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RESUMEN DE LA FERIA DE SAN
FERMIN 2011 DE PAMPLONA: |
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Con la intención de que el lector tenga un concepto general de los
resultados de algunas ferias de la temporada taurina europea del 2011, resumo
lo más relevante sucedido en el abono de esas ferias.
Mi método es simple, primero hago algunos
comentarios generales sobre el abono de la feria. Luego, añado una lista con
los carteles, mostrando los resultados de toros y toreros en forma de reseña,
según los datos obtenidos de la prensa que aparecen en el Internet. A
continuación menciono cualquier acontecimiento o dato importante relacionado
con el abono ferial y el resultado económico, basado en la asistencia de
público a la plaza. Finalmente, comento algo más detenidamente sobre los
diestros que han conseguido sobresalir en sus actuaciones y, además, en un
anexo informo sobre los premios que pudieran haber sido concedidos a los
triunfadores de la feria por las instituciones locales.
Advierto que trato de
moderar mis opiniones particulares sobre las actuaciones de los toreros, ya que
estos resúmenes están basados en la información difundida por los medios de
comunicación. Sin embargo, las muchas imágenes, videos, e incluso de
retrasmisiones televisivas de corridas, que ahora pueden verse en las pantallas
de la televisión y del ordenador, me ayudan tremendamente para escribir con más apreciación
los resúmenes de las ferias.
Sobre la Feria de San
Fermín-2011 y su abono
La popular,
alegre, ruidosa y típica Feria de San Fermín, que se
celebra en el mes de julio en Pamplona, España, es la feria taurina más
conocida universalmente, principalmente por sus encierros matinales, los cuales
son televisados para el mundo, como si estos fueran espectáculos deportivos. La
popularidad internacional de esta feria se debe en parte a que el premio Nóbel de literatura Ernest Hemingway hiciera de
las fiestas patronales pamplonicas un tema recurrente en sus escritos, que
luego se dieron a conocer aun más al ser Pamplona y sus fiestas el escenario
para varias películas.
Por otro lado, en un sentido estrictamente taurino, San Fermín es la
feria más importante de las celebradas en una plaza de toros clasificada como
de segunda categoría, y también se distingue por el
énfasis que se pone en la monumentalidad y el trapío de los astados lidiados en
el ruedo pamplonico, por lo que la feria también es conocida como la “del
Toro”.
Otra característica especial de la feria está
relacionada con el público que asiste a la plaza, pues en los tendidos, especialmente en los de
sol, reina un espíritu festivo y se oye un ruido ensordecedor. La realidad es
que una mayoría de los asistentes va a la plaza a divertirse, y si lo que
sucede en el ruedo no satisface su gusto, se distrae tocando música, bailando,
comiendo y bebiendo. Por otro lado, ese entusiasta público es generoso para premiar
a los diestros, pues tiene la tendencia a pedir orejas, reaccionando más a los
gestos de valentía y de entrega del torero y al toreo accesorio que a la
intrínseca calidad de una faena clásica y de hondura.
Otra particularidad de la feria es que no está organizada por
empresarios profesionales con la intención de lucro, sino por la
institución pública Casa de la
Misericordia de Pamplona, cuya única
meta es recaudar fondos para fines beneficos. Los beneficios son enormes pues
la plaza se llena lo mismo para presenciar festejos con carteles con figuras
que para ver corridas con carteles modestos.
El abono de
esta Feria de San Fermín se compuso de 10 festejos, una novillada,
que el martes 5 de julio abrió el ciclo, un festejo de rejones celebrado al día
siguiente, y ocho corridas de toros que se dieron consecutivamente desde el
miércoles 7 hasta el jueves 14 de julio.
