VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO:
    NOVILLERO CON PICADORES
    1954-5, HACIA LA ALTERNATIVA
    por Mario Carrión. Agosto, 2007

 

 

    En VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES, PRIMERA ETAPA 1952-3, TRIUNFOS Y CORNADAS relaté como durante esa etapa de mi vida profesional comencé a sentirme a estar en la gloria después de abrir la Puerta Grande de las Ventas en septiembre del 1952, y como inicié la siguiente temporada con considerables triunfos cuando la desgracia se cebó conmigo en la forma de cuatro cornadas consecutivas en apenas unos cuarentas días, las que me afectaron física y síquicamente. Completaba las memorias aludiendo a como entraba Año Nuevo 1954 confrontando un futuro taurino dudoso y difícil pero, como al mismo tiempo, siguiendo mi propia prescripción sicológica y con el apoyo del calor de mi familia, había recuperado el ánimo y estaba preparado para afrontar con paciencia, tesón y confianza los escollos que se presentaran en la temporada del 2004.

    En este nuevo capítulo de mis vivencias rememoro mis andanzas taurinas que van desde que a partir de enero del 1954, cuando afrontaba un oscuro porvenir como torero, como un Ave Fénix taurina, comencé a resurgir de mis propias cenizas con considerable triunfos, hasta que me despedí de novillero en Sevilla el 24 de mayo del 1955, para tomar una triunfal alternativa seis días después en Cáceres.

    Durante el invierno 1953-4 aprendí una lección básica aplicada a la vida de un torero, pues pude comprobar que ‘los amigos y partidarios del torero’ cambian en el trato dependiendo en el éxito de ‘su torero’. Noté que algunas personas, que unos meses antes me mimaban, ahora me trataban con cierta indiferencia o simplemente me ignoraban. Al mismo tiempo, en esos momentos bajos, descubrí también quienes eran los amigos y partidarios reales, como lo fue para mí el ganadero madrileño Emilio Arroyo quien, desde que  yo era un simple aspirante a torero, me había ayudado, y entonces desinteresadamente continuó  brindándome su apoyo.

    Emilio Arroyó seguía creyendo en mí y, como en los años anteriores, me tuvo como invitado en su finca de Moraleja (Cáceres) desde febrero hasta que comencé la temporada en junio, dándome oportunidades para tentar sus vacas y otras de sus amigos ganaderos, e incluso toreé un par de sus toros a puerta cerrada. Allí llevé una vida espartana en el campo y en un par de meses me puse fuerte como un toro y me encontré de nuevo a mí mismo como torero. Ni siquiera me acordaba del dichoso traje de cordoncillos negros, ni de que, según el semanario TORERIAS, yo había batido “el récord de la fatalidad torera".

     

    Con Manolo Martín Vázquez, mi apoderado, no había tenido comunicación desde que yo había vuelto a la Macarena al concluir mi campaña del 1953. Pero un día de enero del nuevo año Manolo se presentó en Sevilla para ver a su madre y, como hizo hacía cuatro años, se presentó en mi casa a renovar el contrato, ya que quería seguir apoderándome. Cualquier duda que yo tuviera sobre su administración se me disipaba en esos momentos, pues creía que entonces yo no tuviera muchas oportunidades para que alguien importante me apoderase. El que mi primo me firmara un contrato por cuatro años me daba la impresión que era causado no solamente porque él confiara en mí como torero, sino también porque él no quería  fracasar como apoderado, si yo saliera adelante con otra persona. Además, que yo supiera, a él no lo buscaba nadie para que lo apoderada. No obstante, especulé que tarde o temprano me buscaría una oportunidad para torear, y entonces yo la aprovecharía, jugándome el todo por el todo. Así que firmamos un contrato de apoderamiento por cuatro años y él con su copia regresó a sus labores en su finca de Jaén, en donde estaría hasta abril. Yo me fui para Extremadura para continuar mi larga espera para torear de nuevo en público. Esto no sucedería hasta ya entrada la temporada cuando el 17 de junio en Daimiel (Ciudad Real) toreé mi primer festejo de la temporada del 1954.

     

    Por fin llegó el momento de enfundarme de nuevo el traje de luces para hacer el paseíllo en Daimiel. Los novillos eran de Frías Hermanos y alternaba con dos novilleros apenas conocidos, Teodoro Muñoz y Juanito Coello. Esa tarde no solamente triunfé con el corte de cuatro trofeos, sino que me encontré fácil y puesto, como si hubiera estado toreando todos los dias. Los periódicos del día 18 hacían eco de mi actuación de manera similar a la reseña que apareció en el YA de Madrid:

     

      TRIUNFO DE CARRION. Daimiel 17.---Novillos de Frías. Mario Carrión faena valiente a su primero, pinchazo y estocada (Oreja y vuelta.) En su segundo gran faena y estocada. (Dos orejas, rabo y petición de pata.)

     

    La repercusión de este éxito no se hizo esperar, pues diez días después me vi anunciado en Zaragoza, en donde el año anterior había tenido actuaciones notables, en una novillada de categoría junto a “Chamaco”, el torero más populista del momento, y toreando un encierro de José Benitez Cubero, una de a las ganaderías más apetecidas de entonces. Completaba el cartel Manolo Zerpa, quien hacía el debut en esa plaza maña. Me extrañaba la conducta de “Chamaco” en la plaza. El parecía estar continuamente en un trance, que no creo era natural en él sino para perpetuar su imagen pública creada por él. Cuando le saludé antes de hacer el paseíllo, bajó la cabeza descortésmente ignorando mi saludo. En el ruedo no se comunicaba con sus compañeros escondiéndose detrás del enorme capote que lo usaba como un telón. Actué con él en varias novilladas más, y lo único que le oí emitir fueron monosílabos. Menos mal que con los novillos se arrimaba como un león y entusiasmaba al personal con un toreo tremendista. Lo más importante era que llenaba las plazas y en ese momento era el mandón de la novillería. Esa tarde el único que cortó una oreja fue el debutante. “Chamaco” dio una vuelta al ruedo al completar su última faena y yo di una al rematar cada uno de mis utreros, estropeando un mayor triunfo por pinchar. De todas maneras reafirmé el buen cartel con que contaba en esa plaza, como muestra esta parte de la crítica que se publicó en el HERALDO DE ARAGON:

     

      Como primer espada figuraba Mario Carrión, que en la pasada temporada sufrió una grave cogida. Frenaba el percance una lucida marcha del familiar de los Martín Vázquez. El domingo Mario Carrión se mostró tal cual era entonces. Buen artista con el capote, que maneja con suavidad y temple lo mismo en los lances a la verónica que en los de adorno, por lo que escuchó repetidas ovaciones en sus novillos y en los de los otros. Las dos faenas de muleta tuvieron el mismo corte: buen mando, buen giro de la franela roja para llevar al toro embebido en naturales de ambas manos, después de fijarlo suavemente por ayudados por bajo. Y en las dos faenas ovaciones y música. Faenas de éxito y de corte de orejas, si con la espada hubiera tenido Mario Carrión la misma habilidad que con el capote y la muleta...[el premio] se quedó en ovaciones y vuelta al ruedo, lo que hubiérase traducido en corte de orejas. Pero de todos modos, Mario Carrión, al  que  como a todos molestó el fuerte viento, ha demostrado que vuelve a la circulación tan excelente torero como antes de su percance y de enfermedades posteriores.

