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CON UN SENTIDO POEMA GASTON
RAMIREZ RECUERDA |
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Antes de incluir en este espacio
el poema Mi Manolete
explicaré como esta composición poética, escrita por nuestro colaborador, el
periodista mexicano Gastón Ramírez, casualmente llegó a mi poder, y haré un
resumido compendio de las grandes hazañas taurinas que el fenomenal diestro
Manuel Rodríguez “Manolete” logró hacer
en los ruedos mexicanos en la década de los años cuarenta. El impacto dejado
por El Monstruo en la tauromaquia mexicana fue tan potente que aun aficionados
como mi amigo Gastón quien, por su edad, no tuvo ocasión de verlo torear, el
ser conocedor de tales extraordinarios hechos le inspiran para expresar sus
sentimientos sobre El Califa de Córdoba en versos.
Con Gastón y mi cuñado Antonio
Mihura y, de cuando en cuando con otros amigos más, mantenemos lo que pudiera
denominarse una tertulia cibernética a
través de mensajes. Uno sugiere un tópico y
sobre eso opinamos. Tengo que decir que de los tres, Gastón es el más
inquisitivo por lo que tiene la tendencia de traer a colación nuevos temas. Así
que, sin venir a cuento, pues que yo sepa no se recodaba ninguna efemérides
especial del torero, Gastón sacó a relucir el tema de la trayectoria de
Manolote en México y, como hace a menudo, además de opinar envió dos enlaces
del Intenet, Burladerodos y Laaldedetauro, que informaban sobre el
asunto. Así que investigando esos enlaces recordé algunos datos que ya sabía
más aprendí otros nuevos sobre las dos extensas y deslumbrantes campañas de
Manolete en el país hermano.
Manuel Rodríguez Sánchez
“Manolete” confirmó su alternativa en la Plaza de Toros “El Toreo” de México DF
el 9 de diciembre de 1945, en
la llamada Corrida de la Concordia. Este festejo se apela así por ser la
primera corrida dada en la que diestros españoles y mexicanos alteraban juntos,
después de varios años de no hacerlo ni en México ni en España, por haberse
roto el convenio sindical que permitía que eso sucediera.
En la corrida se lidiaron astados
de la famosa ganadería de Torrecilla. Actuó de padrino el gran maestro mexicano Silverio Pérez y de testigo Eduardo Solórzano. Manolote triunfó con su
primero, cortando orejas y rabo, y
desafortunadamente fue herido
de gravedad por su
segundo toro cuando lo
toreaba con el capote.
Esa tarde comenzó el idilio del
torero español con la afición mexicana
y viceversa, convirtiéndose Manolete en un ídolo, como ya lo era en España, y
en dondequiera que había actuado. Confirmó en su primera actuación, no solamente
la alternativa, sino también todo lo bueno que se había hablado y escrito sobre
él en esas tierras.
Se debe anotar el hecho de que
cuando Manolete pisó el suelo mexicano por primera vez, se estaba viviendo allí
la era dorada de la historia del toreo local, habiendo extraordinarias figuras
que, sin competición de lo españoles, estaban escribiendo páginas gloriosas en
los ruedos nacionales. Entre ellos Luis Castro “El Soldado”, Luis
Procuna, Armillita Chico, Lorenzo Garza,
David Liceaga, El Calesero, Antonio Velásquez, Jesús y Eduardo Solórzano y Silverio Pérez, quien era el diestro con quien más veces Manolete
compitió, en 16 corridas. Esos toreros se motivaron aun más con la presencia de
Manolete y reaccionaron con casta, ofreciéndole una fuerte competición, de la
que el público se benefició al ser testigo de grandes tardes de toros. Aun los
pocos y buenos aficionados que quedan de esos tiempos comentan con entusiasmo
esas hazañas, y han transmitido a través de la tradición oral esos recuerdos
legendarios, tal vez ya idealizados, a aquellos que no tuvieron la suerte de
presenciarlos.
Desde la fecha de su confirmación
hasta el 9 febrero de 1947, cuando en Mérida toreó su última corrida en el
continente americano, Manolete actuó en 37 corridas de toros, entre las dos
plazas capitalinas y otros cosos de las principales ciudades del territorio
mexicano, en donde cortó numerosas orejas y rabos.
Aunque los triunfos fueron muchos y dignos de anotar, es de especial
importancia recordar, por la relevancia histórica en la tauromaquia mexicana,
el hecho de que Manolete formó parte del trío de maestros que inauguró la Plaza
Monumental México. El hecho aconteció el martes 5 de febrero de 1946 y el
cartel lo compusieron Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, lidiando toros de San
Mateo. Manolete tuvo el honor de ser el
recipiente de la primera oreja otorgada en el nuevo coso, al matar a “Fresnillo”, el segundo toro de la tarde, y de haber dado dos vueltas al ruedo, a
pesar de haber matado de cinco pinchazos y una estocada a "Monterillo”, el quinto bis, un sobrero
de la misma ganadería, que salió en lugar de “Peregrino”, el toro de turno que fue
devuelto a los corrales bajo la protesta de un público que se oponía a la
devolución.
