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FERIA DE SAN MIGUEL DE SEVILLA-2011: UN CORTO CICLO EN EL QUE LOS TOREROS ESTUVIERON POR ENCIMA DE LOS TOROS por Mario Carrión. 28 de septiembre de 2011 |
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Pasada
la importante Feria de Bilbao quedan tres ferias a celebrarse en plazas de
primera, las breves de San Miguel en Sevilla y
la de Otoño en Madrid, y la más larga de El Pilar en Zaragoza. Con la
temporada ya entrando en la recta final es difícil motivar a las figuras para
que actúen en esas plazas en esas tardías fechas, y eso es lo que anualmente
les ocurre en los empresarios de Madrid y Zaragoza. En cambio, en Sevilla es
diferente pues la empresa evita ese problema completando en febrero o marzo
los
carteles de las dos corridas que generalmente contiene la Feria de San Miguel,
que son incluidas en el abono para toda la temporada. Sin embargo, este año ha
habido un cambio en el sistema, pues se añadió una corrida más al abono sin
anunciarse el cartel en la primavera, con la intención de incluir a diestros
que se hayan distinguido durante la temporada. Ese cartel se anunció recientemente y estaba
compuesto por Iván Fandiño y David Mora,
diestros que han sido las sorprendentes revelaciones de la temporada, y por el
sevillano Esaú Fernández, como premio por haber triunfado la tarde de su alternativa en un festejo de la pasada
Feria de Abril. Con este festejo abrió la
feria el viernes 23 de septiembre. Luego, en las corridas del sábado 24 y del domingo 25 actuaron El Cid,
Sebastián
Castella, Alejandro
Talavante, Curro Díaz, El Juli y José María Manzanares, quienes ya estaban
anunciado desde marzo.
Con respecto a la asistencia de público, en la
corrida del viernes los espectadores llenaron poco más de la mitad del aforo de
la plaza, en la del sábado cubrieron alrededor de tres cuartas del mismo, y en
la del domingo la plaza estaba prácticamente llena.
En el aspecto ganadero no se lidió ningún buen
encierro en conjunto, aunque en cada encierro hubo un par de toros que dieron
algunas opciones al lucimiento. En general los toros eran mejores por fuera que
por dentro, pues tenían más presencia y peso que buena casta. Los astados de Pereda/La Dehesilla fueron
descastados,
excepto por el manejable segundo y el bravo sexto. Del descastado encierro de
Torrealta destacaron el noble cornúpeto que abrió plaza y el manejable sexto,
aunque ambos tenían las fuerza justas. En cambio, el quinto presentó muchas más dificultades que sus hermanos. El
peor encierro se lidió en la última corrida, en la que se corrieron cuatro
toros de El Pilar, todos con bastantes dificultades, y uno, el primero, con el hierro de Moisés Fraile, que fue noble y bravo. El sexto se inutilizó
al estrellarse con un burladero, y el
de Salvador Domecq que lo sustituyó fue el más complicado que salió al ruedo
esa tarde.
En los tres festejos se cortaron un total de tres
trofeos; ninguno en la primera corrida; El Cid y Talavante cortaron una oreja
cada uno en la segunda; y Curro Díaz fue el recipiente de la única oreja que se
concedió en el último festejo. Basado en lo que vi en la pantalla de televisión,
comento aquí sobre las actuaciones de los tres triunfadores, al mismo tiempo
que hago algunas breves observaciones sobre las actuaciones de los otros
diestros.
La segunda corrida tuvo un buen principio al cortar
El Cid la primera oreja de la feria, pues en el festejo que inició la feria los
tres espadas se fueron de vacío, y también tuvo un mejor fin al Talavante
cortarle al sexto otro apéndice de aun más peso. Los dos espadas aprovecharon
los dos únicos toros potables, pues tanto ellos como Castella, quien completaba
el cartel, poco notable pudieron hacer con los restantes cuatro astados del
descastado encierro Torrealta.