    El día primero de junio hice mi debut en Barcelona, acompañando a “Chamaco” en el cartel, y uso el término acompañando, pues Barcelona entonces padecía de una fiebre chamaquista, y se llegaban a dar tres o cuatro novilladas a la semana con él como única atracción. A tal punto llegó el interés por el novillero onubense, que en la misma plaza, antes que se terminara el festejo por el altoparlante se anunciaba que “Chamaco” torearía tal o cual día con “dos más”. Pues esa tarde, con un mal lote de Lemamié de Clairac, yo me quedé como uno de esos dos más y, al igual que Victoriano Valencia, solamente pude estar voluntarioso, siendo aplaudido, y  dejando toda la gloria para el onubense, de quien anunciaron al final del festejo que torearía dos días después con “otros dos más”.  Era humillante oír ese anuncio para los que teníamos afición y ambición como Victoriano y yo.

    Como mencioné al principio de estas memorias me encontraba con confianza en mí mismo, y en vez de conmiserarme por la falta de orejas, como hubiera hecho antes,  en el coche de vuelta a Madrid, analizando y conversando con mi  cuadrilla me di cuenta que nada diferente hubiera podido hacer para mejorar mi actuación en la urbe catalana. Entonces, me dije filosóficamente “otra vez será”.

    Aquí quiero dedicar unas palabras a dos nuevos componentes de mi cuadrilla: Faustino Vigiola “Torquito” y Manuel Muñiz. Faustino”, como su hermano Serafín,  había sido un fino matador vasco que, al no acompañarle la suerte, se había hecho banderillero hacia bastante tiempo. Estaba ya entrado en años y en el ocaso de su carrera, y algo falto de facultades físicas, las que suplía con un gran concepto de la lidia y una muñeca maravillosa que le hacia acariciar a los toros con temple. Se convirtió en mi banderillero de confianza desde ese año hasta que toreé mi última corrida en España. Apreciaba sus sabios consejos tanto en la plaza como fuera de ella, los que me daba discretamente. Era un caballero a quien siempre recordaré con admiración y cariño. Otro hombre sincero, discreto y bondadoso era el joven picador Manuel Muñiz quien también, primero solo y luego con su hermano Francisco, fue miembro de mi cuadrilla. Lo mismo el maestro “Torquito” como Muñíz, a parte de actuar como mi banderillero y mi picador, respectivamente, fueron grandes amigos y compañeros míos

    La misma actitud de seguridad me hizo no desesperarme al saber que después de haber toreado en Barcelonat no tenía otra novillada firmada en ese mes de junio. Entonces, supe que pronto se iba a ser realidad lo que soñaba desde que me vestí por primera vez de torero, el hacer el paseíllo por el amarillento albero de la Maestranza. Manolo, mi apoderado, me sorprendió comunicándome que tenía una oferta de la empresa de Sevilla para que yo debutara en la Maestranza el  4 de julio. Pero había un gran pero, mi ansiado debut tendría que ser sustituyendo a un torero herido. Me pareció casi un insulto la proposición de tener que presentarme ante mis paisanos entrando en un cartel de rebote, pero le dije a mi primo “di que sí, sí, sí, sí y más que sí, al menos que tengas una mejor oferta concreta para otra fecha”. Obviamente no la tenía, pues me vi anunciado para actuar en Sevilla ese día.

    Unos días antes del festejo me fui a Sevilla para estar con mi familia. Allí vi mi nombre de una manera prominente anunciado en los renovados carteles “¡Gran novillada! PRESENTACION del famoso novillero, triunfador de la temporada MARIO CARRION”.  Que alegría de verme anunciado, y al mismo tiempo me ponía de mala leche al pensar en haber tenido que esperar dos años, y tener sonados triunfos, para poder torear en mi patria chica, y todavía tener que hacerlo sustituyendo a alguien con menor cartel que yo. La mala leche no me duró mucho pues los resultados de mi actuación endulzaron ese amargo sabor.

    Hay cosas internas en el toreo, que aunque uno tiene conciencia de ellas no se para a pensarlas. Cuando mis primos toreaban en Sevilla, yo siempre esperaba que me regalaran entradas, y también observaba que cuando íbamos juntos caminando por el barrio conocidos y extraños les pedían entradas gratis, luego ellos se quejaban privadamente del abuso. Entonces, veía eso como algo natural, sin saber que esas entradas no eran de cortesía, sino por el contrario a ellos la empresa les descontaban de sus sueldos el valor de las entradas regaladas. Pues bien, en esos días antes de mi debut en la Maestranza me tocó a mí estar en el campo de regalar entradas, en vez de recibirlas. Las peticiones se multiplicaban hasta tal punto que era difícil salir de casa sin tener que prometer a bastantes conocidos que el mozo de espadas tendría entradas para ellos un par de días antes del festejo. Lo peor era que, como uno no podía recordar todas las promesas ni satisfacer todas las peticiones, cuando los solicitantes le veían a uno por el barrio después del festejo algunos tenían la desfachatez de quejarse vociferantemente por no haberlas recibido o por haber recibido una entrada de sol en vez de una de sombra. En todas las partes siempre había que regalar algunas entradas por cortesía, pero cuando se toreaba en casa, el asunto se desmadraba llegando a ser los regalos un gasto bastante considerable.

    Para evitar las molestias y no preocupar a mi familia, siguiendo la tradición de los Martin Vázquez y de otros toreros, me hospedaba el día del festejo en el céntrico Hotel Inglaterra cuando toreaba en Sevilla, para allí  vestirme de torero y esperar tranquilo la hora de la corrida.

    Hace poco, cuando estaba con mi hermana Mari-Carmen en Sevilla, ella que bromea mucho conmigo, riéndose me decía  “niño, no te lo ceerías si supieras lo que mamá y yo, aunque entonces yo era todavía una niña, rezábamos por tí mientras tú disfrutabas jugando con los toros y a lo mejor flirteando con las espectadoras”. Entonces, ella me recordó otra antigua tradición torera que se seguía en mi casa cada vez que yo toreaba. La entrada de la casa tenía un portón que durante el día permanecía abierto y la cancela que permanecía cerrada. Sin embargo, en los días de mis actuaciones desde la hora en que empezaba el festejo el portón exterior permanecía entornado hasta que se tenían noticias del resultado de mi actuación, cuando se abría. Era como una señal para que nadie molestara. Mientras tanto mi madre y mis hermana permanecía rezando por mi salud a todos los santos y vírgenes del cielo delante del altarcito que montaban para la ocasión. Mi padre probablemente se distraería leyendo durante ese tiempo, pues entonces para muchos hombres eso de rezar en casa era cosa de mujeres.

