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MI FAMILIA TAURINA: LOS
MARTIN VAZQUEZ |
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A menudo me han preguntado que
cuando se manifestó en mi por primera vez el deseo de ser torero. Siempre me ha
sido difícil contestar esa pregunta, pues soy incapaz de señalar un específico
instante en que yo me dijera a mí mismo “quiero ser torero”. No obstante para
satisfacer la curiosidad del interrogador mi respuesta era a propósito vaga,
diciendo algo así como “desde siempre, desde que tengo uso de razón”.
Lo que es verdad, pues yo no tengo
conciencia de cuando eso sucedió, aunque
ahora creo que adquirí la afición por osmosis
durante un indeterminado
espacio de tiempo pues, al vivir por gran parte de mi niñez y juventud cerca de
mis familiares los Martín Vázquez, respiraba la fragancia torera con que estaba
impregnada su residencia y, también, primero era testigo y luego participaba
tangencialmente en las actividades taurinas que desarrollaban los toreros que
allí habitaban.
Mi parentesco con los
Martín Vázquez viene a través de mi madre, ya que su hermana mayor, mi tía
Dolores Bazán, estaba casada con Curro Martín Vázquez, quien inició esa
dinastía torera a principios del siglo XX. Los Martín Vázquez y los Carrión
formábamos un núcleo familiar cuyo patriarca era mi abuelo materno Manuel Bazán.
Vivíamos en la Calle Resolana del Barrio de la Macarena en Sevilla en
residencias casi contiguas, pues solamente tres edificios nos separaban, y los
miembros de ambas familias nos relacionábamos continuamente, especialmente los
niños y los jóvenes, quienes entrábamos y salíamos de ambas casas como si ambas
fueran la nuestra.
Tal vez si tuviera que
elegir un hecho impactante que me hizo ser consciente del toreo, tiene que ver
con mi tío Curro y con dos cabezas disecadas que colgaban en una pared en el patio
sevillano de su casa. No sé por cierto la fecha exacta, de cuando sucedía lo
que voy a relatar, pero sí que era a finales de la Guerra Civil española y yo
tendría entonces unos cinco años.
Me gustaba subir al segundo
piso de la casa de mis tíos para desde allí, asomándome a una barandilla que
existía, contemplar de cerca, casi cara a cara, las dos monstruosas y negras
cabezas de toros cinqueños, que aunque inmóviles, desde la pared parecían
mirarme amenazantes. Entonces, yo miraba hacia abajo y observaba a mi tío Curro
que, sentado en un sillón debajo de las cabezas, descansaba tranquilamente. Con
la curiosidad inquisitiva de la niñez un día le pregunté a mi tío sobre las
cabezas y me dijo que él había dominado y matado a esas fieras. Desde entonces,
mi admiración por mi tío creció, no por lo de ser torero, que eso a mi edad
significaba poco, sino por imaginarme que era un poderoso superhombre capaz de
luchar gallardamente con esas impresionantes bestias. De ahí en adelante, ya
cuando subía una y otra vez a contemplar las cabezas, ya no me parecían tan
amenazadoras, pues pensaba que, al igual que mi tío, si me atacaban yo también
vencería a esas fieras.
Poco a poco al crecer empecé a
darme cuenta que mi tío no era un superhombre sino que era un hombre dotado con
el valor, el conocimiento y otras cualidades para lidiar toros con cabezas como
las que colgaban en la pared del patio, y que al igual que él, sus hijos Manolo,
Rafael y Pepín no eran tampoco superhombres, sino simplemente toreros. Y decidí
que yo también lo sería.
Tal vez motivado por la reciente muerte de Pepín,
una superfigura del toreo, en estos días he recapacitado mucho sobre mi familia
torera y he decidido recordarlos aquí
con unas resumidas semblanzas de sus vidas toreras, complementándolas con
algunas de mis impresiones y recuerdos que de ellos tengo, basadas en nuestras
relaciones personales.
Curro
Martín Martín Vázquez
Mi tío
Curro Martín Vázquez o "Curro
Vázquez" nació el 28 de marzo del 1882 en Alcalá de
Guadaira, un pueblo situado a pocos kilómetros de Sevilla, y murió en Sevilla
en el año 1946 en la casa número 11 de la calle Resolana, en donde residía y en
donde sus seis hijos habían nacido.
Antes
de continuar con su semblanza quiero aclarar algo sobre su nombre, pues también
se aplica a sus hijos y ha creado a veces alguna confusión. Su nombre real era
Francisco Martín Gómez, pero por alguna razón que desconozco en Alcalá le
llamaban “el de Vázquez”, por lo que se anunció en los carteles como Curro
Martín Vázquez o bien como Curro Vázquez. Luego mis primos, aprovechando que el
nombre era conocido, oficialmente se cambiaron el nombre a Martín Vázquez, que
se debería escribir con guión, como primer apellido, manteniendo el Bazán, que es
el apellido materno. En cambio, el nombre taurino de padre e hijos se escribe sin
guión y sin el segundo apellido.
El
señor Curro,
como a menudo se referían a él, no tenía antecedentes taurinos.
Por lo tanto es el fundador de la dinastía torera Martín Vázquez. Sus comienzos
tuvieron lugar toreando como podía en las duras capeas y encerronas por
Andalucía. A los 21 años hizo su presentación en público vestido de luces en
Algeciras el 15 de agosto del 1903, para, después de una dura lucha durante
tres años, hacer con considerable éxito su presentación como novillero en
Sevilla el 20 de mayo del 1906 y en Madrid el 5 de agosto del mismo año.
Continuó actuado como novillero durante el resto de esa temporada y en la del 1907 hasta que el 6 de octubre
tomó la alternativa en Barcelona de manos de Antonio Fuentes. Dato curioso es
que esa tarde el toricantano tuvo que matar cuatro toros, por el padrino haber
sido herido gravemente. A la semana siguiente, el domingo 13, el diestro
alcalareño confirmó la alternativa en Madrid, siendo el padrino Vicente Pastor.