Una prueba de la vitalidad del
toreo que entonces existía en la nación es que se siguieron dando festejos con
grandes entradas, tanto en la antigua plaza El Toreo como en la recién
inaugurada. Ejemplo, el 16 de febrero de 1946, Manolote sostuvo un
reñido a mano con Silverio Pérez en La
México y al día siguiente actuó con Pepe Luis Vázquez, el mexicano no el
sevillano, y con Luis
Procuna en El Toreo. Esa tarde fue grandiosa ya que los tres espadas les
cortaron las orejas y rabo a un toro. Los nobles y bravos astados pertenecían a
la ganadería tlaxcalteca de Coaxamalucan. Por el contrario, en la actualidad aun
con
buenos carteles a menudo hay apenas una decena de millares de espectadores en
La México, el único coso de la capital y en el que caben unas 45.000 personas.
Manolete cerró su primera campaña mexicana en la Plaza de Toros El Toreo el 3 de marzo de 1946,
volviendo a España inmediatamente, en donde únicamente actuó en Madrid en la
prestigiosa Corrida de la Beneficencia, celebrada
el 19 de septiembre.
De nuevo
regresó a México el 10 de noviembre del 1946, para esa tarde
actuar y triunfar en la Plaza El Toreo de la capital. Luego, los triunfos se
sucedieron durante el resto de ese año y del siguiente. Son ejemplos de estos
éxitos, el cortar cuatro orejas y dos
rabos en El Toreo el 16 de enero, y otro rabo el 30 del mismo mes en el mismo
ruedo, y entre medio el obtener su
último rabo en La México el 19 de enero de 1947. Después de esto festejos toreó
cuatro corridas más, una en Puebla, otra en La México, la penúltima en Aguascalientes,
el 26 de enero y el 2 y el 5 de febrero, respectivamente. Finalmente, como ya
mencioné, en Mérida el 9 de febrero actuó por última vez en América.
Unos días después de su última
actuación en México, Manolete regresó a España, para hacer allí lo que él
planeaba sería su última campaña, para luego retirarse y disfrutar durante el
resto de su vida de la fortuna conseguida en los ruedos y con las memorias de
sus grandes triunfos. Sus planes, como bien es sabido, los truncó un
homicida Miura que le infirió una mortal cornada en el ruedo de
la plaza de toros de Linares el 28 de agosto del 1947.
En su última temporada en España, la que comenzó tardíamente en junio,
actuó solamente en veintiún festejos, recibiendo un par de serias cornadas aparte
de la que le quitó la vida.
Mi primo, el excepcional torero
Pepín Martín Vázquez alternó a
menudo con El Monstruo, incluyendo algún festejo en México durante la primera
temporada del cordobés en esa tierra. Con él mantenía una cordial relación profesional
y personal. Pepín me comentaba que el legendario diestro en sus últimas
temporadas se quejaba amargamente de que en España un sector de los
espectadores le exigían que en los ruedos hiciera lo imposible. Además, yo
también recuerdo, aunque entonces aun era un chiquillo que soñaba con ser
torero como mis ídolos mi primo y Manolete, que en la prensa y los corrillos
taurinos se mencionaba tanto sobre la grandeza torera de El Monstruo como de
las enormes cantidades de dinero que ganaba en sus actuaciones, y esto último
causaba la envidia de los taurinos y del público en general, en una España aun
empobrecida por las secuelas de la Guerra Civil. Así que cuando en el ruedo, el
maestro, aunque lo intentara, no podía hacerle a un mal toro lo que el público
le exigía, era común que muchos de los espectadores, ondeando en el aire las
costosas entradas, le gritaban repetidamente denigrantes insultos.
Por el contrario, parece ser que en México esa hostilidad no era tan
evidente. Tal vez por eso, cuando allí actuaba, el maestro sintiera el calor de
un entregado y apasionado público que lo admiraba sin importarle demasiado sus
merecidas ganancias. He oído comentarios en España de personas que se
relacionaban con el grandioso torero, que afirmaban que incluso la personalidad
de Manolete, una persona en sí modesta, discreta y algo introvertida, durante
su estancia en México cambió haciéndose más alegre y abierta.
Cuando elaboramos sobre los logros taurinos de Manolete en su país,
Gastón mencionó casualmente que había escrito un poema en su honor. Entonces,
le mencioné que me gustaría leerlo. Me lo envió, lo leí y me gustó, por lo que le pedí que me permitiera publicarlo.
Consintió, y a continuación lo hago:
En el confuso trajín de la
memoria
estás hecho de nobleza, majestad y un gran silencio.