    Mi presentación ante mis paisanos me dejó satisfecho, pues estuve tranquilo y a gusto en la plaza cortando un apéndice y siendo llevado en hombros hasta el hotel, que no estaba muy lejos del coso. Esto se leía en el ABC de Andalucia:

       Señalado éxito del sevillano Mario Carrión en su presentación en la Maestranza.

       

      Gracias a ello [La ausencia de Corpas a quien yo estaba sustituyendo] el público pudo comprobar y admirar la clase de un torero---Mario Carrión---llamado, en un futuro muy inmediato a figurar en la línea de vanguardia... Las reses del señor Prieto de la Cal...fueron de mal estilo ,broncas, a la defensiva, con súbitas arrancadas, coladas por ambos lados, dispuestas siempre a cobrar pieza en el peligroso derrote... Si esto supone, evidentemente, un serio obstáculo para la exhibición artística, es por lo mismo, motivo de realce cuando el éxito se logra. Esto es, ni más o menos, lo que ocurrió con el sevillano Mario Carrión, que por vez primera se sometía a un examen de la cátedra del Baratillo. El tema fue difícil, pero el opositor lo desarrolló con absoluto dominio. De aquí que el público saliera de la plaza con el pleno convencimiento de que se hallaba en presencia de un torero...La intuición y el conocimiento del aficionado se planteó enseguida una ecuación simple. Si Mario es un buen torero con ganado difícil ¿qué será con la res boyante?. Esta es la insumergible impresión que quedó en el ambiente. Mario es un torero que tiene valor. No se arredra. Lo demostró en el terreno que pisó y que no cedió a sus difíciles enemigos. Que es artista, lo puso de manifiesto en el estilo del manejo de la capa y la muleta, en que hay gracia, suavidad y gallardía. Y que es inteligente quedó patentado al darse inmediata cuenta de los resabios de sus reses, esquivándolos para tomarlas por otro lado...Al primero lo trasteó tranquilo, sin perderle la cara, haciéndole doblar bien. Faena de mucha emoción, con el ¡ay! constante por inminencia de cogida y la bravura de los pases de pecho. Labor de porfía valerosa, rematada con cuatro pinchazos y rubricada con palmas al diestro y pitos al toro.

       

      En el quinto, con grandes defensas y colándose por ambos lados, Mario brindó a la plaza y logró una gran faena. Para eso se brinda. Una fase previa eficaz...Ya hecho con la res, Mario Carrión a dos dedos de los pitones, clavados los pies en la arena, desgranó una variada teoría de pases excelentes. Redondos, de pecho, naturales por bajos, afarolados, molinetes, parones, todo con suavidad y arte. Las ovaciones se continuaron unas con otras. Tocó la música. Y cuando la res cuadró, no obstante de la res tener la cabeza alta, Mario entró sediento de triunfo, clavando todo el estoque en el morrillo. Le fue concedida la oreja y, mostrándola dio la vuelta al ruedo, doblándose los aplausos al recoger la montera del centro de la plaza. Así debutó Mario Carrión en su tierra.

     

    Después de asearme y reponer fuerzas en hotel regresé a mi casa en la Macarena, en donde ya había familiares, amigos y vecinos felicitando a mi mi familia por mi éxito. Le dije a mi padre “Papá, ¿habrás gozado viéndome triunfar en nuestra tierra? Me contestó tímidamente “Hijo mío, no te vi, me lo han contado”. Esto es lo que este asunto tiene de anécdota. Resultaba que mi padre , quien nunca me había visto torear vestido de luces, se animó y  fue a la plaza acompañado de mi hermano Manolo, e incluso se pasó por el patio de cuadrilla para darme un beso y desearme suerte cuando yo me estaba liando el capote de paseo. Entonces, se despidió de mí diciéndome que se iba a ocupar su asiento en el tendido. Por lo visto no se atrevió a presenciar  a su querido hijo burlando el peligro, por lo que ni me vio torear ese día ni nunca lo haría. Esto sorprendía, especialmente viniendo de un valiente militar condecorado y herido en dos guerras.

    Repetí en mi tierra el 18 de julio y el desenlace en esa ocasión fue descorazonador para mí, pues mientras que hacia el paseíllo tenía la certeza de que de nuevo, a poco que me embistieran mis toros, haría meritos para salir a hombros de la plaza de nuevo, especialmente a sabiendas de que los novillos llevaban el hierro de la prestigiosa ganadería santacolomeña de Joaquín Buendía. No sería así, pues, sin excepción, los novillo salieron, como muchas de las reses actuales, sin fuerzas, cayéndose a menudo y sin trasmitir un gramo de emoción. Por  lo tanto, el público, con razón justificada no le dio importancia a lo que Jiménez Torres, el venezolano César Faraco y yo, los componentes del cartel, les hacíamos a los débiles utreros, aunque si apreció nuestra voluntad con corteses aplausos. No me hubiera gustado estar en el tendido esa tarde, pues aquello era el colmo del aburrimiento y para mi en el ruedo fue el colmo de la desilusión. La parte positiva era que aparentemente conservé mi buen cartel, pues la empresa en marzo del 1955 firmó dos novilladas a mi apoderado, a más dinero que querían pagar, una para la Feria de Abril y otra para despedirme  de mis paisanos como novillero.

     Entre esas dos actuaciones en la Maestranza el 11 de junio actué de nuevo en Zaragoza, en donde consolidé el cartel ganado en mis tres buenas actuaciones anteriores, pero esta vez con corte de oreja, pues la espada no me falló, como antes me había fallado en esa plaza. La terna de los novilleros era la misma que en la del 27 de mayo, pero lidiando reses de diferente ganadería. El titular de EL RUEDO resume de esta manera lo que sucedió en el ruedo aragonés:

       

      NOVILLADA EN ZARAGOZA. Toros de CONCHA Y SIERRA para CARRION, ZERPA Y CHAMACO. Carrión cortó una oreja, Zerpa pasó a la enfermería y Chamaco fue ovacionado.

    Después de mi segunda actuación en Sevilla me quedaba dar la cara en Madrid para demostrar que después de mis cornadas del año pasado, lo bueno que se estaba leyendo o oyendo decir de mis actuaciones en esta temporada era verdad, y no un decir de la prensa. En realidad, cuando mi apoderado me comunicó que el primero de agosto volvería a Madrid, el anuncio no me quitó el sueño, pues en la capital a diferencia de Sevilla, contaba con muchos amigos y partidarios. Sentía una gran paz, y naturalmente cierta preocupación, pues aunque estaba dispuesto a jugarme mi ser, si salieran novillos como los que me salieron en mi segunda aparición en Sevilla, con ellos aunque te dejes matar hay poco que se puede hacer, ya que los jodidos animales dan la falsa impresión al público de no tener peligro.

    Pero no seria ese el caso, pues esa tarde madrileña salieron unos utreros con garras de José Tomás Frías con las necesarias dificultades para que tuviera mérito la valerosa labor de los toreros. El cartel lo componíamos Miguel Montenegro, el malagueño Manolo Segura, que hacia su presentación, y yo. La novillada fue triunfal, no triunfalista, Montenegro dio una vuelta al ruedo, Segura cortó dos orejas a un novillo y yo corté una oreja a mis dos utreros. El malagueño abrió la Puerta Grande por primera vez y yo por segunda.