La
carrera como matador de Curro Vázquez se extiende desde el 1907 hasta el 1921,
o sea que actuó durante 14 temporadas en España, Francia y Portugal e
intermitentemente en algunas plazas de México y de otros países hispanoamericanos.
Según
los datos que aparecen en LOS TOROS del Cossío, puede considerarse que su carrera
de matador tuvo dos períodos, una primera etapa ascendente, desde la
alternativa en el 1907 hasta el 1914. Durante este período actuó alternando con
la flor y nata de la torería en 167 corridas, que no son muchas, pero sí un
buen número, si se considera que el valiente maestro fue uno de los toreros más
castigados por los toros en la historia del toreo, por lo que a menudo se
encontraba en el dique seco. Tantos percances le hicieron perder un sinnúmero
de festejos.
De
las muchas cornadas que sufrió fue la más grave la recibida el 29 de agosto del
1909 en el Puerto de Santa María, la que lo tuvo al borde de la muerte. El
pitón le penetró y destrozó el ano, dejándole secuelas que le afectaron durante
el resto de su vida. La inmediata consecuencia fue que esa temporada tuvo que
cortar su campaña, y que comenzó tardíamente la temporada del 1910 actuando
solamente en cuatro festejos. Poco a poco volvió a recuperar su cartel, sumando
19 corridas en el 1911, 25 en el 1912 y 32 en 1913, y eso a pesar de haber sufrido
otros varios percances más.
El
valor
fue uno de los más relevantes dotes toreros del maestro, ya que, según
las referencias, a menudo reaparecía en los ruedos con las herida abiertas. Aun
así actuaba con la misma determinación que antes de ser herido.
Durante
esa primera etapa, sin ser una gran figura, mi tío desarrolló un papel muy
notable en el toreo. Luego, desde el 1915 hasta su retirada en 1921, tuvo altos
y bajos durante sus campañas y paulatinamente tanto su cartel como el número de actuaciones decayeron, aunque no
su afición ni su determinación ante los toros.
Es mi
opinión que el lento ocaso, tanto de este maestro como de otros muchos de sus
correligionarios, tuvo que ver con el no acoplarse al cambiante gusto de los
públicos, que después de la revolución belmontista, comenzaron a apreciar más
la plasticidad del toreo que una buena dominante y valerosa lidia del astado
como preparación para ejecutarle la suerte suprema con la más pureza posible.
Curro
Vázquez, como Bombita, Machaquito o Vicente Pastor, pertenecía a la era
pre-belmontista. Su fuerte era el valor para dominar al toro y el ser uno de
los mejores ejecutores de la suerte suprema, a tal punto que en la prensa se referían a él como “El Rey del
Volapié”. En cambio, aunque su persona tenía una elegancia natural que la
mantuvo hasta su muerte, su toreo carecía de un refinado estilo.
Las ganancias obtenidas
durante sus años
en los ruedos y su buena administración, le permitieron a él y a su familia
llevar una vida acomodada. Al retirarse,
compró una finca de olivares en el término de Dos Hermanas, muy cerca de
Sevilla y se dedicó a explotarla, siendo esa su ocupación hasta su muerte pues,
a pesar de que sus hijos Manolo, Rafael
y Pepín eligieron los pasos del padre, sus actividades taurinas cesaron, a tal
punto que permitía a los apoderados de sus hijos dirigir las carreras sin él
inmiscuirse en ellas.
En esa finca de Dos Hermanas sus hijos
entrenaban en un corralón que imitaba un ruedo, con burladero y todo. Yo pasaba
allí algunas temporadas durante mis vacaciones escolares y, entrenando con
Pepín en esa placita, adquirí mis primeros conocimiento toreros.
Tengo un vivo recuerdo de mi tío pues
tenía una personalidad y carácter muy particulares. Recuerdo su natural y
sencilla elegancia, que la mantenía incluso en el campo llevando ropa de trabajo.
Era algo introvertido, muy serio, formal
y parco de palabras. Aun así,
tenía buenos amigos pues su compañía y conversación eran agradables. Me
encantaba sentarme cerca de él, y silenciosamente escuchar sus conversaciones,
especialmente cuando el sujeto era el toreo. En la familia, era el jefe, un
padre a la antigua que cumplía con su deber y esperaba que los demás lo
hicieran sin excusas.
Resumiendo se debe decir que Curro
Martín Vázquez era un hombre respetable, responsible, cabal y recto tanto como
torero como persona.
Manolo
era el segundo hijo de Curro Martín Vázquez
, y el primero que decidió seguir
los pasos de su padre. El hubiera podido ir a la universidad para estudiar
cualquier carrera como hizo su hermano Paco, el primogénito de la familia, pues
mi tío nunca presionó a sus hijos para que fueran toreros. Paco estudió
medicina y se convirtió en un buen médico especializado en garganta, nariz y
oído.
Manolo
vio la primera luz del día el 14 de enero del 1921 y me contaban que el
gusanillo de la afición le picaba desde que tenía uso de razón. Probablemente,
se inspiraría, como yo, mirando las
cabezas que colgaban en el patio de su casa, imaginándose que en el futuro, como
trofeos de sus logros toreros, allí también se colocarían algunas cabezas de
toros lidiados por él.
Así
que, siendo aun muy jovencito, comenzó sus andanzas taurinas durante la Guerra
Civil española (1936-39), unos tiempos
muy difíciles para hacerse torero, pues apenas se celebraban festejos taurinos
en España. Al terminarse la contienda hizo un triunfal debut en las Ventas el 3
de septiembre del 1939 y al año siguiente se situó como un novillero puntero,
consiguiendo tantos e importantes triunfos que le merecieron el tomar la
alternativa en Barcelona, en donde había toreado con exito en ocho novilladas.
Se doctoró en la Plaza Monumental el 6 de julio del 1941, siendo el padrino
Manolete y el testigo Pepe Luis Vázquez, lidiando toros del Duque de Pinohermoso.