El Cid recibió al primer toro con unas templadas
verónicas rematadas con una elegante media. El animal era noble y bravo, pero
tenia las fuerzas justas, a lo que quizás contribuyó la voltereta que se dio al
salir de una de las verónicas. Después de
brindar al público, el de Salteras
lidió al animal con mucha maestría, primero ejecutándole las dos primeras
cortas series de derechazos alargando las embestidas con la muleta a media
altura, sin esforzar al animal, y dándole sus tiempos, para luego completar
otra tanda de derechazos y dos de
naturales, cuyos pases tuvieron más hondura. Sobresalieron los largos pases de
pecho y unos majestuosos adornos, incluyendo unas ajustadas trincherillas.
Cuando el animal comenzó a rajarse, sabiamente El Cid concluyó su medida y
magistral faena con un estoconazo. Se le concedió un merecido trofeo. El
sevillano no pudo redondear la tarde con el cuarto, que era un feo y descastado
astado que no podía con los 616 kilos que cargaba, yendo de más a menos. El
maestro estuvo por encima del toro, lidiándolo con facilidad y voluntad para
sacarle algunos que otros pases de calidad. Lo mejor fue la buena estocada con que
mandó al animal a mejor vida. Fue aplaudido.
Talavante no encontró en el tercer toro el material
apropiado para responder al triunfo de El Cid, teniendo que esperar a que
saliera al ruedo el sexto toro para hacerlo. Su primer astado de salida
embestía al capote con brusquedad y, en cambio en la muleta, aunque
fue más
manejable, tuvo poco fondo y corta duración. No obstante, el extremeño se las
avió para ofrecer pequeñas dosis de su firme y templado toreo. Mató mal de dos
pinchazos y una estocada corta al encuentro. El público apreció el esfuerzo del
torero y lo premió con fuertes aplausos. No se pensaba al salir el sexto astado
que este iba ser un toro para el triunfo, pues el animal, con sus asperezas y
achuchones, no le permitió torear bien con el capote. Algo le vería Talavante
para primero brindar al publico y luego componerle, con mucha entrega y
sabiduría, una intensa faena, en la que la firmeza, el temple y la ligazón
predominaban. Hizo un toreo profundo y con enjundia, adornándolo en algunos momentos
con inspirados remates y adornos. Pinchó antes de cobrar una estocada
contraria, lo que no le quitó para que diera la vuelta al ruedo, llevando en la
mano una oreja de peso. Sin duda, Talavante tiene su público en la Maestranza,
un ruedo en donde el extremeño en el pasado había mostrado las dos caras de su
personalidad torera, la entrega total como la tuvo en estas actuaciones con los
torrealtas, o la apatía, cuando las cosas no le rodaban bien.
Por otro lado, a Sebastián Castella no le acompañó la suerte. Al
francés le tocó el peor lote, y con sus toros estuvo esforzado y firme, pero en
conjunto lo hecho careció de brillantez. Fue silenciado al rematar a ambos
toros. Durante el primer tercio del
quinto toro se vivió momentos de mucha preocupación en la plaza, al ver al
picador José Doblado ser
estrepitosamente derribado con su caballo. La cabeza chocó fuertemente en el
piso, quedando allí inerte, y así fue llevado a la enfermería. Se temía lo
peor, pero afortunadamente fue solo una conmoción momentánea, de la que se
recuperó en la enfermería, volviendo de nuevo al callejón antes de terminarse
el festejo.
En la corrida
del domingo, de los espectadores que llenaban el coso del Bararillo, pocos o
ninguno podrían haber imaginado que Curro Díaz sería el triunfador
del festejo. Especialmente si se considera que
el diestro de Linares era un complemento en el cartel, y que su puesto pudiera
haber sido cubierto por cualquier otro diestro, pues la importancia del cartel
consistía en que reunía a los dos máximos triunfadores de la pasada Feria de
Abril y de la actual temporada europea:
El Juli y Manzanares.
Asi fue,
pues el de Linares le
esculpió al noble ejemplar de Moisés Fraile
que abrió el festejo una de esas faenas que se quedan en la mente del
aficionado. Es verdad que el astado, un serio cinqueño con 578 kilos de peso,
en el último tercio tuvo grandes cualidades bovinas, como casta, nobleza y
movilidad; pero también es cierto que la pureza, la majestad y el arte que
Curro le imprimió a su toreo sobrepasaron a las cualidades del cornúpeta. Con
el capote no hubo quites que anotar, pero sí las dos pintureras medias
verónicas con que remató su labor de poner en suerte al toro. Brindó la faena
al doctor que lo operó de la grave cornada que un toro le infirió en la
penúltima corrida de la pasada Feria de abril.