Los veinticuatro puestos de
las ocho corridas de toros lo ocuparon veintitrés diestros, siendo El Juli el único matador que hizo
doblete. El interés de las figuras por participar en la feria pamplonica ha
estado decreciendo en los últimos años, pero en esta edición del abono es aun
más evidente, pues Ponce, Morante, Manzanares,
Talavante y Cayetano brillaron por sus
ausencias. En cambio, aparte de El Juli, El Cid,
Castella y Perera también entraron en la feria ocupando posiciones estelares. Si la
falta de las figuras es un punto negativo, en lo positivo es admirable que la
empresa ha contado tanto con notables nuevos valores como Daniel Luque y Rubén Pinar, como con
maduros y jóvenes toreros que, sin ser figuras, han triunfado en algunas de las
primeras ferias del año y están abriéndose paso o recuperando el sitio perdido,
tales como César Jiménez, Serafín Marín, Iván Fandiño, Arturo Saldívar, Alberto Aguilar o Esaú
Fernández. Por consiguiente, en los carteles no podían faltar los veteranos Antonio Ferrera y Juan José Padilla que por varios
años han sido ídolos de las peñas locales por jugarse la vida con los encierros
toristas, ni tampoco el torero local Francisco Marco.
En el capítulo ganadero se lidiaron tres corridas de las ganaderías
duras, Dolores
Aguirre, Miura y Cebada Gago, otras tres de las predilectas de las figuras, Núñez del Cuvillo, Victorino del Río y el Pilar, y dos de entremedio, Fuente
Ymbro y Torrestrella.
A continuación aparecen los diez carteles del abono de la Feria de San
Fermín con los resultados en forma de reseñas, según los datos obtenidos de las
publicaciones taurinas del Internet, más unos sumarios cuantitativos.
Las reseñas de las ocho corridas de toros
muestran que el público y la presidencia evaluaron las 48 faenas completadas por los 23 matadores de la
manera siguiente:
con dos avisos: 2;
con bronca, pitos o división de opiniones:
0 ;
con silencio: 24 ;
con ovación, aplausos o salida al tercio: 10;
con vuelta al ruedo sin
oreja; 3 ;
con una oreja: 9;
y con dos orejas: 2 .
Los novilleros no obtuvieron ningún trofeo, pero dieron dos vueltas al ruedos; mientras que los rejonedoreso cortaron un total de 5 orejas y uno dio 1 vuelta al ruedo sin trofeo
La
Puerta Grande se abrió para que la cruzaran a hombros 1 matador, dos veces, y 2
rejoneadores.
Como es la norma en esta
popular feria, el éxito económico ha debido ser cuantioso para La Casa de la
Misericordia, pues la plaza se ha llenado en todos los festejos, excepto en la
novillada, en la que se cubrió dos tercios del aforo. Obviadamente, la crisis
económica no cuenta en la Feria de San Fermín.
Comentarios
Ahora completaré este resumen con unos comentarios sobre los
acontecimientos más relevantes realizados por los protagonistas de los diez
festejos.
Aunque
la novillada que abrió el abono de San Fermín el martes 5 de julio no fue un
festejo triunfal, sí fue muy interesante y entretenido, pues el malagueño Jiménez
Fortes, el madrileño López Simón y el mexicano Sergio Flores dieron muestras de
que, cada uno en su estilo, tiene buenas maneras toreras, voluntad y valor para
con suerte llegar a ser gente en el toreo. Los tres pudieron haber obtenido al
menos un trofeo, pero el malagueño lo perdió por la injusticia del presidente,
y sus dos compañeros por el mal uso de los aceros. Unas cosas que los tres tuvieron
en común fue el deseo de competir, pues además de torear bien y variado con el
capote a sus novillos, hicieron sus correspondientes quites a los astados de
sus compañeros, y también mostraron una gran disposición y entrega para buscar
el triunfo toreando con la muleta.
Los novillos del Parralejo estuvieron bien presentados y fueron
manejables en general y tuvieron más o menos grado de movilidad. Al mismo
tiempo, no eran hermanas de la caridad, pues tenían algunas dificultades que
los novilleros intentaron remontar, recibiendo en el intento revolcones y
volteretas.
