobrar una espectacular estocada. Hubo petición, pero al no
ser concedida dio una aclamada vuelta al ruedo sin trofeos.
Terminó
el festejo con el público aplaudiendo a los dos valerosos toreros que quieren
ser figuras a cualquier precio.
Reseñas:
Madrid. Jueves 29 de septiembre. 1ª de la Feria de Otoño. Novillos de
Gabriel Rojas Fernández (descastados y con complicaciones, excepto el 6º que
fue bravo y noble) para Francisco Montiel (silencio tras dos avisos; pitos tras tres avisos), Alberto Durán (silencio tras aviso;
silencio), Víctor Barrio (silencio; oreja). Entrada: 2/3
Madrid. Viernes 30 de septiembre. 2ª de la Feria de
Otoño. Toros de El Puerto y un sobrero de Los Bayones, 6º bis (descastados,
flojos y rajados, aunque manejables en conjunto, la excepción el bravo, noble y
repetidor 4º; el 6º fue devuelto por inválido) para El Cid (silencio; saludos), Sebastián Castella (silencio; silencio) y Miguel Angel Perera (silencio tras
aviso; silencio). Entrada: casi lleno.
Madrid. Sábado 1 de
octubre. 3ª de la Feria
de Otoño. Toros de Gavira (bien presentados; mansos, faltos de fuerza, deslucidos y con
complicaciones; el 1º retirado por partirse un pitón contra el peto; el 1º bis de Lozano Hermanos
se lastimó una mano; el 6º con mucho peligro) para Iván Fandiño (ovación; silencio; oreja) y David Mora (ovación; silencio; vuelta tras petición) mano a mano. Entrada: lleno de “no hay billete”.
Madrid. Domingo 2 de octubre. 4ª y última de la Feria de Otoño.
Toros de Adolfo Martín (cinqueños desiguales de
presentación y bien armados, pero desrazados, sosos y deslucidos, el peor el
1º, y el más manejable el 4º) para Rafaelillo (saludos; saludos tras aviso), Antonio Barrera
(silencio; silencio ) y Serafín Marín
(silencio; silencio). Entrada: casi lleno.
*Cartel por Pedro Escacena y fotos archivo.
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