VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO:
      EL AÑO 1959, EL DE MI SILENCIOSO ADIOS AL TOREO ACTIVO
      por Mario Carrión. 14 de diciembre, 2009

     

    El 31 de mayo del 2005, el mismo día que se cumplía los cincuenta años en que había tomado la alternativa en Cáceres me encontraba a bordo de un avión Boeing B-737, volando de McAllen, Texas, a Baltimore.

    Volvía a casa después de haber participado en unas actividades de sabor taurino en el norte de México y en el sur de Texas, que incluían haber toreado unas becerras en la ganadería de Gerardo Martínez, y en haber presenciado el festival de aficionados prácticos que un grupo de amigos, encabezados por el practico Jim Verner, había organizado en la plaza de toros de Reynosa, México, para conmemorar el 50 aniversario de mi alternativa.

    Cansado y sin ser capaz de dormir más con el sopor que se siente a menudo en un largo viaje en avión, y motivado por las agradables experiencias taurinas que acababa de vivir durante unos días, durante una buena parte del tiempo del vuelo mi mente comenzó a divagar y, sin orden ni concierto, comenzando por el recuerdo de mi alternativa, reviví muchos de los buenos momentos de mi vida en el mundo del toro.

    Estos pensamientos fueron más intensos y largos que otras ocasiones, y aun así en mis recuerdos toreros habían oasis, ya que por haber estado viviendo la vida al día, nunca había hecho un esfuerzo en repasar con detalles mis diez años dedicados de alma y cuerpo al toreo, los que transcurrieron desde que en diciembre del 1949 toreé por primera vez en público en un festival en Sevilla, en una plaza portatil emplazada en el Cuartel  de Soria de Infantería hasta que hice mutis por el foro en una plaza de toros colombiana en octubre del 1959.

    Tal vez subconscientemente esa falta de detalles en mis recuerdos se debía a que siempre desde mi retirada del toreo activo cuando he pensado en mi vida taurina he enfatizado en que la meta que tenia desde chiquito de ser figura del toreo no la conseguí. Por lo tanto tenía la tendencia a no pensar en, o devaluar, los muchos triunfos y excepcionales experiencias que he tenido como consecuencia de ser torero. Por lo tanto, si hablaba de toros sobre mi carrera lo hacía de una manera general, sin explanarme en específicos.

    Así que en el mismo avión decidí que me debía a mí mismo dejar constancia de lo que había logrado, o dejado de conseguir, en el toreo durante mi corta carrera, y que mejor sería que sin demora escribiera algo sobre el sujeto, comenzando por relatar lo referente a mi alternativa y a los actos que acababa de vivir conmemorando esa efeméride.

    Dicho y hecho, pues poco después en el mismo año 2005 apareció VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MII ALTERNATIVA en esta página Web. Luego, periódicamente otras vivencias siguieron, con secciones que cubrían cronológicamente mis antecedentes taurinos, mis correrías por los pueblos como novillero sin caballos, mis tres temporadas de novillero y cuatro de las cinco temporadas de matador de toros. Ahora bien, como todo lo que tiene un principio debe de tener un fin, para completar estas VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO faltaba una última sección en la que tratara con el triste recuerdo de mi repentino y silencioso profesional adiós al toreo hace cincuenta años y dos meses, y es el capítulo que aquí incluyo.

    Estas memorias me hubieran sido casi imposible de escribir con detalles, pues el tiempo enturbia los recuerdos, al mismo tiempo que los embellece o los afea. Sin embargo, gracias a que mi padre, probablemente orgulloso de su hijo, minuciosamente recopiló en varios álbumes casi toda referencia a mi carrera que fue publicada en la prensa, he podido documentar sin modestia ni jactancia mis buenos, malos o regulares recuerdos con datos precisos obtenidos de esos álbumes.  