Jiménez
Fortes fue el que estuvo más cerca de puntuar. Con el capote veroniqueó con
temple y buen estilo a su primer novillo, y con la muleta, después de torearlo
con firmeza por naturales y derechazos, se pegó un arrimón tan apretado que terminó siendo volteado sin más
consecuencia que el susto. Mató de un estoconazo, y quien sabe por que razón,
el presidente no le concedió la merecida oreja que el público pedía. Se tuvo
que conformar con una vuelta al ruedo y consolarse oyendo las protestas
dirigidas al presidente. Con su segundo, el menos potable del encierro, el
malagueño estuvo igual de decidido, pero mostró no tener recursos para
sobreponerse al novillo, llegando incluso a ser volteado un par de veces en su intento de redondear la faena.
Mató de una estocada defectuosa.
Fue ovacionado. Durante la
lidia de este utrero dejó la impresión que su anunciada alternativa en la
próxima Feria de Bilbao quizás pudiera ser algo prematura.
Sergio
Flores, le completó a su primer novillo, el mejor del encierro, una buena
faena, ejecutada con soltura, firmeza y valor, en la que sobresalieron varias
ligadas series de pases fundamentales, seguidos por un final con emocionantes
adornos. Su labor, que fue precedida por una buen toreo de capa, en conjunto
hubiera merecido un trofeo pero, al pinchar varias veces antes de terminar con
el animal, el premio se redujo a una fuerte ovación. En su segundo, de su labor
sobresalió más su entusiasmo y entrega novilleril que la profundidad de la
intermitente faena. De nuevo mató mal, necesitando tres pinchazos y estocada para terminar con el animal.
Hubo silencio.
Tampoco
la espada fue el fuerte de López Simón pues al tercero
de la tarde lo mató de estocada caída y descabello, costándole una oreja, y al
que cerró plaza, lo pinchó cuatro veces antes de cobrar una estocada, aun así
fue ovacionado. Su primera faena fue la más lucida. La comenzó con pases
cambiados en los medios, continuó con una serie de buenos derechazos con las
rodillas en tierra, y toreando ya de pie, también gustó su toreo más clásico
pero menos efectista. El descabello le robó la oreja, pero no una aclamada
vuelta al ruedo. Su segunda faena tuvo similares características, y hubiera
merecido también un trofeo, pero esta vez la espada emborró malamente lo bien hecho.
La corrida de rejones
El miércoles ante una plaza llena a rebozar, como ya seria la norma en los
sucesivos festejos, los rejoneadores
navarros Hermoso de Mendoza y Roberto Armendáriz, este hacia su debut en
Pamplona, y Sergio Galán les cortaron cinco orejas a los
astados de un buen encierro de San
Mateo. El primero en puntuar fue el maestro Hermoso que se enfrentó con un toro
bueno, pero con una bravura con genio y
acometividad, que daba emoción a todo lo bueno que le ejecutó el
rejoneador navarro. Dominó al toro, evitando con maestría, elegancia y
limpieza, que el animal le tocara a sus caballerías. Hubo
verdadera emoción en
la plaza, pues Hermoso no dio un paso en falso, colocando en todo lo alto
rejones de castigo y banderillas largas y cortas. Remató su hacer con rejonazo
que tumbó al toro sin puntillas. Paseó dos orejas. Hubiera también obtenido un
trofeo en el cuarto, un toro con más nobleza, al que lo rejoneó con más
templanza, pero con algo menos de emoción. Sobresalió la colocación, a lomos de
Pirata, de un excepcional par banderillas cortas a dos manos. Terminó con el
toro con un rejón algo caído que necesitó de un golpe de descabello. Saludó
desde el tercio.
