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OPINION: |
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A veces
suceden hechos que pueden ser que estén más relacionados con la casualidad que
con la lógica, y ayer viernes 8 de
abril, a eso del mediodía en Maryland,
donde resido, experimenté una de esas
casualidades que sorprenden y que en este caso me proveyó una satisfacción que
rayaba en la euforia.
Estaba ocupado escribiendo un artículo, que titulo Mi
familia taurina: los Martín Vázquez, y cuando comenzaba la sección dedicada
a Pepín y estaba consultando mis notas, se me ocurrió tomar un descanso
para leer las recientes noticias
taurinas en los portales del Internet, y así lo hice. Me quedé de una pieza al
leer en Mundotoro.com la noticia
titulada Pepín Martín Vázquez y Joselito, Medalla de Oro de
las Bellas Artes,
que
en parte informaba lo siguiente:
El recién fallecido Pepín Martín Vázquez y José Miguel Arroyo “Joselito”, son las propuestas de la Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde para que reciban la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2011. Esas propuestas, han sido probadas hoy por el Consejo de Ministros, unidas a las de otros ámbitos de la cultura.
Naturalmente
me alegró el saber que la
Ministra de Cultura haya elegido sabiamente para que se le conceda una medalla
a un reciente torero como Joselito, un caballero cuyas cualidades toreras y
logros en los ruedos merecen de sobra tal
honor, por lo que en esta ocasión nadie podrá discutir la selección.
Ahora bien, mi satisfacción se multiplicó al máximo, por ser parte interesada,
al informarme de la concesión póstuma de la medalla a Pepín, con lo que se ha
reconocido la grandeza de un torero, al
que no se ha alabado lo suficiente después de su retirada en el año
1953.
Me permito recordar que las Medallas
de Oro al Mérito en las Bellas Artes son unos trofeos instituidos por el
Ministerio de Cultura del Gobierno de España que distinguen a las personas y
entidades que hayan destacado en el campo de la creación artística y cultural.
En el caso de Pepín Martín Vázquez la selección fue basada en que “dejó una huella profunda en la historia del toreo
al cuajar faenas memorables en las que brilló su arte, dentro
de un toreo de corte sevillano.”
Recuerdo también las alusiones a la concesión de
estas medallas, expresadas por Andrés
Amorós en ABC el pasado febrero, en las que recomendaba que
…conviene que se premie a un artista de la
Tauromaquia con méritos indiscutibles y que, en contra de lo que a veces ha
sucedido, sea acogida sin polémicas por los profesionales y los aficionados.
Creo que muy pocos nombres reúnen mejor esas dos circunstancias que el de Pepín
Martín Vázquez.
Esta o similares recomendaciones han sido repetidas en
varias ocasiones por Zabala de la
Serna, Carlos Crivell e Ignacio de Cossío, entre otros críticos, y por mi en
este medio.
Con sinceridad tengo que
confesar que nunca pensé que estos aislados criterios fueran considerados, ya
que estoy acostumbrado a que a Pepín, hasta recientemente, no se le haya hecho
justicia al no reconocerse la importancia de sus logros toreros. En cambio, el
fallecimiento de Pepín en Sevilla el pasado 27 de febrero provocó a los medios de comunicaciones
a expandir
repetidamente las opiniones de
aficionados conocedores, periodistas, taurinos y toreros que enfatizaban
que el más joven de la Dinastía Martín Vázquez ha sido una de las figuras más
relevante del siglo XX. Entre otras consideraciones, tal vez, estas
manifestaciones hayan urgido a la ministra Angeles González-Sinde a
seleccionar a Pepín para ser el recipiente de una de esas prestigiosas
medallas, y a los representantes del Gobierno a concederla. Estas acciones no hubieran
podido ser más acertadas.
Otros de mis recientes artículos sobre Pepín: UNA SEMBLANZA COMO TORERO Y PERSONA DE MI PRIMO Y MAESTRO PEPIN MARTIN VAZQUEZ y ADIOS PEPIN, GRANDE ENTRE LOS GRANDES Y BUENA PERSONA COMO POCAS.