    A principio de octubre de este año cuando se cumplió el medio siglo de mi adiós al toreo activo estaba dispuesto a comenzar a escribir sobre la temporada final de mi carrera taurina, pero lo pospuse hasta ahora, cuando lo estoy haciendo no por placer, sino por no dejar incompletas mis memorias taurinas. La razón por mi demora era que cada vez que pensaba en mi retirada del toreo, me costaba  trabajo aceptar el porque lo hice, cuando a los 26 años de edad, estaba fuerte como un toro y tenía una afición al toreo similar a la que sentía a los catorce años al dar por primera vez unos pases a una becerra. También, consideraba que cuando dejé el toreo, bien fuera actuando en público en las plazas de toros, o toreando en privado en los tentaderos, me sentía como un torero maduro que, además de torear con el arte que la mayoría de los críticos me reconocían, lo hacía ya con la inteligencia, madurez y facilidad que solo la practica otorga. Esto me hacía aun más difícil aceptar mi decisión por razonable que esta hubiera sido.

    Ahora bien, con el tiempo he comprendido que en ciertos momentos existen circunstancias que predisponen la vida del hombre y que considerando la situación profesional y personal en que yo me encontraba en aquellos momentos, tomé una decisión racional sin dejarme llevar por la ciega pasión a los toros que me invadía.

    También el tiempo ha reforzado que mi decisión de no haber vuelto España para torear tenía fundamento, pues mis oportunidades para proseguir mi carrera hubieran sido pocas, ya que en los cincuenta era más difícil que ahora que los diestros que no fueran grandes figuras entraran en los abonos de ferias importantes, en donde podrían conseguir los triunfos necesarios para progresar o mantenerse en la profesión.

    Entonces, en las temporadas se daban muchas menos corridas que ahora, y  había menos ferias taurinas, y en los abonos de las existentes se anunciaban menos festejos mayores. Además, a los toreros importantes para terminar las temporadas bien colocados en escalafón---entonces los cuarenta festejos era una figura deseada--- no les importaba actuar en varias corridas del abono de una determinada feria, incluso matando algunas de las corridas duras, pues se daban pocas corridas sueltas.  Por consiguiente dejaban pocos puestos en los ciclos feriales para los que buscaban oportunidades.

    Para no extenderme en este punto, como ejemplo, adjunto solamente estos datos. En la temporada europea del 1955, el año de mi alternativa, se dieron 215  corridas, mientras que a partir de la  década de los sesenta la cantidad de corridas que se ha dado en las temporadas ha ido aumentando paulatinamente hasta sumar cerca de las novecientas corridas en las temporadas de los últimos años.  También ilustra lo de la falta de oportunidades, el hecho que el abono en la  Feria de Abril de Sevilla del 1955 constaba de cinco corridas de toros, una de seis toros, ofreciendo  dieciséis puestos para los toreros, de los cuales seis fueron ocupados por Antonio Ordóñez y Cesar Girón que torearon tres corridas cada uno, lidiando ambos con Rafael Ortega la corrida de Miura; Pedrés y Rafael Ortega, otras dos figuras, y el portugués Paco Mendes, hicieron el paseíllo en dos tardes. Así que solo quedaron dos puestos libres para dar oportunidades a otros toreros. En total únicamente ocho matadores compusieron los carteles del abono. En cambio, en el abono de la misma feria sevillana del 2009 se celebraron quince corridas de toros, y en sus carteles entraron treinta y tres diestros, de los cuales “Morante de la Puebla”, “El Cid” y José María Manzanares actuaron tres tardes, y “El Fundi”, Enrique Ponce, “El Juli”, Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Daniel Luque hicieron el paseíllo en dos ocasiones cada uno, dejando veinte y cuatro puestos libres para toreros que buscaban oportunidades para demostrar su valía. Como puede intuirse por estos datos, que son solo ejemplos de otros muchos que pudiera citar, la diferencia de ‘segundas oportunidades’ para los  toreros de antes y los de ahora es enorme.

    Mis actuaciones en público en el 1959 fueron muy limitadas, ya que solo actué en una corrida en Ecuador, otra en Guatemala y una corrida mixta y un festival en Colombia, por lo que, a diferencia de cuando estaba escribiendo sobre mis anteriores etapas, apenas he tenido que consultar mis álbumes para documentar con datos mi narración. Lo que hice en los ruedos entonces apenas merece dedicarle más de unos cuantos párrafos. Sin embargo, me extenderé en mi escrito para exponer y racionalizar los motivos taurinos y personales que me hicieron entonces cambiar el rumbo de mi vida.