Hermoso no solamente
disfrutó con su triunfo, sino también presenciando el de su paisano Roberto Armendáriz, quien se ha formado como
rejoneador a su sombra y bajo su tutela. Roberto le brindó al maestro su primer
toro, al que no desorejó, después de lucirse con él, por matar con un rejón de
muerte tras pinchar dos veces. Dio una vuelta al ruedo. En el sexto, el
debutante mostró algo su falta de oficio, pero lo cubrió rejoneando con arrojo,
sobresaliendo la buena colocación de una serie
de banderillas cortas. Un rejonazo en lo alto hizo rodar al buen animal,
poniéndole en sus manos las dos orejas, lo que le permitió abandonar el ruedo a hombros por la Puerta Grande,
acompañando a su paisano y maestro.
Por otro lado, Sergio Galán también tuvo buenos momentos especialmente
rejoneando a su primero. El punto más brillante de su labor llegó clavando
banderillas a dos manos con el bonito y valiente caballo Apolo.
Luego, el toro se vino abajo, por lo que su labor fue más intermitente,
teniendo que buscar el lucimiento prácticamente provocando al astado con el
pecho y la grupa del caballo. Se deshizo del animal de un rejonazo, ganándose
una merecida oreja. Su labor la con el quinto fue igualmente brillante,
toreando, dominando y templado con sus caballos a un toro algo avanto. En
cambio, el uso del rejón de muerte fue diferente, pues esta vez perdió el
trofeo por pinchar.
Las
corridas de toros
Llegó el Día de San Fermín y los espectadores que, en la novillada y
en la corrida de rejones, habían puesto su completa atención a lo que sucedía
en el ruedo, desde ese día en adelante se interesarían tanto en lo que sucedía
en el ruedo como con las actividades de las fiestas que espontáneamente
surgían a su alrededor.
Esa tarde se lidió un
serio, bien armado y complicado encierro de Torrestrella, ganadería que hace
unos años era una de las predilectas de las figuras, y ahora la evitan.
Formaban el cartel tres jóvenes espadas, el albaceteño Rubén Pinar, el mexicano Arturo Saldívar y el sevillano
Esaú Fernández. Rubén se
llevó el mejor lote con el que triunfó, Arturo el lote más complicado con el
que solo cumplió mostrando un gran deseo de agradar, y Esaú, con dos toros con
algunos problemas, pero toreables, no tuvo recursos suficientes para sacarles
algún partido. Fue un encierro que necesitaba de toreros con experiencia y
rodaje, y el único que tenía era Pinar, pues esta era la tercera
corrida que
toreaba el mexicano en España, y la segunda en la que actuaba el sevillano
después de la alternativa en Sevilla. Pinar con el capote recibió con verónicas
a pies juntos al manejable primer astado, y luego con la muleta inició la faena
con la derecha en los medios. Completó tres series de derechazos con mando y
temple, pero sin demasiado ajuste. Al torear por naturales el toro fue a menos
y también el lucimiento. Antes de cobrar una estocada ejecutó unas manoletinas
más unos pases de adorno. Hubo petición de oreja, que al no concederse, el
premio quedó en una vuelta al ruedo. En cambio, si paseó una oreja del cuarto
toro, el mejor de la tarde, al que le
completó una faena similar a la primera, pero con más ligue y ajuste. Mató de
una buena estocada. Con un lote que no era fácil, Saldívar estuvo muy decidido
y valiente. Sobresalió por su variado toreo de capa, tanto toreando sus toros
como interviniendo en sus correspondientes quites, como por sus gestas de valor
con la muleta, como el comenzar sus faena con pases cambiados en los medios. A
sus labores le faltó redondez, y lo bueno hecho lo estropeó usando mal los
aceros. Fue silenciado en su primero y aplaudido en su segundo. Esaú también
recurrió a gestos de valor para ganarse las peñas, como el recibir con una
larga cambiada en el tercio al tercer burel y a portagayola al sexto. También
intentó una vez y otra vez completarle faena tanto a este astado, una mole de
630 quilos, como al tercero, ambos que, sin ser buenos, eran más manejables que
los dos del mexicano. Intentó completar faenas pero solo consiguió dar algunos
buenos pases sueltos, mostrando tener falta de ideas y de recursos para lidiar animales
tan exigentes. Mató mal, sin paliativo.