    La primera vez que lo logré en el 1952 el hecho me impactó de una manera general, pues sabía la repercusión que eso podría tener en mi carrera pero, en realidad, me figuraba que había hecho casi todo bien, pero no era capaz de recordar los detalles de mi actuación, era demasiado novato para ello. El reenfuerzo exterior me ayudaba a comprender la importancia de esa salida en hombros. En cambio, en esta ocasión saboreé cada minuto del suceso, habiéndome sentido torero desde que paré a mi primer novillo hasta que completé un buen quite al último novillo de Segura. Sin falsa modestia puedo decir ahora que entonces  me sentía consciente del mérito de lo que había realizado y no necesitaba que otros me lo dijeran, y cuando al terminar la función me alzaron en hombros no me sorprendió, porque sentía que esa salida había sido ganada a pulso. Delante de mí tengo mi álbum del 1954 recopilado por mi padre con las crónicas de esa tarde y me es difícil escoger la que mejor me juzgaba. Aquí va parte de lo que se publicó en EL RUEDO:

    TORERO DE SOLERA

      En esta época de fenómenos---muy apreciables sin dudas---extraña ver en el ruedo jóvenes vestidos de luces que no son mas que toreros, pero toreros en toda la extensión de la palabra. Esto de no querer ser más que torero...es ambición que solo comprenden quienes llevan muy metidos en las venas  ese delicioso veneno que es la autentica y desatada afición. A fenómenos puede aspirar todo el mundo, pues para aspirar a serlo basta con ser ambicioso y tener valor; a torero aspiran solo los que torean, y solo llegan los que tienen valor, afición, gracia, arte y una suma de conocimientos dificilísima de conseguir. Mario Carrión es torero en toda las acepciones que la palabra pueda tener; pero singularmente a la que hace referencia concreta, exacta y total a la finura, a la alada gracia del toreo que es puro juego de facetas artísticas; a ese suave perfume, a ese misterioso sabor que únicamente la solera selecta puede proporcionar... Carrión no es más que eso torero.

      El domingo toreó el sevillano el lote menos grato. El primero era bueno; pero embestía descompuesto porque una banderilla muy mal colocada le hacía cabecear repetidamente. El cuarto hizo cosa de poco bravo. Por fortuna para los espectadores el lote cayó en manos de Mario Carrión

      Lo mejor que se hizo con el capote Mario se lo apuntó. Lances largos, suaves, mandones...lances pintureros y alegre además. En sus novillos, y en quites, los aplausos más fuertes, en justicia, fueron para Carrión. La faena que cuajó, prodiga en naturales, fue hecha bajo el signo del valor. El sevillano anda ahora muy decidido y si continua así, será difícil que no triunfe siempre que toreé. Fue muy alegre y emotiva esa faena al primero, y como mató el mozo de una entera, cortó una oreja y dio la vuelta al ruedo.

      El cuarto salió suelto de los cuatro encuentros que tuvo con las plazas montadas. El bicho no era bravo, pero Carrión como a bravo lo toreó. Eso de torear un astado soso y nada codicioso como a un bicho de bandera solo pueden hacerlo los grandes toreros. Y Carrión lo hizo. Más de treinta muletazos, con la derecha unas veces, con la izquierda otras, por alto o por bajo...Una gran faena, coronada por un estoconazo a un tiempo que fue premiado con otra oreja y nueva vuelta al ruedo. Ahí queda el nombre de Mario Carrión en alto.  

       

    Volvería a actuar en la Ventas el 22 de agosto pero antes toreé tres festejos mixtos en Portugal y dos novilladas en Andalucía.

     

    Comencé la gira actuando con mucho éxito en la novillada de la Feria de las Colombinas en Huelva el 5 de agosto.  Formamos el cartel Victoriano Roger “Valencia”, el mexicano Alfredo Lezama y yo lidiando una buena novillada de Felipe Bartolomé. Los tres espadas tuvimos exitosas actuaciones cortándoles las orejas a un novillo y yo, además, di una vuelta al ruedo en el otro. Los tres abandonamos el ruedo en hombros.

    Al día siguiente de Huelva pasamos a Portugal para actuar en tres festejos en ese país hermano: el día 8 en Figueira Da Foz, el 10 en Beja y el 15 en Caldas de Rainha. Como es sabido en Portugal las corridas son mixtas y, por lo tanto, en esos tres festejos actué junto a las grandes figuras del rejoneo portugués como Simao de Veiga, Joao Branco Nuncio y Francisco Sepúlveda, los matadores lusos Paco  Mendes y Antonio Dos Santos, y el novillero español Juanito Bienvenida. En las tres corridas triunfé enfrentándome, no a novillos, sino a toros cuajados los que,  aunque despuntados, al estar enteros sin picar había que estar en gran forma física, para primero lidiarlos y dominarlos lo más posible, toreándolos sobre las piernas, para  hacerle luego el toreo bueno, aunque no siempre con el temple con que se acaricia al ganado picado lidiado en España. Sin cortar orejas, pues allí no se efectúa la suerte suprema, gusté y di vueltas al ruedo en cinco de los seis astados que lidié. Durante esa semana, aparte de haber disfrutado en el ruedo me dio tiempo para hacer nuevos amigos y admirar ese bello país hermano al que volvería  en las dos próximas temporadas.

    Terminados esos compromisos, cruzamos la frontera por Ayamonte el día 16, vía Sevilla, y rumbo a  Cazalla de la Sierra para torear allí el último festejo ante de presentarme de nuevo ante la afición madrileña. Dormí esa noche en mi casa sevillana para a la mañana siguiente seguir el viaje a Cazalla, que se halla cerca de la capital andaluza.

     

    El martes 17 tendría otro éxito más en la novillada de la Feria de Cazalla, lo que me serviría para ir con la moral aun más alta a hacer el próximo  paseíllo en las Ventas el domingo 22. En este pueblo toreé sustituyendo a Jaime Ostos. Para mí el sustituir a alguien me hacia pensar en la diferencia que un año hace, pues por esas fechas en la temporada anterior yo me moría de cólera sabiendo que en más de una veintena de novilladas alguien había toreado en mi lugar, mientras yo yacía herido en una cama en el Sanatorio de Toreros en Madrid. Mi sentimiento era ambivalente, pues aunque por un lado me entristecía que Ostos, en este caso, no pudiera actuar por estar herido, pero por otro lado egoístamente me alegraba de ser yo el que ocupara su puesto. En el toreo a menudo el mal de uno se refleja en el bien de otro.

     

    Los novillos pertenecían a los Hermanos Quintanilla Vázquez y alternaban conmigo mi paisano y amigo el agitanado torero Antonio Gallardo y el onubense Manolo Zerpa. Este y yo obtuvimos trofeos y salimos a hombros. Este triunfo no tenia mayor importancia pues tuvo lugar en un pueblo, pero para mí tuvo un añadido valor, ya que muchos aficionados sevillanos habían venido a ver a Gallardo quien, aunque corto de valor, tenía la reputación de ser un torero de arte y pellizco, pero se encontraron conmigo.