    Mi primera actuación en el 1959 tomó lugar en Guayaquil, Ecuador, el 4 de enero. Compartí el cartel con mi paisano Paco Corpas y con el diestro peruano Paco Céspedes, enfrentándonos con una mansada de “Yanahurcos”. El festejo fue entretenido, pues el ganado, a pesar de la mansedumbre, no presentaba mayores dificultades. Corté un apéndice y disfruté toreando.

    Este buen comienzo me debiera de haber animado, pero ya en mi mente empezaba a ser claro que para un torero español los triunfos en Suramérica, sin ser refrendados en España, tenían poca repercusión, especialmente en los años cincuenta cuando se daban muy pocas corridas en América del Sur fuera de la temporada invernal, y al llegar esta las empresas locales preferían anunciar a toreros que acababan de triunfar en España que a uno que hubiera triunfado localmente. Igualmente, los éxitos sudamericanos, como pude comprobar en España en la temporada del 1957, cuando volví después de mi primera gira triunfal en América del Sur,  apenas se consideraban.

    Por lo tanto, como ya he apuntado en mi vivencia del 1958 que, por no volver a España en la temporada 2008, sentía con mucha razón que  mi carrera se hallaba en punto muerto. Al mismo tiempo, en ese enero del 1959 no tenía plan de regresar a mi país, pues prefería esperar a que se arreglara el convenio para ir a México, en donde varios toreros de mi época habían enderezado sus carreras para luego tener nuevas oportunidades en España.

    Terminé mis vivencias del 1958 recordando como en casa de unos amigos en Guayaquil  en una fiesta de nochevieja con mi novia Sally Norton despedíamos el año, diciendo que ambos “muy amartelados, brindamos con champán por que el Año 1959 nos trajera felicidad y a mi suerte en mi carrera...”. Suerte en mi carrera no la tuve ese año, pero felicidad con Sally, entonces y hasta ahora, mucha. Cuando eso sucedía esa noche poco nos figurábamos que pronto íbamos a unir nuestras vidas para siempre, lo que así hicimos en una ceremonia semi-privada unos días después de mi actuación en Guayaquil.

    Como no tenía ningún compromiso en los ruedos permanecí con Sally en Guayaquil disfrutando de una extendida luna de miel hasta marzo, cuando, dejando a ella con su familia, tuve que regresar a Cali, en donde tenía mi residencia en el Hotel Aristi. Desde allí, después de hacer un par de tentaderos, me desplacé con la cuadrilla primero a Calarca (Caldas) en Colombia y luego a la Ciudad de Guatemala para actuar en ambos lugares.

    En Calarca, un pueblo del departamento de Caldas, en Colombia, actué en una corrida mixta el 22 de marzo, alternando con el novillero colombiano Jansen Herrera lidiando toros también colombianos; y al mes siguiente, el 23 de abril,  toreé en Guatemala en un mano a mano a mano con  “Joselillo de Colombia”, enfrentándonos con toros mexicanos de “El Rocío”. Entonces ocasionalmente se daban toros en Guatemala. En esta ocasión se había organizado una feria con un abono de tres festejos con motivo de estar celebrándose en  esa capital un congreso de mandatarios centroamericanos.

    En ambos festejos obtuve trofeos, y sobretodo me encontraba muy a gusto y fácil delante del toro. No obstante, mi desanimo aumentaba, pues intuía el porque la satisfacción temporal de un triunfo apenas me duraba, ya que sabia por mis últimas experiencias que esas orejas y buenas faenas me servirían para poco. Además, aspiraba a triunfar, no en lugares como en lo que acaba de hacerlo, sino en las ferias importantes del mundo taurino y compitiendo con las figuras, como en ocasiones antes lo había hecho. Este pensamiento negativo seguía arrullando  en mi mente, especialmente cuando al volver de Guatemala a Cali,  en mis conversaciones con el diestro ya retirado Jerónimo Pimentel, quien en América había comenzado sus andanzas como taurino, y había actuado informalmente como mi representante, me comentaba que en esos momentos que el supiera no se estaban organizando corridas en Colombia antes de la temporada invernal, en las que yo pudiera meter cabeza, y que para esas ferias, como era la norma, los empresarios traerían a las figuras y novedades que habían estado triunfando en España.