actuación. En cambio, Mora acaparó toda la
atención, pues tuvo una actuación de esas que dejan recuerdos y que avalan la
buena calidad de un torero, que no está tan bien situado como debiera estar. Al
tercer astado lo lanceó con temple, y luego le hizo un quite por chicuelinas
mirando al tendido, cosa extraña en un diestro no dado al efectismo. También,
comenzó la faena de muleta con pases con las rodillas en tierra. Lo bueno vino
luego, cuando esculpió una serie de derechazos, dando el pecho, adelantando la
muleta, enganchando suavemente y dirigiendo las embestidas del animal para
llevarlo largo, dejándolo listo para repetir otros pases de la misma condición.
Dio otras dos series más con la misma mano y otras dos con la izquierda. Faena
de orejas, pero el toro herido de muerte por una buena estocada, se amorcilló y
tuvo que ser descabellado. Mora dio una vuelta al ruedo, seguida por su primera
visita a la enfermería, pues fue cogido espectacularmente al descabellar,
siendo herido en el gemelo. Se retiró a la enfermería de donde salió para
enfrentarse al sexto, un astado noble y bravo. De nuevo sorprendió con su toreo
variado de capote, al recibir al toro
con una larga cambiada en el tercio, lancear con temple y ejecutar un ajustado
quite por gaonera. Con la muleta la faena fue tan clásica como la primera, pero
aun más redonda. Al cobrar una bien ejecutada estocada, de nuevo fue volteado y
herido, esta vez en la axila, y de nuevo el toro se resistió a doblar, teniendo
que descabellar. El premio fue de una oreja, robándole el descabello la
segunda. La paseó por el ruedo, ignorando la sangre que le fluía de la axila y,
al completar la vuelta, pasó a la enfermería... Paso a un torero clásico que
tiene clase y valor sin cuento. En la corrida del sábado Salvador Cortés, Alberto Aguilar y Joselillo se enfrentaron
a los toros de Dolores Aguirre, una de las ganaderías predilectas del público navarro del sol. Sin embargo, en
este San Fermín el encierro, aunque estaba muy bien presentado y tenia
movilidad, fue descastado. La excepción era el lote de Joselito, que comprendía
el bravo y manejable tercero, al que le cortó una oreja, y el bravío con genio
sexto, al que estuvo a punto de cortarle otra. 'Langosta'
era nombre del
tercero, y pesaba 580 quilos. Joselillo inició su labor de muleta en los
medios, dando un molinete de rodillas, para proseguir con templadas series de
muletazos por ambas manos. Toreó con decisión, firmeza y soltura, y al matar de
una buena estocada cortó una merecida oreja. El sexto toro, que embestía con
genio y a oleadas, puso a prueba la decisión del vallisoletano, y este respondió
con mucha casta, peleándose con el toro,
buscando como fuera obtener otro triunfo, para así salir por la Puerta
Grande. El toro terminó viniéndose abajo y el torero se deshizo de él con una
buena estocada, motivando una petición minoritaria que, al ser ignorada, quedó
en una vuelta al ruedo, aclamada por sus muchos partidarios navarros. A sus
compañeros Cortés y Aguilar no les acompañó la suerte, pues sus respectivos
lotes carecían de las mínimas condiciones para el triunfo. Ambos torearon con decisión, pero ninguno pudo redondear
una faena, aunque Aguilar estuvo más lucido que el sevillano. Los resultados
finales fueron: Salvador, silencio tras dos avisos y silencio tras
uno; y Alberto, silencio y aplausos.