     

    Esa noche volví a dormir a mi casa en la Macarena, y por la mañana mi familia y yo tuvimos el  placer mientras desayunábamos de leer las buenas criticas publicadas en los  periódicos locales que tenían titulares similares al que encabezaba la de  EL CORREO DE ANDALUCIA. Este decía en letras grandes, “Una gran tarde de Mario Carrión que cortó una oreja en  su segundo. Manolo Zerpa y él salieron a hombros”.

     

    El jueves al anochecer, harto de comer arroz con leche me despedí de mis padres y hermanos. Hago esta referencia a ese manjar blanco, porque este plato con mucha canela era, y es, mi plato favorito, con el cual rompía mi dieta siempre que pasaba por casa durante la temporada, pues mi madre me cocinaba una fuente que poco a poco yo la vaciaba. Aun hoy cuando voy anualmente a pasar unos días con mi hermana Mari-Carmen y mi cuñado Antonio Mihura duranate la Feria de Abril en Sevilla, mi hermana siempre me tiene preparado una fuente de arroz con leche. La como con ganas, pero al mismo tiempo que el dulce me satisface el paladar, el manjar me trae a la memoria el recuerdo de mi madre, la que perdí víctima del cáncer cuando ella contaba solamente 54 años de edad. 

     

    A mis padres, aunque trataban de ocultármelo, los notaba preocupados por mi pendiente actuación en Madrid, pues aunque no comentábamos mucho sobre los toros en casa, ellos estaban muy conscientes de la importancia que mi actuación en Madrid tenía parar mi carrera. Además, me conocían bien para saber a que yo iba como se dice en argot taurino “a por todas”, y eso creo les incrementaba la preocupación. Así que el adiós fue algo tenso. El jueves por la noche mi hermano Manolo y unos amigos me acompañaron a la estación de trenes, en donde tomaría el tren expreso para Madrid. Me gustaba, cuando era posible, viajar de noche en coche-cama para llegar descansado al lugar de destino. Entonces, el viaje de Sevilla- Madrid por tren o coche tardaba al menos ocho o nueve horas, cuando hoy toma poco más de dos horas viajando en el tren AVE.

     

    Mi sorpresa en Madrid era el saber que mi repetición y la de Manolo Segura, quienes juntos habíamos abierto la Puerta Grande, había causado que en el cenit del verano, el 22 de agosto, cuando una gran mayoría de los madrileños se hallaban respirando el aire fresco de la sierra o tendidos en las arenas de las playas, en las taquillas se había puesto el cartelito de “No hay billetes”. Otra cosa que me sorprendía era que mi apoderado había conseguido que el cartel lo completara Ramón Barrera, un novillero con más antigüedad que yo, por lo tanto yo no tenía que encabezar la terna. El encierro era también de reconocida calidad, de Arturo Sánchez y Sánchez de Salamanca. Ahora lo que hacía falta era que los novillos medio embistieran y yo aprovechar la ocasión. Lo hice triunfando de nuevo ante mi público, pero esta vez pagué un pequeño precio con sangre por el éxito, ya que fui cogido por mi primer novillo al dar un pase de pecho cuando estaba cuajando una gran faena.

     

    Me mantuve en el ruedo hasta matar al novillo de una estocada, no pasando a la enfermería hasta después de dar la vuelta al ruedo con la oreja que me habían concedido, y que fue la única que se otorgó esa tarde. Así describía la herida el doctor Jiménez Guinea:

     

      Mario Carrión sufre una herida por asta  de toro en el tercio interior del muslo derecho, que en trayectoria vertical de diez centímetros produce desgarros  en los músculos semimembranosos y semitendenosos. Pronóstico menos grave. Pasó al Sanatorio de Toreros sin poder continuar la lidia.

     

     Este sería mi último percance como novillero y la única vez que fui herido en una plaza de primera, y más que la herida, que no tenía importancia, me dolía el no haber podido enfrentarme con mi segundo novillo, del que luego supe que fue toreable, para redondear mi actuación con otra apertura de la Puerta Grande.  Esta fue mi actuación de acuerdo con la crónica en

     

      Sigue en alza el “papel” de Mario Carrión. Está en su momento. Sobrado de valor y arte ya que el capote ni la muleta tienen secretos para él. En una palabra, apto para mayores empresas. Los primeros aplausos los escuchó al hacer un quite por gaoneras en el que rompió plaza, modelo de quietud y garbo. Luego en el primero de su turno, volvió a oír los halagos de las palmas al lancear a la verónica y en quite primoroso. La faena a este novillo fue toda ella jaleada por la elegancia y salero que puso en la labor. La inició con ambas rodillas en tierra para pasarse el enemigo rozándole el corbatín en dos emocionantes pases, que remata---de pie ya---con un soberano de pecho. Enciende el entusiasmo en los tendidos y vuelve con otro rodillazo y un cambiado de asombro. Cita con la zurda, pero el burel no está claro por ese lado, por lo que pasa el trapo a la diestra y dibuja cuatro redondos con el remate de un reluciente farol. Los olés no cesan. Otra tanda igual que la anterior con adorno y,  al ligar otro de pecho sale enganchado por confiado y valiente. Como un jabato vuelve al novillo, al que le enjarreta una pedresina superior y otro de pecho extraordinario. Dos maravillosos de la firma, para cuadrar y entrar todo derecho y enterrar el estoque hasta la guarnición. Se le concede la oreja, da la vuelta al ruedo entre aclamaciones y después de saludar de nuevo pasa a la jurisdicción del doctor Jiménez Guinea...

       

    Permanecí una semana en el Sanatorio de Toreros y reaparecí el 2 de septiembre en Daimiel (Ciudad Real) completamente restablecido tres días después de abandonar la clínica, El cartel lo encabezaba Angel Peralta, rejoneando solamente un novillo, al que le cortó las dos orejas y el rabo, y lo completaban Victoriano Roger “Valencia” y “Carriles”, quienes también obtuvieron trofeos, dos el primero y uno el segundo, y yo que corté tres orejas y un rabo. El rejoneador, “Valencia” y yo abrimos la Puerta Grande.

     

    Para mí en Daimiel los trofeos fueron lo de menos, pues esa tarde a mi segundo novillo, un animal que hoy hubiera sido  indultado, le bordé la que creo habrá sido la faena más completa de mi vida, tanto que lloraba como un niño chico de la emoción al dar una de las vueltas al ruedo. Estaba emocionado por tres razones; una porque por primera vez en mi vida torera me daba pena de haber tenido que matar a ese novillo, la otra que mi primo y apoderado, que raramente, hasta ese momento, me había alabado mis actuaciones y siempre “por mi bien” me criticaba cualquier pequeño defecto que hubiera podido tener, al arrimarme a la barrera para entregar la muleta y la espada a “Monterito”, mi fiel mozo de espada, me dijo, también con sus ojos humedecidos y abrazándome “así como has toreado torean las grandes figuras del toreo”; la tercera razón era que tanto ese novillo como los cinco restantes, aunque se lidiaban todavía a nombre de los antiguos dueños Jordán de Urries, en realidad pertenecían a mi padrino taurino y amigo Emilio Arroyo y yo los había visto crecer ante mis ojos en la finca que Emilio tenia en Moraleja y, en donde, como he apuntado anteriormente, yo pasaba los inviernos tentando, entrenando. También, me satisfacía  que hubiera sido yo quien tres años  antes le recomendara a Arroyo que comprara esa ganadería cacereña de la que yo había oído decir en Cáceres  que se vendía por apenas el precio de la carne. O sea, que en cierto modo mi gloria de esa tarde y la del ganadero la compartimos mutuamente.