La faena tuvo dos fases, una primera honda, en la
que el diestro, llevando al toro engarzado en la pañosa con gran temple y
majestad, se lo pasaba cerca cargando la suerte, para luego conducirlo hacia atrás, y rematar las series con
artísticos pases de pecho más con algún toque de pellizco. En la parte final de
su labor, apareció la simpleza de la difícil naturalidad, pues el espada, muy
relajado, apoyándose en los talones, sin apenas toques, y solo con el juego de
su muñeca, parecía que llevaba al toro a pasear atado a la muleta como si de un
amigable perro se tratara. Terminó su hacer con una estocada algo contraria y
el entusiasmo se desbordó en los tendidos. La petición del primer trofeo fue
clamorosa, y después del presidente concederlo, la petición por otra oreja
continuó, pero el presidente se resistió a otorgarla, lo que le costó una
bronca. Otra cualidad más de la faena fue su relativa brevedad que contrastaba
con tantas tan de moda compuestas por maratones de pases. No creo que la faena
contara con más de una treintena de muletazos, o sea que la calidad superó con
creces a la cantidad. Con el manso
tercero el torero estuvo muy decidido, luciéndose al ejecutar muletazos de
calidad, pero le fue imposible ligar faena. Mató de una buena estocada y fue
fuertemente ovacionado. En conjunto en su actuación el de Linares ha hecho gala
de una dimensión de alta calidad torera muy superior a la que exhibía en sus
pasadas actuaciones en el ruedo sevillano.
Esa
tarde El Juli también pudiera haber obtenido
otro trofeo por lidiar como un supremo maestro al violento segundo toro
que, como los tres siguientes, llevaba el hierro de El Pilar. Empezó por
imponerse al animal después de tantearlo de salida, al darle unas
templadas
verónicas. Luego, con la muleta se dobló con el toro para meterlo en carril, lo
que consiguió con mucha exposición. Completó varias series de derechazos, las
dos primeras toreando a media altura para enseñar a embestir al toro,
aliviándose algo, y las restante bajando la mano, mandando y ajustándose a un
toro que aun lo buscaba. Al tomar la izquierda la labor decayó algo, pues el
toro presentaba más dificultades por ese lado. Con un público con muchos
aficionados, que obviamente apreciaban su superior lidia, ya tenía el trofeo en
sus manos, cuando falló con la espada
al matar de dos feos pinchazos y una media estocada. Con el difícil quinto
toro, andarín y sin entrega, ni usando toda su ciencia lidiadora le fue posible
el lucimiento. Lo mejor fue un quite por chicuelinas y la efectiva estocada con
que se quitó del medio a la prenda que tenía delante.
Aun
peores condiciones tuvieron el tercer toro de El Pilar y el sobrero de Salvador
Domecq que sustituyó al sexto titular, y ninguno permitió al maestro Manzanares
triunfar otra vez más ante un público que lo ha adoptado como suyo. El
alicantino siempre estuvo por encima de sus toros, lidiándolos sin perder su
compostura y su nativa elegancia, y aunque no redondeó faenas, sí se lució
cobrando dos estupendas estocadas. Como siempre fue un lujo el ver lidiar y
banderillear a los miembros de la excepcional cuadrilla de Manzanares que
fueron fuertemente aplaudidos en varias ocasiones.
Iván Fandiño
no se había ganado el entrar en esta feria por haber
triunfado antes en la Maestranza, pues en su única actuación en la pasada Feria
de Abril sus buenas intenciones se estrellaron al enfrentarse con un pésimo
lote del
encierro del Conde de la Maza, sino por la repercusión que sus recientes
triunfos en otras plazas importantes están teniendo. Con el primero de la tarde
poco más pudo hacer que mostrar su firmeza y entrega, y eso lo estropeó al
pinchar cuatro veces para luego tener que usar
el descabello. Hubo silencio. En cambio, en su segundo, un toro que
humillaba poco, se las avió para, con
gran firmeza, ejecutar una buena serie de derechazos, en la que hubo mando y
temple. Mejoró esa tanda con otra aun mejor,
para luego ejecutar otras dos series de naturales compuestas por
muletazos lentos y largos. Sonó la música, la que luego paró al diestro no
seguir toreando al mismo nivel, por la aspereza del toro y por las molestias
del viento reinante que hacia ondear el engaño como si fuera una bandera. Antes
de matar de pinchazo y estocada desprendida, cerró la faena con unas
ajustadísimas bernadinas. Salió al tercio a agradecer los aplausos.