El
domingo 10, los toros de Miura fueron caricaturas de esos peligrosos toros que
hasta hace unos años lidiaba esta ganadería. Los de esta tarde eran moles,
algunos rayando los 700 quilos, que en vez de dar la sensación de peligro que proyecta
el toro bravo con dificultades, tenían el peligro latente del manso
amoruchado que busca la oportunidad de meter el pitón en las carnes toreras, cuando
los diestros menos lo esperan. Los seis toros salían andando de los chiqueros,
en
varas se dolían del castigo, y a la muleta embestían a cabezazos, y topando
los engaños, haciendo imposible que Juan José Padilla, Rafaelillo, ambos especialistas de este
ganado duro, y Serafín Marín, nuevo en estos menesteres, les pudieran sacar un
buen partido. Solo Padilla pudo disfrutar de oír una fuerte ovación al matar al
cuarto toro, pues sus compañeros solo oyeron silencios al mandar a mejor mundo
a sus toros. Lo más lucido del jerezano fueron los arriesgados tercios de
banderillas que efectuó evitando ser colgado en las enormes encorvaduras, como
si él fuera un pelele y la facilidad y
oficio con que lidió a sus toros. Rafaelillo, como siempre,
no dio su brazo a torcer al intentar el lucimiento, haciendo gestos valerosos,
como el recibir a sus toros con largas cambiadas de rodillas. Ahora bien, no
pudo completar faenas ligadas, pues sus toros eran tardos, se quedaban muy
cortos y tenían medias arrancadas. Falló con los aceros, especialmente en el
quinto, necesitando media estocada tendida, seis
pinchazos y dos descabellos para deshacerse del morlaco. Por otro lado Marín,
que debutaba lidiando miuras, después de intentar lo imposible usando una buena
técnica, abrevió su hacer matando con facilidad. En conjunto un festejo en que lo
mejor fue el hecho de que los tres diestros abandonaran el ruedo por sus
propios pies sin pisar la enfermería.
El lunes 11 comenzó bien el último tramo de la feria. Esa tarde se
lidió un bien n presentado y manejable
encierro de Fuente Ymbro ,del que al toro
tercero Iván Fandiño le cortó una oreja y César Jiménez le cortó otra al
quinto, mientras que Antonio Ferrera se fue de vacío. Fandiño sigue probando
que sus éxitos en Madrid no fueron casualidad, pues se le vio durante toda la
tarde muy firme, usando la cabeza y toreando con valor y firmeza. Además, en
Pamplona el diestro ha recurrido, como
complemento de su sobrio estilo, a un
toreo más efectista. Por ejemplo, recibió al tercer burel en las puertas de
chiqueros por gaoneras, y comenzó el último tercio en el centro del ruedo con tres pases cambiados.
Ahora bien apoyó su faena en el toreo clásico que es su fuerte pero, al astado
venirse a menos por falta de fuerza, su labor decreció algo en intensidad, pero
antes de cobrar una buena estocada
volvió a remontar la faena dando unas apretadas bernardinas. Cortó una oreja de peso. Al
sexto, que de salida embestía con celo, lo recibió con unas templadas
verónicas. Con la muleta, después de ejecutar un par de series de lentos
derechazos, la faena se vino abajo al tratar robarle las últimas arrancadas a
un astado que perdía acometividad por momento. Concluyó con unas manoletinas
algo atropelladas y remató su hacer con un
metisaca bajo, media estocada y descabello.
Fue ovacionado. Jiménez le cortó al quinto la otra oreja concedida esa tarde.
El animal lucía tremenda encornadura, pero la usaba bien embistiendo por derecho
sin malas intenciones, y el maestro madrileño aprovechó esa nobleza para
componer una buena y larga faena, que
fue de menos a más, y al rematarla con una estocada desprendida, que necesitó
del descabello, tocó pelo. También tuvo petición de oreja al terminar con el
primer toro de su lote. Comenzó la faena con derechazos de rodillas en los
medios. Luego, completó un par de series de templados naturales, y entonces el
animal dijo no más. El madrileño insistió en proseguir la faena y lo consiguió
pero, al matar de una estoca baja, el presidente le negó el trofeo pedido por
el público. Fue fuertemente ovacionado. En cambio, Ferrera, que tantas veces ha
triunfado en Pamplona y que es un héroe de las peñas, pechando con el peor
lote, estuvo buscando un triunfo que no llegaba. Los mejores logros fueron sus
lucidos tercios de banderillas, y lo peor el mal uso de la espada, pues se
deshizo del primer toro de la tarde con
pinchazo, media estocada y cuatro descabellos, oyendo un
aviso, y del cuarto de pinchazo, estocada y también cuatro descabellos,
recibiendo dos avisos.
