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ADIOS PEPIN,
GRANDE ENTRE LOS GRANDES |
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El domingo 27
de febrero a eso de las nueve de la mañana, hora local en Maryland, que serían
las tres de la tarde en España, recibí una llamada desde Canadá de Jim Myers,
un buen amigo, periodista y gran aficionado. Llamaba para decirme que sentía la
muerte de mi primo y maestro Pepín Martín Vázquez, lo que él acababa de leer en
un portal del Internet. Usualmente al levantarme pongo el ordenador para ver si
hay mensajes y leer las noticias taurinas, pero ese día todavía no lo había
hecho, y por lo tanto no sabía que varios mensajes de mi familia y amigos
comunicándonos, o comentando, sobre la triste noticia
ya habían estado
almacenados en mi buzón electrónico por algunas horas.
No hay que
decir que por mucho que lo esperara, pues ya Pepín había estado delicado de
salud por algunos años, y últimamente su estado se deterioraba por momento, aun
así la noticia fue como un mazazo en la cabeza. Aunque su muerte por su
condición de salud entraba dentro de la lógica, mentalmente en esos momentos yo
no estaba preparado para aceptar que una persona con quien había compartido
varios años de mi juventud, y quien me había inculcado en mi el deseo de ser
torero, y a quien desde entonces he admirado como uno de los mejores figuras
del Siglo XX, ahora iba a ser ya historia.
Desde esa
mañana he estado buscando noticias de su fallecimiento en la prensa electrónica
para saber la repercusión que su muerte había tenido en el mundo taurino, y
como esa noticia se estaba reportando. Al mismo tiempo he estado en contacto
con mi hermana Mari Carmen y mi cuñado Antonio para que me tuvieran al tanto de
los pormenores del acontecimiento desde un punto de vista familiar.
Estos
son los hechos. Pepín pasó a mejor vida en su casa a eso de la una de la
madrugada del domingo 27. Había nacido en
el barrio de la Macarena en Sevilla el 6 de agosto de 1927 y tenía a su muerte 83 años de
edad. Sus restos fueron velados por los familiares y amigos en un tanatorio en
las afueras de Sevilla desde el mismo domingo hasta el lunes 28, cuando en el
mismo lugar se celebró una ceremonia religiosa ante su cuerpo presente. Después
de la ceremonia sus restos fueron trasladados a otras facilidades para allí ser
incinerados. Luego, en una ceremonia privada su cenizas serían depositadas en
el panteón familiar. También, el día 11 de marzo se dirá un misa por el
alma de
este insigne maestro en la
Basílica de La Macarena, de cuya hermandad el finado era hermano.
Pepín,
una persona que desde su retiro de los ruedos había elegido vivir una vida
privada junto a sus familiares y amigos, evitando el protagonismo que conlleva
el haber sido una excepcional figura del toreo, se hubiera sorprendido como su
fallecimiento ha provocado que sus grandiosos logros en los ruedos hayan sido recordados y alabados
tanto por los medios de comunicación,
como por los toreros y taurinos, quienes no han perdido oportunidades para
recalcar su grandeza y su impacto en el toreo, entre ellos Curro
Romero y Miguel
Báez “Litro” padre.
Lo
que siento sobre Pepín como torero no lo expongo aquí para no repetirme, pues
puede leerse pulsando en UNA SEMBLANZA COMO TORERO Y PERSONA DE MI PRIMO Y
MAESTRO PEPIN MARTIN VAZQUEZ, un artículo que incluí en esta página Web hace
apenas una semana. Entonces, no anticipaba que en pocos días expresaria
similares pensamientos hacia una persona que estaría echando de menos por no
estar ya físicamente entre nosotros, aunque sí en espíritu.
Lo
que en esa semblanza no incluí fue mi muy personal sentimiento y
agradecimiento, y eso se lo dirijo a Pepín, pues sé que estas palabras le
llegarán donde quiera que esté:
Para
mí en mi juventud fuiste más un hermano que un primo y después, a pesar de la
falta de regulares contactos por la distancia, mi cariño por ti no ha
disminuido y, en cambio, con el tiempo tu figura torera se ha acrecentado. Unos
de los mejores recuerdos que tengo de mis regulares idas a Sevilla son los
ratos compartidos contigo. Nunca olvidaré que fuiste quien más me ayudó en mis
principios toreros y que fuiste también la inspiración para yo serlo, pues tu
eras torero y caballero en el ruedo y en la calle.
Gracias,
primo, y descansa en paz.