El 1 de octubre del mismo año confirmó la alternativa en Madrid de manos de
Marcial Lalanda, y ante la presencia de
Manolete. Esa temporada sumó 17 novilladas y 19 festejos mayores.
Su
carrera iba viento en popa durante la temporada del 1942 hasta que el 19 de
julio en Madrid un toro le pegó un
cornalón que cambió el rumbo de su carrera. Perdió una considerable
cantidad de corridas, y aun así terminó su campaña con 32 festejos en su haber.
No obstante, el grave percance afectó el ánimo del diestro.
Cuando
en la temporada siguiente, la del 1943, iba recuperando el sitio ante los
toros, el 25 de julio en Valencia un peligroso astado de Pérez de la Concha, al
herirlo de mucha gravedad, se encargó de que de Manolo, en vez de reencontrarse
a si mismo, comenzara un declive profesional que concluyó el 5 de octubre del
1947 en Lorca, en donde hizo su último paseíllo.
Así
como su padre se sobrepuso a los efectos negativos de las múltiples cornadas,
Manolo no consiguió hacerlo, por lo que sus actuaciones decrecieron en cantidad
y en calidad. Actuó en 18 corridas en el 1943, cinco en el 1944, dos el 1945,
ninguna en el 1946, y tres en la temporada de su despedida. José María de
Cossío en el cuarto volumen del EL
TOREO, página 558, evaluaba así el estilo de torear de mi primo y razonaba
cual fue el motivo de su retirada:
La nota característica de su
toreo, especialmente en sus grandes temporadas de novillero, fue el valor,
realzado por una majeza y una gallardía muy torera que... provenían de sus
condiciones físicas.
Ello le otorgaba personalidad en la plaza y fuera de ella. Al fallarle el valor...y al no
poseer otras cualidades taurinas que encubrieran sus vacilaciones, bajó su
rendimiento artístico, hasta írsele olvidando, y él supo anticiparse con su
retirada.
La
decadencia de Manolo como profesional coincidía con la meteórica ascendencia de
Pepín, el menor de la dinastía, quien ya en el año 1944 era una superfigura y
acaparaba la atención de la prensa, la
afición y de la familia. Esto tuvo que hacer mella en la mente de Manolo, quien
hasta entonces había sido el abanderado de la dinastía, pues la carrera de Rafael fue
muy breve y de poco relieve. Fuera o no esta la razón, el caso fue que durante
sus últimos años como torero activo, aunque oficialmente seguía teniendo su
residencia en Sevilla, Manolo prácticamente vivía en Madrid, y poco a poco se
fue desvinculado de la vida en la Macarena, a donde venía de visita de cuando
en cuando.
Al retirarse, Manolo se casó en Madrid con una bien acomodada señorita jienense, que poseía una finca de olivares en Martos (Jaén) y un piso en el prestigioso barrio madrileño de Salamanca, que había heredado de sus padres. En ese piso establecieron la residencia familiar y el torero retirado se hizo agricultor, al dedicarse a llevar la finca de su esposa, lo que le obligaba a pasar en la finca desde noviembre hasta marzo.
A esa ocupación pronto añadió la de
apoderado de toreros, pues partir del
1948 o 1949 hasta su retirada, su hermano Pepín le otorgó poderes. Luego, a
partir de junio del 1950, cuando yo toreé mi primera novillada sin caballos hasta
junio del 1957, al regresar a España, después de completar mi primera aventura
americana
como matador de toros, administró mi carrera, compaginando su labor
taurina con sus actividades camperas.
Mi
relación taurina con Manolo tuvo dos etapas. La primera, cuando él estaba en su
apogeo, del 1939 al 1942, y yo era un imberbe para quien el toreo todavía era
un juego. Entonces, lo admiraba como si él fuera otro superhombre como mi tío Curro, pero él
no influyó en mi toreo. En
cambio, luego al él aparecer menos por Sevilla, y Pepín comenzar su arrolladora carrera, orienté mi
admiración hacia el menor de los Martín Vázquez, la persona que me servía como modelo de torero y quien me guíó al
dar mis primeros pasos como aspirante a torero. En la segunda etapa, al Pepín retirarse y
Manolo convertirse en mi apoderado, yo pasaba en Madrid los meses de la
temporada taurina en continuo contacto con Manolo quien, aparte de administrar
mis asuntos taurinos, se convirtió en mi personal guía que intentaba controlar
mis actos como si fuera un padre de un hijo inmaduro.
Mi
juventud y el respecto, cariño y el
agradecimiento que yo les tenía a los Martín Vázquez permitieron que
Manolo me controlara y que, a pesar de notar algunos de sus fallos en la
función de apoderado, rechazara algunas
aberturas que hacían para que cambiara de administrador taurino.
La falla mayor de Manolo
como apoderado
consistía en que era su norma que, al terminarse la temporada en
octubre, se iba con la familia a su finca jienense para dedicarse a las faenas
campestres, poniendo en neutro sus actividades taurinas hasta regresar a Madrid
en marzo o abril, cuando la siguiente temporada ya estaba en progreso. La
circunstancia agravante era que en la finca no había teléfono, y la manera para
él comunicarse con el mundo era por medio de telegramas o cartas. El resultado
de esta acción era que yo comenzaba las temporadas más tarde que otros toreros
con similar cartel o menos, por sus apoderados haberse movido durante el
invierno.
Ahora bien todo llega a su fin,
pues en mayo del 1957, al regresar de
completar mi primera aventura torera en América, en donde había madurado por
haber estado solo sin apoderado o cuadrilla, atendiendo yo mismo mis asuntos,
nos reunimos en Madrid para discutir los planes para la temporada española.