    En cambio, en esos mismos días Sally me dio la alegría del siglo al confirmarme lo que ya ella sospechaba, que para noviembre íbamos a ser padres. Entonces después de hacer los arreglos necesarios para instalarnos en Cali, a principios de mayo volé a Guayaquil para recoger a Sally, quien se encontraba allí con mis suegros. En unos días volvimos juntos a  Cali para continuar viviendo esa luna de miel que habíamos interrumpido en marzo.

    En Cali, las preocupaciones profesionales se aminoraron algo ayudado por la ocupada vida familiar y social que llevábamos y por el notar con orgullo paternal como crecía en el vientre de mi mujer el futuro 'carrioncito'. No obstante, compaginaba los placeres familiares con la esperanza de que pronto tuviera ocasiones de volver a los ruedos, por lo que  seguía entrenando y  toreando de salón diariamente y de cuando en cuando en los tentaderos. Pero la espera se alargaba demasiado, hasta que en octubre por fin  me vi anunciado para torear, no en una corrida de toros como ambicionaba, sino en un festival. 

    Esto sucedió en Armenia, Colombia, el  14 de octubre del 1959, fecha que nunca olvidaré. Compartí cartel con mi paisano y buen amigo Jerónimo Pimentel, el diestro  colombiano Enrique Trujillo y la entonces novillero “Morenita del Quindío”.  Mi actuación con el  bien presentado utrero fue descrita así en un diario caleño: .

      Mario Carrión: que alegría, que estilo y que finura de este torero nacido en Andalucía; que buen sabor dejaron sus lances con el capote, el público los captó y los aplausos  se escucharon largamente… Con mucha  quietud y clase hizo toda la faena el sevillano con la muleta, que gracia le imprime a su forma de hacer el toreo. Los naturales, derechazos, ayudados, esos recortes vistosísimos, la forma de llevar al toro con un  abaniqueo perfecto, es decir todo lo que hizo con la muleta, causó un continuo toque de palmas de los aficionados que estaban presenciando una de las escasas buenas faenas que se le puede ver a un torero. Después de un pinchazo, dejó una estocada de efectos mortales. La presidencia le concedió una oreja y con ella dio dos vueltas al ruedo en medio de las fuertes ovaciones que le tributaba el público.

       

    Y esta fue la ultima crónica de un festejo en que participé que apareciera en mis álbumes, porque al llegar a Cali, besando a mi  mujer, que ya mostraba la robustez del embarazo, le dije cariñosamente algo que ella sabiamente nunca me había pedido: “Mi Gorda, ya no tienes que preocuparte por mi más, ayer toreé por última vez en público”. Y así ha sido.

    Epilogo: la otra vida

    Afortunadamente esto de ‘la otra vida’, no se refiere a que vaya escribir mi epitafio, pues por ahora  no lo creo necesario, ni tampoco planeo escribirlo alguna vez, sino a que  voy a expandir estas remembranzas resumiendo lo que fue de mi vida después del momento de dejar pasmada a Sally con el anuncio de mi retirada.

    Nuestro hijo nació en noviembre en Cali, Colombia y en diciembre nos mudamos a  Guayaquil, Ecuador,  para estar cerca de la familia de Sally.

    Entonces, mi intención en principio era rehacer mi vida en Ecuador en donde debido a mis actuaciones triunfales en ese país, contaba con muchos amigos y tenía buenas conexiones que me podían facilitar el comenzar una nueva vida, sin estar envuelto profesionalmente en el toreo. Algo tenía que hacer para ganarme la vida, pues no había ganado el capital suficiente para comprarme una finca y luego vivir de las rentas, como hacen muchas figuras del toreo cuando se retiran. Por lo tanto, aproveché una oferta de un amigo para comenzar casi inmediatamente un empleo como representante de una compañía de importaciones.

