VIVENCIA: UN MENSAJE DEL PINTOR ESCACENA CON UNA SORPRESA por Mario Carrión. Noviembre 8, 2009

                          (Autoretrato de Pedro Escacena)

                    ESCACENA (autoretrato)

    El 26 de julio, como hago diariamente, al conectar la computadora, inmediatamente abrí el buzón de mi correo electrónico y en la correspondencia había un mensaje de mi  buen amigo el gran pintor y cartelista sevillano Pedro Escacena, que contenía un documento gráfico. Con curiosidad leí el mensaje que decía textualmente:

      Amigo Mario te envío la foto del cuadro al óleo de un muletazo tuyo, espero te guste, como sabes puedes utilizarlo a tu antojo dada nuestra amistad. Espero vernos pronto, un abrazo.

    Pulsé en el documento gráfico y ante mí apareció una impresionante y colorida imagen mía ejecutándole a un enorme animal un pase de tanteo, o de castigo como le llamábamos en mis tiempos. Era una foto de un cuadro al óleo que el artista Escacena había plasmado en un lienzo con sus mágicos pinceles.

    Sentí una enorme alegría el ver la foto de una pintura, que como tantas que Pedro ha creado, ya en el lienzo parecía clamar por un impresor que la convirtiera en un cartel de toros.

    Fue una magnífica sorpresa, auque no debiera haberla sido, pues Pedro unos meses antes ya me había expresado su intención de pintar el cuadro. Esta es la pequeña historia de cómo esto sucedió.

    Cuando voy a Sevilla siempre Pedro y yo nos vemos, pues tenemos una vieja amistad que comenzó en el barrio de la Macarena en Sevilla cuando Pedro y yo éramos chavales aficionados, que entrenábamos con la ilusión de ser torero. Yo lo fui pero mi amigo, después de un intento sin suerte, desitió de serlo y enfocó su ramalazo artístico hacia la pintura, en la cual ha triunfado con creces. De esta amistad y de nuestras divergentes carreras ya hace unos años escribí el artículo DOS AMIGOS, UN CUADRO, DOS CAMINOS.

    Este abril pasado cuando me encontraba en Sevilla con mi familia sevillana para presenciar  las corridas anunciadas para la Feria de Abril, como de costumbre, Pedro me  invitó a su casa para tomar unas copas y charlar, de que más sino de toros y de nuestra juventud. Quedamos en vernos el viernes 29.

    Resultó que el día anterior yo había asistido a la corrida más anticipada del ciclo ferial, en la cual “Morante de la Puebla” y “El Cid”, las dos figuras sevillanas más importantes del momento, se vieron las caras en un mano a mano enfrentándose con los temidos toros de Victorino Martín. Ahora bien yo, como supongo lo hicieron todos los espectadores, salí desilusionado de la Maestranza, pues poco lucido para recordar pudieron hacer los dos diestros, pues ‘los victorinos’ fueron impresentables, flojos y mansearon.  Además, aunque presentaron innumerables dificultades para su lidia, no fueron las alimañas tobilleras que asustan al público y a los toreros.

    Por casualidad,  yo tenía conmigo una foto dando un pase de castigo  a una verdadera alimaña de Escudero Calvo Hermanos, quienes entonces eran propietarios de la ganadería que ahora pertenece a Victorino Martín. El toro lo lidié en las Ventas en Madrid en septiembre del 1957. Curiosamente, esa tarde confirmé dos alternativas, la del aragonés Fermín Murillo y la del trianero Mariano Martín “Carriles”, ambos desgraciadamente ya desaparecidos de este mundo. 

    Se me ocurrió dedicar la foto a Pedro y a su esposa Aurora y dársela durante mi visita, a sabiendas de que la foto nos iba a servir para motivarnos a hablar tanto de las actuaciones del diestro de la Puebla y del de Salteras como del mal encierro de Victorino Martín.

    Ya en casa los Escacena, Pedro, su esposa Aurora y yo nos acomodamos en una típica bodeguilla que tienen, cuyas paredes están adornadas con fotos de toreros y personajes amigos de Pedro, y en la mesa había unas copas y unas apetitosas tapas que Aurora nos había preparado. En ese ambiente lo natural era hablar de toros y, especialmente, de lo que estaba sucediendo en las corridas de la  preferia sevillana, y al momento de referirnos al encierro de Victorino, lidiado el día anterior, le di la foto mía a Pedro. Mientras yo le daba información sobre la foto, noté como los ojos del artista miraban muy fijamente la imagen del pase, como estudiándola, y después de unos instantes de silencio, me dijo “¿te importa si la pinto?”.

    Para mi era una pregunta retórica, pues como me iba a importar que una foto mía hubiera inspirado a un artista para crear un cuadro. No hay que decir que le contesté diciéndole que  me encantaba la idea. Después continuamos disfrutando del encuentro y nos despedimos.

    Unos días después me llamó para preguntarme que cual era el color del traje ya que, como es lógico, la fotografía en blanco y negro no lo mostraba. Le dije que yo  nunca he puesto énfasis en los colores, por lo tanto no lo recordaba. Ahora bien, a mi siempre me había gustado el color azul claro, pero que él usara su creatividad para vestirme del color que quisiera.

    En mayo volví a los Estados Unidos, y en verdad que hasta ver el mensaje con la foto del cuadro, me había olvidado del asunto, no porque dudara de la buena intención de Pedro, sino que como sé que él siempre está ocupado pintando en su estudio para cumplir con los encargos, tal vez el artista hubiera pospuesto o olvidado el plasmar la imagen de su amigo Mario toreando. Pienso ahora que eso hubiera sido natural.

    No sé si el cuadro llegará a convertirse en un cartel de toros, pues eso no depende de Pedro, sino del dueño del establecimiento de litografía que viene de cuando en cuando a su estudio a escoger cuadros para reproducirlos en esos coloridos carteles que llevan la firma de Escacena.

    Que mi imagen aparezca en un cartel de toro lógicamente me gustaría. Sin embargo, para mí lo  importante es recordar la intensidad como Pedro miraba mi foto cuando me dijo que quería pintarla. Esa expresión del artista, ahora que llevo medio siglo fuera de los ruedos, era como oír un resonante ‘oleee..’ en la Maestranza o en las Ventas.

    ¡Gracias Pedro Escacena!

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