Naturalmente, mis primeras preguntas fueron que si él tenía ya algún compromiso
inmediato para mi reaparición, y que sí había algo concreto hecho para el futuro. La
respuesta a la primera pregunta fue un rotundo no, y a la segunda un tal vez
aquí o allá, pero nada tangible. Entonces me lamenté que parecía que
mis éxitos
en América y el eco que ellos tuvieron en la prensa española hubieran ayudado a
que él me tuviera contratada alguna corrida, y añadí, con un atrevimiento que
él no esperaría de mi, que tal vez algo hubiera salido sí él hubiera estado en
Madrid desde hacía unos meses, en vez de estar encerrado en el campo durante ese
tiempo atendiendo solamente sus propios asuntos. De ahí pasamos a discutir
otras cosas que me molestaban, y que yo nunca las había mencionado antes. La
consecuencia del encuentro fue que hubo un rompimiento que no resultó ser amistoso. No
nos volvimos a ver hasta 17 años después, cuando pasé unos días en Madrid de
vacaciones para
enseñarle la belleza de la ciudad a mi familia americana. Se me ocurrió hacer
una llamada de cortesía a Manolo, no como su ex-podernante sino como familia.
El resultado de la llamada fue una agradable sorpresa, ya que mi primo nos
acogió con cariño, y que incluso me organizó una cena homenaje, atendida por
algunos miembros de mi antigua peña taurina y por otros amigos. También, llamó a la
ya desaparecida revista El RUEDO para informarles de mi presencia en Madrid.
Ell resultado fue que me hicieron una entrevista. En mis
sucesivas visitas a Madrid nos
volvíamos a reunir, hasta que Manolo murió a causa de una penosa enfermedad,
que lo había mantenido en vida retirado del mundo por unos años.
Rafael Martín Vázquez
Rafael Martín Vázquez nació el 20 de agosto del 1924, tres años después que Manolo, por lo que no es extraño que, creciendo junto a un padre que había sido torero y un hermano que ya lo era, le inspirara a querer serlo. Lo curioso es que los comienzos como novillero de Rafael coincidieron con los de su hermano Pepín, quien tenía tres años menos que él y que mientras la carrera de Pepín tomó vuelos para remontarse al cenit del toreo, la de Rafael solo revoloteó hacia el olvido. Su carrera en los ruedos puede resumirse en un par de párrafos.
El caso de Rafael en el aspecto
profesional es el más raro que he presenciado, leído u oído en mis años en el
mundo del toro. Rafael después debutar como novillero en El Puerto de Santa
María (Cádiz) se presentó y corto una oreja
en Sevilla el 21 de junio de 1942. En la Maestranza actuó como novillero
seis festejos más, ganándose a los aficionados locales con su
toreo profundo y
clásico, ejecutádolo con enorme valor. En la temporada del 1944 se hizo figura
de los novilleros, debutando en Madrid
el 15 de junio en un festejo de ocho novillos y compartiendo el cartel con El Boni, Luis
Miguel Dominguín y su hermano Pepín. Sumó 26 novilladas consiguiendo
triunfar en plazas importantes.
Terminó esa temporada dejando intuir que el año siguiente sería el de su consagración. Pues bien, sin sufrir una cornada y sin ningún motivo evidente, en la siguiente temporada no dio pie con bola, mostrando en sus actuaciones miedo, pánico a veces, y además una absoluta falta de interés por el toreo, como si la afición y el valor se hubieran congelado con el frígido invierno y la tibia primavera no fuera capaz de descongelarlos. Ese año actuó en solo cinco novilladas, y en el 1946 se fue a México probar suerte en un nuevo campo. Al no encontrarla, volvió a España para el 15 de mayo de 1947 tomar una alternativa de compromiso, probablemente con la intención de poder decir que era matador de toros. Esa corrida fue el único festejo mayor en el que actuó. Su padrino fue El Estudiante y el testigo Belmonteño, y lidiaron un duro encierro de la Viuda de Molero.
Al
retirarse, estableció, junto con un
socio, una tienda de artesanía para regalos en Caracas, Venezuela, un negocio
que duró poco. Luego, con el resto de la familia ya independizada,
mi primo se
quedó a vivir con mi tía Dolores, sin tener que trabajar para sufragarse las
necesidades diarias. Con el dinero que heredó, primero de su padre y luego de
su madre, se la avió para vivir bien sin tener un trabajo regular. Siempre
mantuvo muy buenos amigos y una activa vida social, y paseaba por Sevilla
luciendo una gallardía torera como si fuera un Manolete, parando de vez en cuando
para saludar y converser con amigos y conocidos.
Al
recapacitar sobre Rafael, tengo pocos recuerdos taurinos de él.
En cambio, me quedan muy buenas memorias de nuestra relación
familiar. Casi todos los días al volver o ir de la Macarena al centro de
Sevilla, o viceversa para estar con sus amigos, subía a vernos para jugar con
nosotros, sus primos pequeños ---a mi me llevaba ocho años---y charlotear con
sus tíos Juan y Manuela, mis padres, a quienes quería como a los suyos.
A
Rafael, lo recuerdo más cuando él era un veinteañero y yo un chiquillo que
soñaba en ser torero. Entonces, Rafael tenía una personalidad de las que son
difíciles de olvidar. Siempre era elegante, alegre y jovial.
Se sentaba a la mesa con nosotros y de su boca salían un torrente de chistes y
unos comentarios sobre gentes y sucesos tan jocosos como inofensivos. A
veces los ratos alegres se hacían horas. Probablemente
sus tristezas las ocultaba bien, pues supongo que le sería difícil vivir a las
sombras de sus hermanos, una super-figura del toreo como era Pepín y un buen
torero como Manolo y pretender triunfar como ellos sin conseguirlo.
Mi tío Curro, un hombre cabal, de un valor a prueba de cornadas, no parecía comprender la falta de ánimo de Rafael ni le perdonaba que siguiera vistiendo el traje de luces sin la dedicación necesaria para llevarlo. No lo forzaba a seguir en tan peligrosa profesión sino, por el contrario, le urgía a entregarse a ella o a dejarla.
Rafael pronto dejó la profesión, o la profesión lo dejo a él, pero hasta su muerte lució su tipo torero por las calles sevillanas, y se llevó a la tumba el secreto del porqué de su extraña conducta torera.
