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LUQUE RELUMBRA EN LA FERIA DE SAN MIGUEL DE
SEVILLA |
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Otro año más, ya
en casa en los Estado Unidos, reflexiono sobre lo que presencié en el
ruedo
maestrante de mi Sevilla en septiembre, y
a diferencia del fiasco de la Feria de San Miguel del año pasado, en la
que por la lluvia y otros controversiales e factores, dos de los tres festejos
anunciados se suspendieran, en esta edición, sin embargo, el tiempo permitió
que las dos corridas programadas se dieran y que viésemos como en la segunda
corrida un torero sevillano confirmara que tiene madera para ser una gran
figura del toreo.
La Feria de San Miguel se redujo a un interesante fin de semana taurino, pues se dieron solamente dos corridas de toros, una el sábado 26 y otra el domingo 27 de septiembre.
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El sábado se
anunciaba a “Morante de la Puebla”, alternando con “El Cid” y Sebastián
Castella y lidiando un encierro de Juan Pedro Domecq con el hierro de
“Parladé”, pero al caerse del cartel “El Cid”, quien había cortado su campaña
por no estar completamente recuperado del grave percance que sufrió en
Navalcarnero (Madrid) el 10 septiembre, el
festejo se quedó en un mano-a mano entre el francés y el sevillano.
Este era un
mano-a-mano de conveniencia para la empresa, pues hubiera sido difícil
encontrar una figura que quisiera dar la cara en la Maestranza a estas alturas
de la temporada. Realmente, esta confrontación no tenia mucho sentido, ya que
el diestro Castella ni había tenido suerte en sus actuaciones en la Feria de
Abril, y ni tampoco sostenía una notable competencia con Morante.
Aún así, no hubo
devolución de billetes y los espectadores que llenaban la plaza aplaudieron
fuertemente a los dos espadas al hacer el paseíllo, quienes tuvieron que
saludar antes de cambiar la seda por el percal. Tal vez, estas fueran las
ovaciones más intensas que se oyeron durante la tarde, pues el difícil encierro
de “Parladé” se encargaría de hacer más sombría la entoldada tarde que nos
amenazaba con lluvia.
Sorprendió que en
Sevilla no se hubiera guardado un minuto de silencio en memoria de “Paquirri”
cuando se cumplía el 25º aniversario de su trágica muerte, tal como se había
guardado en Madrid y Barcelona. Luego, se publicó críticamente en la prensa que
el presidente de la corrida, Gabriel Fernández Rey, había consultado con los
dos espadas sobre ese acto de respecto, pero que Morante se opuso a que se
guardara ese silencio por cuestión de superstición.
Solamente dos astados del encierro de Juan Pedro Domecq dieron algunas
oportunidades, pocas, para el lucimiento, el débil y parado primero y el manso,
y algo mas movido sexto. Morante, con el toro que abrió plaza, dio algunas
muestras de su genial toreo, especialmente en un par de series de elegantes y
templados naturales, rematados con apretados pases de pecho y algunos adornos.
Al cambiarse de mano, el toro se rajó y los derechazos no tuvieron la misma
calidad. Además, como al matar el maestro, echándose afuera, cobró dos
pinchazos antes de descabellar a la primera, hubo solamente aplausos, entremezclados
con algunas protestas. El de la Puebla poco más hizo digno de notarse con sus
otros dos astados, pues al tercero, después de un intento de faena, abrevió y
encima lo mató mal; mientras que con el quinto el intento de lucimiento fue aun
más breve, quitándoselo de en medio habilidosamente con media estocada. Oyó
algunos pitos al rematar al tercero y silencio al terminar con el quinto.
La decisión
estuvo a cargo de Castella al intentar sacar partido de
los tres toros de su lote, aunque el premio no llegó hasta enfrentarse con el
sexto y último toro del festejo. Con el segundo bis, pues el toro de turno
había sido retirado a los corrales por estar lastimado, y con el cuarto astado,
ambos complicados y deslucidos, Sebastián no pudo hacer otra cosa que mostrar
su ganas de triunfar. A tal punto se arrimó que fue volteado, sin mayor
consecuencia, por el segundo; y estuvo
tan machacón con el cuarto que el inquieto público le pidió que terminara con
el deslucido animal. Finalmente, cuando el aburrimiento cundía en los tendidos,
el francés calentó el ambiente, al iniciar la faena con esos temerarios pases
cambiados que asustan a todo el mundo, menos al torero. Continuó intentado
lograr series de pases con ambas manos, pero el resultado fue solo logró ejecutar
unos buenos pases sueltos, y al no conseguir completar las series, para
compensar se pegó un arrimón que le sirvió para llevarse el único trofeo
concedido esa tarde, a pesar de que la efectiva estocada cayó baja. Estos
fueron sus resultados finales, silencio tras aviso, aplausos, oreja y una gran
ovación al abandonar el ruedo.