     

    Mi alegría de ese día solamente se interrumpió por un pensamiento negativo, pues mientras me duchaba en el hotel después de la novillada, no pude evitar que mi mente se distrajera pensando  en que era una pena que un novillo así no me hubiera salido en Madrid, en donde mis triunfos siempre habían sido con reses más o menos buenas, pero con las  que había que pelearse.

     

    A esta actuación le siguieron otras con los siguientes resultados:

     

    • El 5 de septiembre actuación en la Feria de Palencia. Se lidió un serio encierro de Ramos Paúl, cuyos novillos, en general, llegaron con dificultades al último tercio. Cartel: Angel Peralta, cortó dos orejas; Pepe Ordóñez, fue herido gravemente en su primer novillo; el local Marco de Celis, obtuvo un triunfo sonado; y yo, en tres novillos mi mayor premio fue solo oír ovaciones al terminar con ellos.
       
    • El 7 de septiembre actuación en la feria de Murcia. Una buena novillada de Ramos nos permitió triunfar y abrir el portón principal a Angel Peralta, Paco Corpas y a mi. El rejoneador y yo nos llevamos dos orejas y rabo. Corpas desorejó por partida doble a su ultimo novillo mientras que Paco Hernández fue aplaudido en su lote.
       
    • 8 de septiembre actué en la novillada de la Feria de Bélmez (Córdoba) Antonio Vázquez, Pepe Cisterna ---nombre que era apto para bromas de mal gusto entre aficionados y taurinos--- y el joven rejoneador “Florito de Cáceres” nos enfrentamos con un buen encierro de José Moreno Santamaría, y todos obtuvimos algún trofeo.
       
    • El 11 de septiembre se me suspendió por lluvia la novillada en la que estaba anunciado en Zaragoza.
       
    • El 12 de septiembre debuté en Valencia con una novillada de Conradi que, como se dijo en un periódico, era “poderosa y tenía feo estilo”. Dejando atrás las florituras tuve una petición de oreja en el cuarto, la que se quedó en una vuelta al ruedo, la que motivó el titulo de LA HOJA DEL LUNES de Valencia, que concluía que “Mario Carrión tuvo un feliz debut, demostrando ser un torero de calidad”. Mis colegas  Alberto Díaz “Madrileñito” y  Bartolomé Jiménez Torres estuvieron valientes y decididos, pero poco pudieron hacer con sus difíciles lotes.
       
    • 13 de septiembre actué en Albacete con Fermín Murillo, a quien en 1957 le confirmaría su doctorado en las Ventas, y con “Chamaco”, lidiando una muy terciada novillada de Felipe Bartolomé. Todo fue normal  en los dos primeros novillos, pero al salir el abecerrado tercero el público comenzó a protestar ruidosamente, abroncando al espada onubense y a la empresa. En el cuarto y el quinto el ambiente se normalizó algo, pero al salir el sexto, un animal más apto para un festival que para una novillada, aquello fue una guerra. De los tendidos empezaron a llover almohadillas botellas, y toda clase de objetos que parecían proyectiles. Ahora las iras del público no discriminó entre los espadas. Como sería la cosa que al doblar el animal, tuvimos que salir de la plaza protegidos por la Guardia Civil, y ya en el coche, en vez de ir al hotel, nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad, en donde en un mesón en la carretera nos aseamos y cambiamos de ropa,  una vez que el mozo de espadas nos las trajo del hotel en un taxi.

     

    Esta experiencia en Albacete me indujo a pensar en la psicología de la masa, bajo cuyo efecto la personalidad individual se ve afectada por la fiebre del grupo, y la bondad individual puede malograrse. En mis actuaciones durante diez años en los ruedos, he oído algunas protestas y he sido testigo de grandes broncas, pero afortunadamente nunca, ni antes ni después de lo relatado, he presenciado una conducta similar de la masa, en la cual por un momento verdaderamente temí más a un defraudado público que a las astas de mis novillos. Y esto no quiere decir nada negativo para Albacete ni para su gente, pues podría haber sucedido en cualquier parte.

     

    Con respecto a la novillada de Albacete, hasta hoy creo, aunque mi apoderado lo negaba, que hubo trampa en el sorteo, pues la diferencia entre el volumen y el trapío de los lotes de Murillo y mío y el de “Chamaco” era enorme.

     

    No sé cual sería la causa, pero la de Albacete fue la última novillada que toreé en septiembre. Esta pausa me provocó cierta desilusión, pues la hacía cuando me encontraba en mi mejor momento. Durante esos días una situación se desarrolló, la que fue una lástima que no hubiera tenido otro desenlace.

     

    Me refiero a que hubo unas negociaciones con el empresario de las Ventas Livinio Stuyck para que yo toreara una novillada especial con novillos del  Conde de la Corte ante que terminara la temporada, probablemente en un mano a mano con Pepe Ordóñez o con otro torero dinástico. Al no realizarse, le indiqué a mi primo que sería un golpe el que yo la toreara en solitario, pues me veía capacitado para ello. A él le pareció eso demasiado arriesgado. En cambio, yo pensaba que, para tener verdadera fuerza, tendría que hacer algo súper extraordinario, pues lo extraordinario no parecía ser suficiente para yo llegar a la cima. Este pensamiento negativo era causado porqué no me explicaba ese pequeño alto en el camino a final de septiembre al que me refería en el párrafo anterior. Nunca se me dio una explicación del porqué esa oferta no se realizó, y si hubo  o no un malentendido con la empresa en las negociaciones. El caso fue que no toreé en Madrid esa temporada ni tampoco lo haría el año siguiente.

     

    El 10 de octubre cerré mi campaña 2004 actuando en  la novillada de la Feria del Pilar de Zaragoza, y la concluí  en el mismo tono triunfal como la había empezado en Daimiel en junio. Actuamos el catalán Joaquín Bernardó, a quien también dos años más tarde le confirmaría su alternativa en Madrid, el aragonés Antonio Palacio, y por delante actuaba mi amigo el rejoneador Bernardino Landete, quien en 1955 formaría parte del cartel de mi alternativa y con quien compartiría varios carteles en mis campañas americanas. Como ya he incluido varias largas citas de la prensa relatando  algunas de mis faenas, abrevio incluyendo solamente  la reseña del festejo de EFE que da una idea de como dije adiós a la temporada:

     

      Zaragoza 10. Cinco novillos de Bohórquez y uno de Atanasio Fernández, grandes y dificultosos. El rejoneador Bernandino Landete dio la vuelta al ruedo.Mario Carrión tuvo una gran tarde, tanto al torear con la capa como en sus dos faenas que fueron jaleadas por el público. Como mató muy bien a sus dos novillos, en el primero le fue concedida la oreja con petición de la otra y salida, y en su segundo dio la vuelta al ruedo entre grandes ovaciones.