Sólo te ví
en La Salud, tu cementerio,
vestido de mármol afilado,
torero, senequista y legendario.
Pero te oigo en la voz de
mi familia
manoletista siempre,
que dejaba de comer para ir a verte.
Te veo en carteles y boletos heredados,
en las fotos de mil y uno naturales
y estocadas como augurios de Casandra.
Eres el que sonríe desde la
imagen mexicana
cantando con Silverio, El Ciclón
y Armilla el Grande.
También te oigo tararear Las Golondrinas
como un himno contra las pinceladas del olvido,
cuando sonó la hora de la
verdad, la de Linares.
Te adivino en un diálogo
final
quizá descabellado:
-Si me matas bien, te dijo Islero,
te daré paz y tendrás gloria
-Gracias amigo, estoy cansado, contestaste montando la espada ahí en
la cuna
Y te sueño joven y fantasma,
como un niño precoz resucitado.
Toreando feliz, cada noche, de salón,
junto al Cristo secular de los Faroles,
sin cuidarte de tu sombra de gigante.
Gastón Ramírez Cuevas. 14 de octubre del 2010. Ciudad de México. (Poema escrito a petición del académico y conocido escritor español Fernando Claramunt López).
Gastón, continuó nuestra tertulia
proveyéndonos a mi cuñado y a mi con detalles más triviales sobre la
inauguración de la México a, como estos:
El alguacilillo que partió plaza
fue el famoso "Chalío", don Rosalío
Rodríguez. El primer capotazo y el primer par de banderillas corrieron a cargo
de
Román Mancibáez Guzmán, "El Chato Guzmán"... La plaza fue idea de don
Neguib Simón, uno de los personajes olvidados de la Fiesta (murió en la ruina y
muy amargado), y el chistecito le costó tres millones seiscientos mil dólares.
Ese día memorable de la inauguración, Manolete
cobró $25,000 dolarotes de aquellos buenos tiempos por matar dos toros. Y
que no les extrañe que se haya dado una corrida en martes. Es que en México el
5 de febrero es día feriado. Se festeja la promulgación de la Constitución de
1917…
Y dirigiéndome a mí me recordó que
yo debería saber que el toro “Peregrino”, que le retiraron a Manolete en la
corrida de la inauguración de La México lo mató el novillero mexicano Manolo Loera
López en un pueblo cortándole las orejas, como Loera lo expuso en el poema Manolo
Loera y Peregrino.
Loera era un novillero, que se
anunciaba como Manolo López, con quien toreé en Francia la última novillada sin
picadores de mi carrera en 1954. No tuvo suerte como torero, pero al retirarse
de los ruedos, a Manolo le fue mejor como hombre de se inspiró para escribir
poemas de temas taurinas, recopilándolos en el libro TARDE DE TOROS, publicado
en el 2007 [actvivenciaprologo08.htm], del que yo escribí el prólogo, y en el que incluye el poema dedicado
al toro “Peregrino”.
La verdad es que si Gastón no me
lo hubiera indicado, yo no habría hecho
la conexión de que este animal era precisamente el que, tal vez, Manolete
hubiera podido inmortalizar en una tarde importante como era la de la
inauguración de La México, y que el destino quiso que muriera olvidado en
una plaza de un pequeño pueblo a manos de un novillero
principiante.
Esto fue el fin del coloquio sobre
Manolete en México con Gastón Ramírez y Antonio Mihura, y este es el relevante
poema de Loera que esclarece el fin de “Peregrino”:
Imponente y bravo toro de San
Mateo
de don Antonio Laguno,
apareciste en al plaza más grande
del mundo,
eras para Manolete,
tu nombre fue Peregrino.
El Monstruo te rechazó
y por cosas del destino
fuiste a parar a una fiesta de
pueblo;
llegaste a Guadalupe, Victoria,
y te enfrentó un torerillo,
más él no te rechazó,
pues soñaba con la gloria.
Y contigo se enfrentó
en aquel ruedo pequeño,
sin auxilio de cuadrillas,
a cara o cruz con la muerte jugó,
las orejas te cortó.
Peregrino, no diste más gloria a Manolete
pues él ya mucha tenía,
Dios te mandó a Guadalupe,
Victoria
a cumplir con tu destino
que era morir en el ruedo
y darle gloria a un
torero
y tu casta de Saltillo era lo que
merecía.
Manolo Loera es el nombre
de ese novillero,
que a figura no llegó,
pero esa tarde de toros
tuvo la inmensa dicha
de enfrentarse contigo,
y al cortarte las orejas
de la gloria disfrutó.
Manolo Loera y Peregrino
dieron brillo y emoción a la
fiesta
en una feria de pueblo
cumpliendo con su destino.
(Publicado en TARDE DE TORO.
Pág., 104)
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