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El domingo 27 de septiembre, tal vez se recuerde como la fecha cuando
Sevilla hizo suyo a un gran toreo tan valiente como artista: Daniel Luque.
Antonio Ferrera, Alejandro Talavante y el mencionado joven torero lidiaron un
buen presentado encierro de “Alcurrucén”, tres de cuyos bravos astados, 1º, 3º
y 4º, dieron a los toreros oportunidades de lucimiento, aunque solamente Luque
las aprovechó plenamente.
El sevillano dio el primer toque de atención, anunciando que venía en
plan de guerra, al ejecutar un muy ajustado y artístico quite por chicuelinas
al primer toro d Ferrera. La ovación fue ensordecedora, y aun lo fue más la que
oyó al recibir al tercer astado con siete sentidas, clásicas y templadas
verónicas, rematadas con una media belmontina. La plaza ardía.
Y continuó ardiendo
cuando Daniel inició su labor con unos inmovibles
estatuarios, estilo José Tomás. Luego, en el centro del ruedo, vinieron series
de largos naturales, con la tela barriendo la arena y los pies asentados en
ella. Los remates no fueron solamente solemnes pases de pecho, sino que,
haciendo gala de su inspiración intercalaba quiquiriquíes, recortes y
trincherazos. Culminó la faena con los adornos de su invención, en los que, sin
ayudarse con el estoque, enlaza uno a uno naturales ejecutados con ambas manso,
pasándose la muleta por la espalda. Una estocada, dando el pecho, puso punto
final a esa inspirada faena, la que se
premió con un doble trofeo. La Puerta del Príncipe lo esperaba semiabierta,
pero el manso ilidiable y peligroso sexto, que no tenía un pase, a pesar de que
el torero intentara darselo, se encargó de que no se abriera. Ahora bien, si
este joven de Gerena continua toreando con el mismo arte, sentimiento y valor,
pronto la abrirá de par en par.
Por el contrario, Ferrera no se acopló con el manejable toro primero,
aunque sí estuvo con él en maestro y voluntarioso, sacando buenos pases
sueltos, pero sin ligarle la faena; además falló repetidamente con la espada,
lo que le hizo oír un aviso. La brillantez la obtuvo con el emotivo tercio de
banderilla, siendo obligado a saludar al completarlo. El triunfo le llegó al
matar de una buena estocada al noble y bravo
cuarto toro, al que también volvió a banderillear con la brillantez y
emoción, para a continuación con la muleta seguir entonado para completar una
faena que, aunque con altibajos, fue lucida. Sobresalieron un par de buenas
series de derechazos. El público pidió y el presidente otorgó una merecida
oreja al extremeño.
Talavante comenzó la faena al noble segundo con unos impresionantes y
firmes estatuarios, los que prometían algo mejor de lo que luego vino, pues
Alejandro, aunque estuvo decidido, y consiguió dar dos buenas series de
derechazos, sin embargo, no se acoplóo con el animal al torearlo con la
izquierda con un toro venido a menos. Remató su frío hacer con una estocad a
que necesitó del descabello. Tampoco el extremeño se acopló con el quinto toro,
al que le pegó pases sin aparente motivación y sentimiento, que aburrieron
tanto al público como al mismo torero, y no encontró redención al matar de una
estocada atravesada y envainada, más nueve intentos de descabello. Talavante
sigue sin definirse en Sevilla.
Reseñas:
Sevilla, sábado
26 de septiembre. Toros de “Parladé” (desiguales de presencia; mansos, flojos y
descastados) para “Morante de la Puebla” (palmas tras aviso; pitos; silencio) y
Sebastián Castella (silencio tras aviso; palmas; oreja). Entrada: lleno.
Sevilla, domingo 27 de septiembre. Toros de “Alcurrucén” (aceptables de presentación y juego; destacaron por su calidad y nobleza el 1º, el 3º y el 4º ; manso y con peligro el 6º) para Antonio Ferrera (saludos tras aviso; oreja), Alejandro Talavante (saludos; silencio tras aviso) y Daniel Luque (dos orejas; saludos). Entrada: 3/4.
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