Un día
de la primavera del 1997, en una de mis visitas a Sevilla estuve con Rafael en
el Ateneo, sin presentir que esa sería la última vez que disfrutaría de su
compañía y de sus ocurrencias, pues moriría el 31 de enero del año siguiente.
Pepín
Martín Vázquez
Al menor de los Martín Vázquez, en el año 1943,
cuando ya empezaba a darse a conocer como novillero sin caballos, estoy seguro
que los taurinos y aficionados, que comenzaban a notar su valía, lo
identificarían como “el hijo de Curro Vásquez” o “el hermano de Manolo Martín
Vázquez”. En cambio, dos años después de sus excepcionales históricos triunfos
en los ruedos europeos, que superaron a los de la familia, habría un reverso en
la identificación de sus mayores, pues entonces al patriarca de la dinastía se
conocería como “el padre de Pepín” y a Manolo como “el hermano de Pepín”. Así fue de meteórico el ascenso de
este joven torero
en el mundo taurino.
El benjamín de
la dinastía nació el 6 de agosto del 1927 en Sevilla en la misma casa que sus
hermanos toreros, y un cliché sería el anotar aquí que, influenciado por el
medio en que creció, desde niño quiso ser torero. Ahora bien, en su caso,
debido a su precocidad, no sería exagerado el afirmar que más bien Pepín nació
ya
siendo torero.
Desde de que Pepín se retiró de los ruedos en el 1953
ha habido relativamente pocas referencias al maestro macareno, especialmente
considerando sus relevantes logros en los ruedos. Sin embargo, hace apenas un
par de meses, debido a diferentes circunstancias, ha habido lo que podríamos
calificar como una revisión histórica que ha recordado al aficionado antiguo y
ha mostrado a los modernos el papel tan importate que el diestro macareno
desempeñó en el toreo.
El primer toque de atención lo dio Andrés Amorós en
un artículo en el diario español ABC, publicado el pasado 10 de febrero, en el
cual promovía la idea de que Pepín era un perfecto candidato para que se le
premiara con una de las Medallas de las Bellas Artes que anualmente concede el
Gobierno de España. Esta sugerencia causó que críticos, como Carlos Crivell e
Ignacio de Cossío, entre otros, hicieran eco de esa petición. La segunda
circunstancia ha sido la trágica noticia de la muerte del diestro, la que
sucedió el
27 de febrero de este año, motivando aun más a que se publicaran resúmenes
biográficos de su vida, e incluso en los portales de Internet se incluyeron
enlaces a vídeos que mostraban la calidad des su toreo. Finalmente, al
concedérsele después de su muerte la prestigiosa medalla mencionada, hubo otra invasión de noticias
sobre el torero y su singular estilo de interpretar el toreo.
Yo no podía hace menos
por lo que en este portal he escrito artículos con referencias a los sucesos
relacionados con Pepín. Por lo que ahora al hacer aquí un resumen de la carrera
de Pepín y expresar mis sentimientos sobre su toreo y su persona, no tendré más
remedio de plagiarme a mi mismo repitiendo algo de lo que recientemente he
escrito.
En sus inicios, siendo todavía
un niño, Pepín de becerrista, actuando vestido de traje corto, formó pareja con
Cayetano Ordóñez “El Niño de la Palma” hijo, hasta que debutó como novillero
sin caballos el 16 de septiembre del 1943 en Cehegín (Murcia).
En 1944 su carrera tomó vuelo,
pues en una temporada a la edad de
16 años pasó de ser un prometedor novillero a figura del toreo. Debutó con
picadores el 27 de febrero de en Barcelona y el primero de abril hizo su
presentación en Madrid, y el 21 de mayo la hizo en Sevilla, triunfando en las
tres
ocasiones. En las Ventas repitió el 18 de mayo, teniendo que matar cinco utreros por sus compañeros
ser heridos, y en la Maestranza volvió a actuar el 4 de junio desorejando a sus
novillos. También tuvo éxitos notables en otras plazas como las de Barcelona,
Valencia y Ronda. En total sumó 34 novilladas antes de doctorarse en Barcelona.
Pepín
tomó la alternativa el 3 de septiembre del 1944. La corrida fue de ocho toros
con Domingo Ortega, Pepe Luis Vázquez y Carlos Arruza en el cartel, lidiando un
encierro de Alipio Pérez Tabernero Sanchón. Domingo Ortega ofició de padrino.
El toricantano actuó esa temporada en otras trece corridas más,
alternando y triunfando junto a las grandes figuras del momento.
En a temporada
del 1945 el
diestro macareno hizo su primera campaña completa como matador de toros, sumando 66 corridas colocándole en
el tercer lugar del escalafón, detrás de Manolete y Arruza, siendo el diestro
que más veces alternó con esos
monstruos del toreo, motivando a un critico a apodarle como “El Tercer
Hombre”. El 19 de abril Pepín debutó como
matador de toros en la Maestranza en una corrida de la Feria de Abril sevillana
con Manolete y Arruza en el cartel. Fue declarado junto a Manolete como “Máximo
Triunfador” del ciclo. Confirmó la alternativa en Madrid el 29 de abril, siendo
el padrino Pepe Bienvenida y el testigo Morenito de Talavera, con toros de
María Montalvo. En las Ventas actuó cinco tardes más triunfando en todas sus
presentaciones, siendo excepcional la faena que le bordó al tercer toro de
Buendía de la corrida celebrada el 16 de mayo. Los triunfos se sucedieron
durante toda su campaña, terminando la temporada colocado como un figurón del
toreo.
Concluida la
temporada española el joven diestro viajó a México para hacer la temporada
invernal 1945-6. El
16 de diciembre confirmó la alternativa, de manos del genial diestro azteca
Silverio Pérez en la Plaza El Toreo de la Ciudad de México. En la misma plaza
repitió varias veces, cortando un rabo en una de las corridas. Alternando con
Manolote y con las grandes figuras de la Edad de Oro del toreo mexicano actuó
en varias plazas de los estados, incluyendo tres corridas en Guadalajara, en
donde curiosamente salió en hombros sin siquiera obtener un trofeo.