    El trabajo lo encontré fácil, pues era cuestión de relacionarme con los clientes. Ahora bien, viviendo en un país taurino, por momentos se me hacia más difícil borrar de mi mente el toreo. Como no había anunciado mi retirada, cada vez que me encontraba con amigos o aficionados, me preguntaban que cuando toreaba, y al contestarles que nunca más, no me tomaban seriamente. Incluso yo mismo, al igual que mis interlocutores, empezaba a dudar de mi lógica decisión, pues ‘el gusanillo’ de la afición, que yo  estaba intentando ahogar, se me revolvía en las entrañas pidiendo toros y haciendo más difícil que yo me reconciliara con la idea de vivir sin torearlos. No era fácil.

    Entonces, vi una salida a esta encrucijada, que fue emigrar a los Estados Unidos, el país de Sally, en donde, lejos del mundo del toro, mi inquieto ‘gusanillo’ tendría una muerte natural fuera de su ambiente. Además, allí planeaba proseguir una carrera académica, a lo que desde mi reciente retirada aspiraba, y que sabía que era lo que a mi difunto padre le hubiera gustado que hiciera. Así que en junio del 1960 nos fuimos a residir a las afueras de Baltimore, en donde la familia de mi mujer ya vivía.  

    Después  de tomar unos cursos de inglés, ingresé en la Universidad de Maryland, donde completé licenciaturas de Literatura y de Sociología. Mientras tanto había comenzado a enseñar español en un instituto, y compaginando la enseñanza con los estudios, obtuve una maestría en Educación de Idiomas Extranjeros.

     La enseñanza para mí fue una vocación más que una profesión que llenó parte del vacío que había dejado el toreo, y por treinta años me recreé educando y enseñando español. En esa carrera encontré el éxito, ya que, pronto llegué a ser  jefe del departamento de idiomas y supervisor de estudiantes de pedagogía en varios institutos del Condado de Baltimore, contribuí a escribir los programas de enseñanza de español, y también impartí cursos de español y cultura hispana en varias universidades comunitarias.

    Además, o principalmente, he tenido la suerte de llevar una vida familiar feliz  y de ver crecer y triunfar en la vida a mis hijos, el mayor que nació en Cali y el menor que nació en Baltimore, y de disfrutar con ser abuelo de cuatro saludables y adorables nietos. 

    Ahora bien, el toreo no lo dejé completamente atrás como pensaba iba ocurrir en los Estados Unidos, ya que después de poco más de un año de vivir por aquí, en la revista dominical del diario BALTIMORE SUN se publicó un artículo ilustrado con fotos que hacía público el hecho de que "un español residente en Maryland, casado con una chica americana, había sido un famoso matador”. Esto puso el foco en el ‘bullfighter’ de un público que mostraba interés en conocer sobre el polémico sujeto de 'bullfighting'; y luego en el  matador-profesor que enseñaba español localmente. Este artículo tuvo eco en otros medios de comunicación motivando a que se escribieran otros  artículos sobre el tema, a que se me hicieran entrevistas, y a que fuera invitado a aparecer en varios programas de televisión, y hacer presentaciones sobre el toreo, o escribir artículos sobre mis experiencias.

    En mí, esta atención revivió la pasión por el toreo, que a conciencia creía había reprimido, pero que latía dentro de mí solo adormecida. Este despertar, primeramente, solo tuvo un cariz académico pues mis presentaciones y escritos me motivaron a investigar el aspecto histórico y cultural de la tauromaquia para seguir informando acerca de los toros. En cambio, en el verano del 1992, invitado  por un amigo, fui  a México en donde, después de treinta años de no haber dado un pase a un animal bravo, tuve la falta de sentido común de torear unas becerras. Como noté que no se me había olvidado como hacerlo y que ahora me satisfacía una enormidad, y considerando que ya por ser un sesentón  solamente el pensar en volver a los ruedos hubiera sido una locura quijotesca, me sentí libre para al retirarme de la enseñanza en 1993 seguir muy de cuando en cuando dando pases a becerras e incluso a unos utreros.