David Mora, aunque no triunfó, tampoco defraudó en su debut como
matador en la Maestranza. Sus mejores momentos los consiguió lidiando con
firmeza y valentía
al segundo astado de la tarde, el que parecía tener la
intención de imposibilitar el triunfo del diestro. Aun así, David se impuso y
consiguió con mucha firmeza plasmar templados y artísticos pases, ejecutados
con gran empaque, verdad y clase, que calaron en los tendidos. Mató de un
estoconazo y fue premiado con grandes aplausos. El quinto, con sus 595 kilos,
tuvo mucha fachada, pero poco fondo, pues topaba en vez de embestir,
dificultando el lucimiento del maestro. De nuevo con la muleta se vió a un fino torero que puede con todo, y de nuevo se
encontró con un animal que quiso, sin conseguirlo, manchar su debut en
Servilla. Terminó su hacer ejecutándole una estocada fulminante. Pero no fue
la estocada lo que queda en la memoria, sino las templadas verónicas rematadas
por dos elegante medias que le plasmó de salida al quinto astado. Mora, sin
triunfar, ha impactado en Sevilla y no sorprendería si entrara en el próximo
abono de la Feria de Abril.
El caso de Esaú Fernández no es de
envidiar pues. después haber cortado dos orejas y de haber dejado una buena
impresión en la actuación en la corrida de su alternativa en la feria abrileña pasada, solamente ha toreado
cinco corridas antes de hacer el paseíllo la tarde del viernes. Esta falta de
rodaje
se le nota en la plaza por la falta de acople y de templanza en su
toreo, que a veces es algo acelerado. Ahora bien, lo que no ha perdido es el
valor y el entusiasmo para buscar el triunfo, si no con un toreo profundo, al
menos toreando con entrega y haciendo gestos valerosos que el público en
general agradece. A sus dos toros los recibió a portagayola, y en su segunda
faena, después de brindarla a los
areneros de la plaza, la inició con dos arriesgados pases cambiados en los
medios. También a ese toro de Perera, el mejor del mal encierro, le ejecutó un
par de tandas de ligados y vistosos pases. A su primero lo mató de una buena
estocada, en cambio al sexto, con el que estuvo más airoso, estropeó lo hecho
matando de una estocada desprendida que necesitó el uso del descabello.
En conjunto, aunque en la Feria de San Miguel, edición 2011, poco
toreros han tenido actuaciones que hayan merecido trofeos y en general los
toros han sido descastados, pero no tontos, y con algunos también presentando
dificultades para su lidia, en los tres festejos se han visto cosas
interesantes que han causado que los espectadores, o los televidentes, no se
hayan aburrido.
Reseñas:
23 de
septiembre. 1ª de la Feria de San Miguel. Toros de José Luis Pereda/La Dehesilla (desiguales
de presentación, mansos y descastados en conjunto, el más manejab le del 6º) para Iván Fandiño (silencio; saludos tras aviso), David Mora (saludos;
silencio tras aviso) y Esaú Fernández (saludos; saludos). Entrada:
½.
24 de
septiembre. 2ª de la Feria de San Miguel. Toros de Torrealta (bien
presentados y descastados con poco fondo, pero manejables; los mejores los
nobles pero justos de fuerzas 1º y 6º ; el peor el 5º que tuvo peligro) para El
Cid (oreja; palmas), Sebastián Castella (silencio; silencio) y Alejandro
Talavante (palmas; oreja). Entrada:
¾.
Reseña: 25 de
septiembre. 3ª y última de la Feria de San Miguel. Cuatro toros de El Pilar, uno de Moisés
Fraile, el 1º, y uno de Salvador Domecq, el 6º bis, (desiguales de presentación, deslucidos y con dificultades en
conjunto; el mejor el noble y manejable 1º y el peor el complicado sobrero de
Domecq) para Curro Díaz (oreja; saludos), El Juli (saludos tras aviso; silencio) y José María Manzanares (silencio; palmas). Entrada; casi lleno.
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