Pepín volvió a España, en donde
en la temporada 1946 reverdeció sus laureles, siendo uno de los puntales de
muchas ferias, entre ellas la de Abril de Sevilla, en donde toreó tres de las
cinco corridas del abono. Sumó 50 festejos que hubieran sido muchos más si el
30 de junio en las Ventas un toro de Fermín Bohórquez no le hubiera
infligido una grave cornada en la fosa ilíaca derecha. Este fue su bautizo de sangre, y desde aquí en adelante los toros le
castigaron fuertemente. Antes, el 30 de mayo, y después, el 26 de septiembre,
también había triunfado en esa misma plaza.
Comenzó la temporada del 1947 como el diestro de más tirón, después de
Manolete.Tenía 87 corridas contratadas pero un percance fue el causante de que solo
sumase 37. En esos festejos, como en las dos temporada anteriores, los triunfos
se multiplicaban, ente ellos: el haber cortado dos orejas a un toro de
Bohórquez el 18 de abril en un festejo de la feria abrileña en Sevilla; el
haber sido el máximo triunfador de la recién estrenada Feria de San Isidro; y
especialmente, el haber desorejado por partida doble a dos astados de Bohórquez
el 16 de julio en la tradicional Corrida de la Beneficencia. Pepín alternaba esa tarde con el Monstruo de
Córdoba, quien resultó herido. Con los frecuentes triunfos madrileños, el sevillano
se había convertido, aparte de en un una figura de toreo fuera de serie, en
lo que llaman hoy “un torero de
Madrid”.
El trágico
percance que cambio
el rumbo de la carrera de Pepín tomó lugar el día 8 de agosto en el pueblo
manchego de Valdepeñas, en donde un toro de
Concha y Sierra le perforó la femoral en la parte superior del muslo,
causándole una gran perdida de sangre que puso en peligro su vida, y el estar
fuera de circulación por alrededor de ocho meses. Curiosamente Manolete le hizo
el quite. Poco se se podría imaginar el malogrado diestro cordobés que diez
días después un toro asesino le quitaría a él la vida, mientras que el menor de los
Martín Vázquez con una herida de similar gravedad se salvaría.
Después de su larga
recuperación, que no fue completa porque le quedaron algunas secuelas de la
cornada, Pepín reapareció en Barcelona el 12 de mayo de 1948 en la Plaza
Monumental y el 3 de junio toreó en Madrid triunfando una vez más. En las
Ventas alternaba con sus paisanos Antonio Bienvenida y Manolo González, quien
confirmaba la alternativa. Tres días después en el mismo ruedo, al entrar a
matar a un astado de Buendía fue herido de
gravedad en la región axilar derecha. Volvió a torear en Las Ventas el
16 de septiembre en la Corrida de la Asociación de la Prensa alternando con
Luis Dominguín y de Manolo González. Pepín en esta campaña actuó solamente en 30
corridas, obviamente la disminución de actuaciones fue debida tanto al tardío
comienzo de su campaña como a la cornada recibida en Madrid.
Al terminar la temporada, Pepín,
protagonizó la película de tema taurino Currito de la Cruz, que fue
estrenada en 1949. El éxito de la película fue enorme con el resultado de
expandir la popularidad del diestro mucho más allá de las fronteras del mundo
del toreo. Videos de esta película ofrecen a los aficion
ados que no vieron
torear a Pepín, la oportunidad de apreciar la excepcional tauromaquia de un
maestro, cuyo toreo aun hoy tiene actualidad. En Currito de la Cruz se
ven tantos escenas, especialmente filmadas para la ocasión, como pasajes de sus faenas
en corridas regulares en Madrid y México. Ya retirado, en 1954 filmó la
película francesa Chateaux en Espagne. Esta película fue estrenada en
enero del 1955 en Madrid, con el título de El Torero, y a pesar de ser
la protagonista la famosa estrella ferancesa Danielle Darrieux, a diferencia de
Currito, la película no tuvo éxito.
Después
de la temporada del 1948 la carrera de Pepín comenzó un lento declive, lo que
se refleja en su campaña del 1949, en la que únicamente actuó en 22 corridas. A
este reducido número contribuyó el percance sufrido en Peñaranda de Bracamonte,
donde un toro lo hirió gravemente de nuevo en un muslo. En la temporada del 1950 aun sumó menos festejos, nueve en
Europa y un par de ellos en la Feria del
Señor de los Milagros de Lima, Perú, en donde en la Plaza Acho el 17 de
diciembre otra vez más fue herido de consideración en el muslo derecho. Esa tarde actuó con Luis
Procuna y El Litri.
En cambio, en el 1951 Pepín decidió no actuar ni en Europa ni en América. Reapareció la siguiente temporada. Entonces actuó en doce festejos, incluyendo su última aparición en las Ventas el 21 de mayo, en una corrida del abono de San Isidro, en la cual le confirmó la alternativa al diestro mejicano Jesús Córdoba.
Finalmente, sin anunciar su retirada y antes que comenzara la temporada española del 1953, hizo el paseíllo por última vez el 22 de febrero en la plaza de toros de Caracas, Venezuela. El cartel lo formaban, además de Pepín, César Girón y Jumillano, lidiando toros de Guayabita.
Debo de añadir un hecho que explica de alguna manera porque Pepín, a pesar de conservar aun su popularidad, ampliada por el éxito de la película Currito de la Cruz, no sumó más corridas en sus tres últimas campañas. Yo fui testigo en varias ocasiones de oír a Pepín rechazar ofertas para actuar que le proponía e su apoderado y hermano Manolo, por no cumplir sus exigencias como figura con respeto a cartel, toros y dinero. Para Pepín, el concepto de torear simplemente por sumar corridas no existía.