    Así que por pura casualidad, primero el profesor encontró una salida para expresar su afición usando su adquirida experiencia pedagógica, y luego el viejo matador usó su maestría taurina para practicar en privado y por pura afición su arte en los ruedos campestres.

    Sin embargo, a pesar de haber llevado una vida post-taurina muy positiva de la que me siento muy orgulloso, ha habido muy contados momentos cuando el gusano que creía completamente ahogado me ha fastidiado, obligándome a pensar en lo que mi excepcional amigo y compañero Victoriano Posada me expresaba hace unos días en un mensaje. Este buen torero salmantino fue mi padrino de confirmación de mi alternativa en Madrid, y con él en la década de los cincuenta compartí varias tardes triunfales en los ruedos españoles y ecuatorianos. Además, como yo también se casó en Ecuador, y allí continua residiendo. Con Victoriano me mantengo en contacto a través del Internet, y para cerrar este epílogo me tomo la libertad de citar en parte lo que mi amigo me confesaba en el mencionado mensaje, lo que coincide con mis sentimientos:

      ...no me quejo de casi nada de lo vivido, y digo casi nada, pues hay algo...que.me duele, y es el haberme retirado demasiado pronto de nuestra adorada profesión. No me lo perdono Mario, y eso me seguirá atormentando hasta la tumba con mucha pena y sentimiento. Creo que exagero un poco, pues soy hombre jovial y alegre a pesar de todo, pero no cabe duda que cuando me acuerdo de lo expuesto, me pongo sentimental... por haberme retirado tan joven y con oportunidades de poder recuperar un puesto aceptable en la torería andante de nuestra época. Creo que tu historia tiene algo parecido a la mía, pues tanto tu como yo nos retiramos en la misma época y con muchas oportunidades por delante, ya que no nos retiramos fracasados sino por aquello de habernos casado enamorados y querer vivir una vida de hogar como Dios manda. Claro que mereció la pena, pues ambos encontramos a dos estupendas mujeres que nos aman y con las que hemos formado una familia muy feliz y eso vale oro amigo mío.

           Fotos:

          1. Jaime Malaver, Manolo Carmona, Manolo Vázquez y yo preparados para hacer el paseillo en la plaza portatil en el Cuartel de Soria en Sevilla. Primera vez que actué en público. 7-12-49
          2. Toreando de salón en la azotea del hotel Aristi, en Cali. 1959.
          3. Cartel de la corrida en Gauayaquil, Ecuador. 4-1-59.
          4. Cartel de la corrida en Calarca, Colombia. 22-3-59.
          5. Cartel de la corrida en la Ciudad de Guatemala, Guatemala. 23-4-59. 
          6, Con mi esposa Sally en Cali, Colombia. Agosto,1959
          7. Cartel del festival en Armenia, Colombia. 14-10-59.
          8 . Portada de la revista dominical del diario THE SUN de Baltimore, USA. 5-8-63.
          9. Foto que  ilustraba un  articulo sobre mi publicado en la revista BALTIMORE MAGAZINE de Baltimore, USA. Noviembre, 2002.
          10.
          Victoriano Posada confirmándome la alternativa en Madrid.  8-4-56.

           

          NOTA. Las siguientes VIVENCIAS aparecieron anteriormente en MMDT

           

           VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. 1948-1952: MIS PRIMEROS BALBUCEOS EN EL MUNDO DEL TOREO
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES, PRIMERA ETAPA 1952-3, TRIUNFOS Y CORNADAS
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON PICADORES 1954-5, HACIA LA ALTERNATIVA
           
          VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO DESPUES DE MI ALTERNATIVA
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: DE MI ALTERNATIVA A LA CONFIRMACION
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: TEMPORADA 1956, DE ESPAÑA A AMERICA
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: MI PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA, EL ECUADOR 1956-1957
           
          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO.  MI  CORTA TEMPORADA DEL 1957 EN ESPAÑA

          VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. 1957-8: DE VUELTA EN AMERICA  

           

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