su segundo, que fue lidiado en quinto lugar en vez del cuarto. El
toro de salida embistió con plena pujanza, pero se dejó la fuerza en el caballo
al ser demasiado castigado, llegando al último tercio sin poder ni con el rabo,
frustrando el intento de lucimiento del diestro, quien lo remató de un
estoconazo. El de Salteras fue silenciado en sus dos intervenciones. El segundo
toro fue un animal con genio y mala casta y el poderoso Fandi le pudo con
capote y muleta pero sin atraer la atención de las peñas, excepto en el tercio
de banderillas, cuando tuvo que exponer mucho para colocar tres buenos pares,
aunque sin el jugueteo que él acostumbra. Al más pastueño cuarto lo banderilleó
con más jugueteos, oyendo las más sonoras palmas de la tarde. La faena de
muleta tampoco remontó vuelo, pues el toro transmitía poco y el torero no se
ajustaba lo bastante. Mató a ambos toros con facilidad, siendo ovacionado en su
primero y silenciado en su segundo. De los tres espadas Luque fue el que con la muleta
estuvo más cerca de cuajar faena a dos astados que tenían más nobleza que los del
resto del encierro, pero también más sosería y menos transmisión. Con ambos
estuvo firme, y con habilidad y tesón les instrumentó algunas series de
templados pases. Al tercero lo mató con acierto y fue ovacionado. En cambio,
emborronó con la espada lo bueno que le sacó al sexto, siendo silenciado.
en esta
feria y, naturalmente, liderando los dos mejores carteles, se apuntó a los dos
selectos encierros que debieran haber dado más garantía para triunfo. El
madrileño actuó en la corrida del martes 12, lidiando, junto a Curro
Díaz y Perera,
toros de Victoriano del Río, y en la última corrida del ciclo, lidiando astados
de Núñez Cuvillo, con Juan Mora y Sebastián Castella completando el
cartel. Pues bien, la máxima atracción no defraudó pues resultó ser el máximo
triunfador de la feria al cortar cinco orejas, abrir la Puerta Grande dos
veces. Y lo mejor es que logró estos laureles dando lecciones de como triunfar
con un ganado que pedía tener enfrente a un excepcional lidiador. Vayamos por
parte. En el
festejo del martes, El Juli cortó tres
orejas. La primera se la cortó al segundo de Victorino del Río, un toro tardo
que embestía a media altura, y al que poco a poco lo fue metiendo en la muleta,
hasta lograr completarle una lucida faena, rematada con una buena estocada. El
doble trofeo lo obtuvo del quinto, un buen astado con movilidad, al que le
completó una faena larga y variada, también rematada con un estoconazo. Cito
aquí parte de la critica del catedrático Amorós en ABC, como ejemplo de tantos
elogios que motivó la gran actuación del madrileño:
Julián prolonga la embestida, manda mucho con la derecha, muestra su claridad de ideas, sus recursos, su oficio. Consigue una gran estocada y la primera oreja. Brinda al público el quinto, apenas picado. Lo dobla bien, le enseña a embestir: lo va embebiendo, al natural; lo cuaja por la derecha, en series largas, ligadas, arrastrando la muleta por la arena. Faena completa: le han funcionado a la perfección la cabeza, la técnica y la ambición. Mata con decisión, no perfectamente, y nadie le puede negar las dos orejas. ¡Y pasado mañana vuelve! Con esa actitud, manda en Pamplona. Y en el toreo.