Después de su actuación en Caracas no volvió a pisar un ruedo ni vestido de luces ni de corto, pues Pepín profesionalmente se apartó completamente del mundo de los toros, para dedicarse a explotar sus fincas, y a otros negocios. Pronto se casó y creó una familia, con la que vivió en Sevilla hasta su fallecimiento, que ocurrió el 27 de febrero del 2011, a los 83 años de edad.
Pepín, con admirable modestia, ya retirado ha evitado el promocionarse y el que otros lo hicieran, no accediendo a las muchas proposiciones de entrevistas que tuvo, ni tampoco ha participado en eventos taurinos, o ha permitido que se le hagan esas clásicas conmemoraciones tan comunes en otras grandes figuras.
Sería lógico el prguntarse que cuales cualidades tendría el toreo de Pepín que causaron que, en una época en la que había una baraja de excepcionales toreros, encabezados por Manolete y Arruza, hicieran que el macareno en poco más de un año se colocara en la cumbre, compitiendo con esos fenómenos. La respuesta no es fácil, pues es casi imposible describir las cualidades artísticas visuales sin verlas. No obstante, yo resumo la forma de crear toreo de este maestro de la Resolana de la siguiente manera: poseía la pureza y la hondura del estilo rondeño, la verdad, elegancia, firmeza, naturalidad y templanza del manoletismo, los toques de gracia y garbo del toreo sevillano, más algún que otro gesto de valentía de los toreros de casta, pues cuando lo creia necesario, este clásico maestro no dudaba en iniciar una faena rodillas en tierra con estatuarios, o terminarla también de rodillas con un temerario desplante.
Tal vez,
la verdad y profundidad de su estilo fueran las causas por las que sufriera
tantos percances, pero también lo fueron para que, a pesar de ocupar un lugar
en la cima por poco más de cuatro temporadas, a Pepín se le considere como una
de las grandes figuras del toreo contemporáneo, y que el 8 de abril del 2011 el
Gobierno de Españal lo distinguiera concediéndole la prestigiosa Medalla de Oro
de Bellas Artes.
De los Martín Vázquez, Pepín fue
el que más me impresionó como persona, pues siempre admiré su honradez,
sinceridad y sencillez, y como torero me sirvió de espejo en donde mirarme.
La razón
primordial era que a
mediados de la década de los cuarenta, cuando de chiquillo comencé a ser
consciente de querer ser torero, Pepín estaba ya en la cima del toreo. Así que
busqué su compañía, ya que por solamente estar a su lado y oírle hablar, me
sentía prematuramente torero. Entonces una y otra vez le decía que quería ser
un torero grande como él, se sonreía pero no me echaba cuenta. Ahora bien,
luego cuando yo tenía quince años, e insistía en manifestarle mi deseo,
comprendió que mi vocación era verdadera y no una chiquillada, comenzó a
ayudarme, dándome consejos cuando toreábamos de salón y llevándome a
tentaderos. Más tarde, a principios de los cincuenta, cuando yo comenzaba a
torear como novillero sin caballos, me convertí en su sombra, acompañándole a
casi todas las partes, pasando temporadas en su finca de Dos Hermanas entrenando y socializando
con él. Sin embargo, al Pepín retirarse radicalmente del toreo en Caracas en el
1953, mi relación taurina con él concluyó, pues no se inmiscuyó para nada en mi
carrera profesional.
Siempre admiré a Pepín, pero con
la madurez que dan los años, y habiendo visto torear a las grandes figuras de
varias épocas, he asimilado la suprema grandeza de su toreo y lo que Pepín ha
significado para la fiesta brava. Al mismo tiempo, he admirado aun más la
sencillez de su personalidad, ya que ni por un instante, ni conmigo ni con
nadie, le he oído ni recrearse ni presumir de sus grandes hazañas en los
ruedos.
Manuel Martín Gómez "Vázquez
II"
Manuel Martín Gómez, quien se anunciaba en los carteles con el sobrenombre de Vázquez II, era el hermano menor del fundador de la dinastía Martín Vázquez, y aunque el título de este artículo es MI FAMILIA TAURINA: LOS MARTIN VAZQUEZ incluyo aquí su semblanza porque refuerza la extensión de esta familia torera, además porque, aunque no era un familiar directo mío, era lo que entonces llamábamos un pariente lejano, a tal punto que yo me dirigía a él como “tío Manolo”.
Vázquez II nació en Alcalá de Guadaira el 26 de junio de 1886, y en este
pueblo, después de algunas andanzas toreras por capeas y tentaderos, debutó en
público
el 22 de agosto de 1906.
Tuvo una larga y accidentada carrera como novillero que se extendió desde la fecha de ese debut hasta el 1 de octubre del 1912 cuando tomó la alternativa. Se presentó de novillero en Sevilla el 15 de agosto de 1908 y en Madrid el 2 de febrero del año siguiente. Esta última tarde lidió con valentía cuatro novillos de un difícil encierro de Veragua, por haber sido heridos sus compañeros. Por el contrario en una novillada en Barcelona fue él el que fue herido muy gravemente.
Vázquez II tardó dos años en reponerse del percance y, ya casi olvidado, reapareció en el año 1911 en Madrid con éxito, y poco después lo hizo en Sevilla. Esas buenas actuaciones le hicieron sumar varias novilladas más durante esa temporada.
El segundo torero de la primera generación Martín Vázquez se doctoró en Madrid el 1 de octubre del 1912 en una corrida de categoría, ya que Vicente Pastor actuó de padrino y en el mismo festejo también le confirmó la alternativa al genial Joselito el Gallo, quien completaba el cartel. El encierro era de la famosa ganadería Veragua. Después de doctorarse viajó a México para hacer campaña ese invierno.
La
carrera de matador de toros de Vázquez II fue muy breve, ya que, después de
volver de México, entre los años 1912 y 1915, hasta su retirada actuó solo en
una docena de corridas. Después del 1915, no volvió a pisar un ruedo ni
tampoco participó profesionalmente en actividades taurinas.