     

    A diferencia del final de la temporada del 1953, cuando al completarla me encontraba débil físicamente y desmoralizado síquicamente, y no tenía ganas de permanecer en Madrid más tiempo que el necesario, al volver de Zaragoza y antes de regresar con mi familia a Sevilla, ese año me quedé unos días en Madrid para, desviándome de mi vida espartana, divertirme con mis amigos y partidarios para celebrar el buen resultado de mi campaña. ¡Qué bien lo pasé esos días en Madrid disfrutando de la vida loca!

     

    Volví  a Sevilla para compartir mi buen estado de ánimo con mi familia, y allí no tuve tiempo de momento para más celebraciones, ya que continué  con mi entrenamiento, pues el primero de noviembre tenía que torear un festival a beneficio del Ateneo para recaudar fondos para dar juguetes a los niños pobres el Día de los Reyes Magos. Excepto por la rejoneador Beatriz Cuchet y el onubense Zerpa, los otros componentes del cartel eran, como yo, novilleros sevillanos: “Carriles”, Pepe Rivas, Juan Gálvez, Rafael Jiménez “Chicuelo” y Ruperto de los Reyes. Un plato fuerte del festival era que los grandes rehileteros Julio Pérez “Vito” y Antonio Luque Gago banderillearían mano a mano los siete novillos. No fue una tarde de orejas y entre los sevillanos no hubo vencidos ni vencedores, ahora bien el público se divirtió, y además hubo buenos beneficios económicos para ayudar a la noble causa del festival. Las reses pertenecían a diferentes ganaderías, incluyendo un Miura que se lo llevó “Carriles. A mí me tocó un dificultoso toro enano cuatreño de Pablo Romero, con el que estuve muy lucido y por encima de las condiciones del animal. Obtuve muy buena prensa y buenos comentarios de la afición, y efusiva enhorabuenas de los conocidos. No obstante el buen resultado de mi actuación, a mí me quedó cierto mal sabor de boca al no tener respuesta al porqué no podía tener en la Maestranza la misma suerte que tenía en las Ventas.

     

    Los meses de noviembre y diciembre los pasé en Sevilla, como quien dice cargando las pilas antes de empezar a prepararme para la temporada del 1955, cuando esperaba tomar la alternativa.

     

    Divagando sobre mi campaña durante la temporada del 1954, me enorgullecía de haber sido capaz de remontar mi carrera cuando nadie o poca gente lo esperaba, como también de haber toreado veintidos novilladas, a pesar de no haber reaparecido hasta mediado de esa temporada. Además, me alegraba de haber obtenido triunfos casi todas las tardes en las que actué, los que incluían el cortar tres orejas en Madrid en dos actuaciones y el abrir  la puerta principal de las Ventas por segunda vez, como también me satisfacía el saber que había triunfado en Sevilla, Zaragoza, Murcia, Huelva y otras sitios importantes. Y sobretodo me sentía  torero, buen lidiador y seguro en la plaza, hasta tal punto que raramente un cronista no se refería en su crónica a que yo ya estaba más que listo para la alternativa. Al K-Hito evaluar las campañas de los novilleros en esa temporada, refiriéndose a la mía decía:

     

      El macareno Mario Carrión es un torero cuajado, sabroso, con todas las pinturerías de la Resolana 11 ¡Un matador de toros!---dicen la gente al verlo torear---. Y eso es, efectivamente, Mario Carrión. Al doctorado, pues. Será la suya una de las primeras alternativas que se concedan en la temporada entrante.

    Así que desde que se inició el año 1955 yo ya solamente pensaba en ese momento cuando un maestro me entregara los trastos para convertirme en doctor en tauromaquia, aunque mientras tanto estaba dispuesto a torear algunas novilladas. Serían dos más. Ahora, basado en mis antecedentes taurinos en que, después de un unos fáciles principios como novillero sin caballos nada me vino fácil, empecé a especular si para doctorarme tendría que esperar tanto como lo hice para debutar con caballos.

     

    En febrero, cuando mi apoderado hallaba encerrado en su finca en su papel de labrador, él no tenía una fecha fija para mi alternativa.  Su idea era que tomara la alternativa en una corrida de la Feria de Abril en Sevilla. Lo de Sevilla no cuajó, en cambio los empresarios me firmaron dos novilladas a muy buen dinero y en buenas condiciones, una para la feria y otra para despedirme de novillero. En Madrid nos ofrecían una novillada para despedirme de mi público como novillero, la cual mi apoderado no creyó conveniente que yo la toreara. Sin embargo, para San Isidro la empresa no quería comprometerse con nosotros para mi alternativa hasta tener cerrado los contratos con las grandes figuras. Mientras tanto, la empresa de Cáceres, la ciudad que me había adoptado como suyo, nos ofreció que yo tomara la alternativa en su feria.

     

    Así que Manolo apostó por lo seguro y firmó el compromiso para hacerme matador de toros el día 30 de mayo con Emilio Ortuño “Jumillano” de padrino y Pedro Martínez “Pedrés” de testigo. Esto eliminaba el torear en San Isidro ese año como matador de toros. Yo no tuve nada que decir de todo esto, ni se me consultó ni yo pedí explicaciones, mi único interés era doctorarme cuanto antes mejor y mientras tanto torear cuantas más novilladas mejor, donde fuera, como fuera  y con quien fuera, para estar listo, primero para mis actuaciones en Sevilla y luego para recibir la alternativa.

     

    De todas maneras desde mediados de enero ya me encontraba en la finca de mi amigo Emilio Arroyo preparándome y esperando noticias de mi apoderado. Estas no se hicieron esperar, pues Manolo me puso una conferencia para decirme que estuviera con Emilio Arroyo en Madrid para el sábado 26 de febrero, pues en esa fecha me daban un homenaje en el Hotel Palace para conmemorar mis triunfos en esa ciudad. En verdad, la noticia me halagaba y no quiero aparecer desagradecido, pero hubiera preferido que Manolo me hubiera dicho que ese día toreaba una novillada. Así se reportó el homenaje en ABC:

     

      TAURINAS. Homenaje a  Mario Carrión. Un grupo de amigos y admiradores de Mario Carrión tributó esta tarde un homenaje al torero sevillano, que tomará la alternativa en la temporada que ahora comienza...Hablaron Pepe Almenar,  “K-Hito’, García Ramos y “Curro Meloja”, quienes hicieron historia de la dinastía de los Martín Vázquez, a la que pertenece Mario Carrión, y elogiaron las virtudes de este, ya casi matador de toros, que como novillero lució, junto a las esencias de la escuela sevillana, el toreo profundo de la escuela rondeña...Mario Carrión dio las gracias en emocionadas frases y dijo que el único deseo era poder corresponder en los ruedos al cariño con el que público le trataba...Al acto asistieron ganaderos, empresarios y los críticos taurino madrileños. CIFRA

    Desgraciadamente, no hubo otra oportunidad para actuar antes de Sevilla. Por consiguiente, comencé la temporada tarde el 24 de abril en la novillada de feria, y sin torear en otras partes. Luego, volví a la Maestranza el 22 de mayo para despedirme para siempre del público sevillano.