También
esa tarde Perera le cortó un apéndice al bravo y repetidor tercer toro de la
tarde. El extremeño inició su faena en los medios con seis muletazos sin
moverse, luego con firmeza atemperó las embestidas para proseguir toreando ejecutando
series con ambas manos, terminando su labor con unos templados e interminables
circulares. Remató su hacer con una estocada caída que no evitó que se le
concediera una oreja. El sexto, el toro más serio y también el de peor
condición del encierro, no le dio opciones para el lucimiento. Estuvo decidido
con el astado, y al matarlo de dos pinchazos y estocada, fue silenciado. Por
otro lado, Curro Díaz, que reaparecía del percance de Sevilla, enfrentándose a
un lote poco agradecido, logró bordar artísticos pases a sus dos toros, dando
pruebas de su inspirado, clásico y elegante estilo. Ahora bien, le faltó
profundidad a su toreo y algo más de entrega. Con ovación y silencio calificó
el público sus faenas.
Antes
que El Juli cortara los últimos trofeos concedidos en la feria, en la corrida
que cerró el ciclo, Juan Mora fue el protagonista de la cara triste de la
fiesta, pues fue herido de consideración dos veces por el cuarto toro. Cuando
lo lanceaba con empaque y relajo, el toro lo prendió por la entrepierna,
rajándole la bolsa escrotal. Se retiró a entrebarrera, donde lo
vendaron y, con
casta, decidió proseguir en la brecha. Toreando con la muleta se percibía que andaba molesto y falto de facultades
por los efectos del revolcón. No obstante, se lució con unos preciosos doblones
y en una serie de naturales y, confiado, al dar un pase de pecho fue cogido
dramáticamente, siendo herido de gravedad. Fue llevado a la enfermería,
teniendo El Juli que despachar al animal. En la enfermería el maestro fue
operado de una cornada grave y otra de menos consideración en el escroto. El
parte facultativo describe la grave herida de ser "en la parte superior
cara posterior del muslo derecho, con dos trayectorias, una ascendente de 20 centímetros hasta la pelvis y
otra transversal de 15 centímetros hasta el fémur".
El torero fue trasladado al Complejo Hospitalario de Navarra. Respecto al
tercer hombre, Castella, ni protagonizó la parte trágica de la fiesta como
Mora, ni tampoco la triunfal como El Juli, ya que su actuación fue moderada,
siempre toreando con determinación para conseguir el triunfo, pero se estrelló
con dos cuvillos que se habían olvidado de las buenas cualidades que
generalmente posee ese encaste. En el tercero fue silenciado y en el
toro que cerró la feria fue ovacionado tras
una leve petición de oreja..
Comentemos
ahora como El Juli aseguró el ser gran triunfador del ciclo. En su actuación
con el segundo toro, parecía que su despedida de la feria no iba a ser tan
exitosa, pues después de mimar al animal con capote y muleta, este cobardemente
se echó para no volver a levantarse, teniendo Julián que cortar la faena. El
manso fue apuntillado, ofreciendo la mala imagen de lo que no debe ser un toro
bravo. Menos mal que al maestro le quedaba un toro más, con el cual ofreció de
nuevo la imagen de lo que un figurón del toreo puede ser capaz de hacer para
triunfar. Termino este resumen reproduciendo como Zabala de la Serna en el diario EL MUNDO apreció la obra del El Juli en el quinto
toro:
PREMIOS
Al finalizar
la feria el jurado, representando a la Casa de Misericordia de Pamplona, ha
anunciado los fallos de los trofeos que reconocen la excelencia del ganado
lidiado durante el ciclo pamplonés.
El premio "Feria del Toro" a la corrida más completa se ha
otorgado al encierro de Fuente Ymbro, lidiado el lunes día 11 de julio por
Antonio Ferrera, César Jiménez e Iván Fandiño; y el
"Trofeo Carriquiri", que premia al mejor toro lidiado durante la
feria, ha sido compartido por el astado
Langosta del encierro de Dolores
Aguirre, que fue lidiado por Joselillo, y "Cotidianero", toro del
encierro de El Pilar, toreado por Manuel Jesús "El Cid".
Fotos de archivo y carteles de toreros de Pedro Escacena.