José María de Cossío en la enciclopedia LOS TOROS, página 556 del tomo III , se refiere así al valor y limitaciones de este torero:
Estas
temporadas de novillero de Manuel Martín (Vázquez II) son las más brillantes de
su vida torera...Estaba entonces valentísimo, cualidad con que suplía la falta
de otras condiciones de arte y estilo, y le cogían los toros con frecuencia,
sin conseguir amilanarle.
Manuel Martín Gómez estuvo emparentado con
los Gallos, pues se casó con una hermana de Joselito. No tuvieron
descendientes, no añadiendo nuevos miembros a ninguna de sus respectivas
dinastías toreras. Al torero retirarse, ellos residieron en Sevilla, en donde
abrieron y llevaron un negocio de ventas al por menor de materiales de
construcción. Este negocio estaba ubicado en el Barrio del Arenal, cerca de la
plaza de la Maestranza, y era allí a donde Pepín, en mi compañia le hacia a menudo una
visita a su tío, aprovechando que estábamos en el centro de Sevilla por otros
motivos. Pepín tenía largas conversaciones con él mientras que yo escuchaba
atento, o contestaba algunas casuales preguntas sobre mi toreo. Recuerdo al
torero retirado no teniendo la misma prestancia torera que me tío Curro, pero
siendo más abierto y comunicativo de carácter que él.
Un Martín
Vázquez por un día
En LOS TOROS
de Cossío en la página 559 del tomo IV, a continuación de la información sobre
Manolo Martín Vázquez, aparece una breve nota sobre otro Martín Vázquez que
dice:
Martín Vázquez
(Mario). Matador de novillos. Tengo noticia de su existencia por haber actuado
en Cieza el 29 de 1952. En unión de Luis Redondo y Rayito, estoqueó astados de
Emilio Arroyo. La corrida fue sin picadores.
Hace machos
años cuando con sorpresa leí esos datos sonreí, pensando que les pudiera haber
dicho a los investigadores que tan eficientemente recopilan los datos para esa
magnífica encicloedia taurina, que esa información era correcta, pero que ese
Mario era yo, el mismo torero que, excepto por ese festejo, se había anunciado
con su propio apellido durante sus diez años en los ruedos.
Aclaro aquí
como esto sucedió. La novillada en Cieza era
la última que toreaba sin
caballos, ya que el 27 de julio debutaría con
picadores en Tánger, y al llegar a Cieza me sorprendió el verme anunciado como
Mario Martín Vázquez.
Hasta ese día siempre había
actuado con mi propio nombre, pero supongo que mi primo Manolo, mi apoderado,
habiendo tenido dificultad para contratarme para mi debut con caballos,
calcularía que usando el famoso nombre Martín Vázquez, facilitaría más las
contrataciones en el futuro. Así que sin consultarme me había cambiado el
nombre.
El problema era que, aunque yo
me sentía, y aun me siento, supremamente orgulloso de estar relacionado por
parte materna con los Martín Vázquez, también me sentía igualmente orgulloso de
ser un Carrión, hijo de un bravo hombre con una distinguida carrera militar. A
mi padre, quien nunca intervino en mis asuntos taurinos, no le sentó bien el cambio, y
me lo hizo saber. Así que, sin intención de molestar a la familia, le dije a
Manolo que torearía solamente usando mi propio nombre.
Mi primo nunca me dijo la razón
por el cambio, ni tampoco hubo nunca más referencias al asunto en el ambiente
familiar. Ahora sí, debuté en Tánger en la novillada picada con Mario Carrión
impreso en el cartel, renunciando a cualquier ventaja que el cambio de nombre
me hubiera podido aportar.
Con esta anecdótica historia del que fue por una tarde un Martín Vázquez cierro estas memorias, con las que he querido recordar los logros de una ya ida dinastía torera, de la que emocionalmente me considero parte, además estar agradecido, y de la cual fueron los pilares el valiente patriarca Curro Martín Gómez y su hijo Pepín, un genio del toreo.
Fotos, arcchivo
1. La dinastía Martín Vázquez: de izquierda a derecha, Rafael, Manolo, Curro y Pepín. 2. Curro Vázquez dando una vuelta al ruedo. 3. Curro con Joselito paseando por Sevilla. 4, 5, y 6. Tres momentos de Curro toreando. 7. Manolo Martín Vázquez en una foto de estudio. 8 y 9. Manolo ejecutando una natural y un derechazo. 10, Manolo listo para hacer el paseillo en el festival del 27 de septiembre del 1956, celebrado en Madrid a beneficio de Nicanor Villalta; Manolo actuó de banderillero y yo de picador. 11. Manolo en el salón de su casa. 12. Manolo conmigo y unos amigos frente al Sanatorio de Toreros, de donde a mí me acababan de dar de acta. 13 y 14. Rafael dando unos clásicos pases de muleta. 15. Pepín de paisano en una foto de estudio. 16. Collage publicitario de Pepín. 17 y 18. Pepín interpretando un perfecto derechazo con temple y mando, y haciendo un desplante temerario. 19. Pepín junto a Manolete y Luis Castro "El Soldado" en México, listos para hacer el paseíllo. 20. Pepín en la puerta de cuadrillas de la plaza de Valdepeñas junto a Manolete y Curro Caro, en la tarde de su trágica cornada. 21. Un cartel publicitario de la película Currito de la Cruz. 22, 23 y 24. Un estatuario, un natural y un derechazo que ilustran la naturalidad y clase del estilo de Pepín. 25. Foto familiar: Pepín con nuestro abuelo materno Manuel Bazán, delante de mi residencia en la Macarena; de izquierda a derecha, nuestro primo Rafa Bazán, Pepín, mi hermano menor Manolo y yo, más Teresa, la hernana menor de Pepín, y mi madre. 26. Pepin con el diestro sevillano Manolo Vázquez y conmigo en su finca de Dos Hermanas. 27. Una foto de estudio de Vázquez II. 28. Cartel de mi actuación en Cieza el 29 de 1952 bajo el nombre de Mario Martín Vázquez,