    De la novillada de la feria, en la cual lidié novillos de Juan Guardiola Soto, junto a César Faraco y Ruperto de los Reyes, se reportaba en ¡OIGA! lo que sigue:

     

      Negra la suerte del macareno Mario Carrión. Le tocaron dos novillos bravos pero que desarrollaron sentido de toros viejos. Mario...estuvo en novillero muy próximo a la alternativa en ambos bureles. Unase al peligro de sus enemigos que la presidencia se volvió a equivocar---una vez más---al cambiar a su segundo astado con un puyazo de menos. No decreció el cartel de que el macareno, primo de los Martín Vázquez, goza en Sevilla. Sus momentos lucidos con pañosa y franela fueron abundantes y como mató pronto y decidido a los dos toros que la suerte le deparó, su clase y deseo se aplaudieron con largueza. Una vez más la frase de Felipe II, ante el desastre de la Armada Invencible, viene bien a la situación, Mario no vino a Sevilla a luchar en contra de los desencadenados elementos. La mala suerte le jugó una mala pasada. Pero él sigue siendo, como sabe toda la afición, un gran torero.

     

    En la novillada del 22 de mayo en la Maestranza que cerró mi etapa de novillero hicieron el paseíllo conmigo Luis Francisco Peláez y Ruperto de los Reyes para lidiar un encierro de José Escobar. Mi primer novillo era difícil pero a base de arrimarme conseguí ser aplaudido, pero en mi segundo, novillo bueno y de nobles arrancadas, me lucí de verdad, toreando a gusto desde que me abrí de capa hasta cuadrar al astado. Y digo hasta cuadrar, ya que con la espada, pinché dos veces y los trofeos se disiparon. A lo mejor el critico del ¡OIGA! llevaba razón en eso de “la negra la suerte del macareno” en Sevilla. En cualquier otra parte, incluso en Madrid, hubiera estado feliz con cuajar una buena faena sin trofeos como la de ese día, pero no en Sevilla. Mi ambición había sido haber abierto la Puerta del Príncipe de novillero para ser ‘un torero de Sevilla’ como lo era de Madrid, pero no pudo ser. Me sentía respecto a mi patria chica como esos hijos ignorados por los padres que ansían atraer su atención. Esto se escribió en el diario SEVILLA de esa faena y de mi toreo con el capote:

     

      En su segundo instrumenta seis verónicas de extraordinaria ejecución y belleza que se ovacionan largamente, siendo obligado a saludar desde el tercio...Carrión hace un quite portentoso con las dos rodillas en tierra que arrancaron atronadoras ovaciones que le obligaron nuevamente a saludar desde el tercio, sonando la música en su honor...El macareno despeja la plaza y realiza una faena extraordinaria, citando con la muleta plegada en un majestuoso pase de pecho. Sigue entre ovaciones y olés con ocho naturales monumentales cruzado totalmente con su enemigo mientras suena la música. Continua genial y garboso con más naturales, pedrecillas soberbias, y pases por alto majestuosos. La plaza le ovaciona incesantemente mientras el diestro continua la faena dominador, templado y mandón con pases de todas las marcas. Con el acero no tuvo suerte, despachando a su enemigo de dos pinchazos y estocada defectuosa, perdiendo las orejas que tenía merecidas, dando la vuelta al ruedo con saludos desde el tercio.

    Aunque es verdad que no tuve triunfos repetitivos en mi tierra, sí tuve, muy buenas actuaciones, pero por cuestiones ajenas a lo que sucedió en la plaza nunca torearía allí como matador de toros. Al  escribir estas memorias después de más medio siglo, todavía me duele el recordar este injusto hecho.

     

    Con esta lucida faena en Maestranza  el 22 de mayo de 1955, concluí mis actuaciones como novillero con caballos que comencé en Tánger el 27 de julio del 1953. Durante esa etapa saboreé el éxito como novillero puntero, toreando en 48 novilladas picadas, cortando cinco orejas en Madrid en seis actuaciones y abriendo su Puerta Grande en dos ocasiones además de obtener múltiples trofeos en plazas de importancias. Sin embargo también pagué un alto precio de sangre al sufrir cuatro cornadas en el 1953 que me hundieron en un bache del cual salí con gloria, como el que resucita entre los muertos, teniendo de nuevo éxitos que me calificaron para tomar la alternativa

     

    Esta la tomé en Cáceres el 30 de mayo teniendo un éxito fenomenal...pero de ese asunto ya traté en otra vivencia.

         

        FOTOS
         

        1.  Un farol de rodillas en Zaragoza. 26-6-54.

        2.  Mi banderillero de confianza “Torquito” y yo preparado para el paseíllo. las Ventas.1954.

        3.  Cartel de mi debut en Sevilla. 4-7-54.

        4 y 5. Remate de un quite por gaoneras y dando la vuelta al ruedo con la oreja en la Maestranza. 4-7-54.

        6 El ganadero Emilio Arroyo y yo en al puerta de cuadrillas de las Ventas. 1-8-54.

        7. Cartel de Madrid. 1/8/54.

        8, 9, 10, 11 y 12. Cinco momentos de mi actuación en Madrid. 1-8-54.

        13. Cartel de Beja, Portugal. 10-8-54.

        14. Bailando con mi hermana Mari-Carmen en la Feria de Abril de Sevilla del 2005.

        15. Mi madre poco más de dos años antes de morir. 1960

        16. Cartel de “No hay billetes” en Madrid. 22-8-54.

        17,18 y 19. Tres momentos de mi actuación en la novillada del 22 de agosto,  1954.

        20. Hierro de la ganadería de Emilio Arroyo.

        21. Emilio Arroyo, Manolo Martín Vázquez y yo en el campo.

        22. Cartel de Zaragoza. 10-10-54.

        23 y 24. Gaonera y natural en el Festival del Ateneo de Sevilla. 1-11-54.

        25 y 26. En el Hotel Palace de Madrid con algunos asistentes a mi homenaje. 26-2-55.

        27 y 28. Listo para el paseíllo y una verónica en la novillada de la Feria de Abril de Sevilla del 1955.

        29, 30 y 31. Tres pases de muleta en el festejo de mi despedida como novillero en Sevilla. 22-5-55

           

       

      NOTA: Las siguientes VIVENCIAS  aparecieron en order cronólogico en MMDT anteriormente a las tres VIVENCIAS relacionadas a mis experiencias como novillero sin caballos y con ellos:
       

        VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MI ALTERNATIVA

        VIVENCIAS DE HACE MEDIO SIGLO: DE MI ALTERNATIVA A LA CONFIRMACION

        VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: TEMPORADA 1956, DE ESPAÑA A AMERICA

          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: MI PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA, EL ECUADOR 1956-1957

  

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