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VIVENCIAS DE
MEDIO SIGLO: |
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El 31 de mayo del 2005, el
mismo día que se cumplía los cincuenta años en que había tomado la alternativa
en Cáceres me encontraba a bordo de un avión Boeing B-737, volando de McAllen,
Texas, a Baltimore.
Volvía a casa después de haber participado en unas actividades de
sabor taurino en el norte de México y en el sur de Texas, que incluían haber
toreado unas becerras en la ganadería de Gerardo Martínez, y en haber
presenciado el festival de aficionados prácticos que un grupo de amigos,
encabezados por el practico Jim Verner, había organizado en la plaza de toros
de Reynosa, México, para conmemorar el 50 aniversario de mi alternativa.
Cansado y sin ser capaz de dormir más con el sopor que se siente a
menudo en un largo viaje en avión, y motivado por las agradables experiencias
taurinas que acababa de vivir durante unos días, durante una buena parte del
tiempo del vuelo mi mente comenzó a divagar y, sin orden ni concierto,
comenzando por el recuerdo de mi alternativa, reviví muchos de los buenos
momentos de mi vida en el mundo del toro.
Estos
pensamientos fueron más intensos y largos que otras ocasiones, y
aun así en mis recuerdos toreros habían oasis, ya que por haber estado viviendo
la vida al día, nunca había hecho un esfuerzo en repasar con detalles mis diez
años dedicados de alma y cuerpo al toreo, los que transcurrieron desde que en
diciembre del 1949 toreé por primera vez en público en un festival en Sevilla,
en una plaza portatil emplazada en el Cuartel
de Soria de Infantería hasta que hice mutis por el foro en una plaza de
toros colombiana en octubre del 1959.
Tal vez subconscientemente esa falta de detalles en mis recuerdos se debía
a que siempre desde mi retirada del toreo activo cuando he pensado en mi vida
taurina he enfatizado en que la meta que tenia desde chiquito de ser figura del
toreo no la conseguí. Por lo tanto tenía la tendencia a no
pensar en, o devaluar, los muchos triunfos y excepcionales experiencias que he
tenido como consecuencia de ser torero. Por lo tanto, si hablaba de toros sobre
mi carrera lo hacía de una manera general, sin explanarme en específicos.
Así que en el mismo avión decidí que me debía a mí mismo dejar
constancia de lo que había logrado, o dejado de conseguir, en el toreo durante
mi corta carrera, y que mejor sería que sin demora escribiera algo sobre el
sujeto, comenzando por relatar lo referente a mi alternativa y a los actos que
acababa de vivir conmemorando esa efeméride.
Dicho y hecho, pues poco después en el mismo año 2005 apareció VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO SIGLO
DESPUES DE MII ALTERNATIVA en esta página Web. Luego, periódicamente
otras vivencias siguieron, con secciones que cubrían cronológicamente mis
antecedentes taurinos, mis correrías por los pueblos como novillero sin
caballos, mis tres temporadas de novillero y cuatro de las cinco temporadas de
matador de toros. Ahora bien, como todo lo que tiene un principio debe de tener
un fin, para completar estas VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO faltaba una última
sección en la que tratara con el triste recuerdo de mi repentino y silencioso
profesional adiós al toreo hace cincuenta años y dos meses, y es el capítulo
que aquí incluyo.
Estas memorias me hubieran sido casi imposible de escribir con
detalles, pues el tiempo enturbia los recuerdos, al mismo tiempo que los
embellece o los afea. Sin embargo, gracias a que mi padre, probablemente
orgulloso de su hijo, minuciosamente recopiló en varios álbumes casi toda
referencia a mi carrera que fue publicada en la prensa, he podido documentar
sin modestia ni jactancia mis buenos, malos o regulares recuerdos con datos
precisos obtenidos de esos álbumes.
A principio de octubre de este año cuando se cumplió el medio siglo de
mi adiós al toreo activo estaba dispuesto a
comenzar a escribir sobre la
temporada final de mi carrera taurina, pero lo pospuse hasta ahora, cuando lo
estoy haciendo no por placer, sino por no dejar incompletas mis memorias taurinas.
La razón por mi demora era que cada vez que pensaba en mi retirada del toreo,
me costaba trabajo aceptar el porque lo
hice, cuando a los 26 años de edad, estaba fuerte como un toro y tenía una
afición al toreo similar a la que sentía a los catorce años al dar por primera
vez unos pases a una becerra. También, consideraba que cuando dejé el toreo,
bien fuera actuando en público en las plazas de toros, o toreando en privado en
los tentaderos, me sentía como un torero maduro que, además de torear con el
arte que la mayoría de los críticos me reconocían, lo hacía ya con la
inteligencia, madurez y facilidad que solo la practica otorga. Esto me hacía
aun más difícil aceptar mi decisión por razonable que esta hubiera sido.
Ahora bien, con el tiempo he comprendido que
en ciertos momentos existen circunstancias que predisponen la vida del hombre y
que considerando la situación profesional y personal en que yo me encontraba en
aquellos momentos, tomé una decisión racional sin dejarme
llevar por la ciega pasión a los toros que me invadía.
También el tiempo ha reforzado que
mi decisión de no haber vuelto España para torear tenía fundamento, pues mis
oportunidades para proseguir mi carrera hubieran sido pocas, ya que en los
cincuenta era más difícil que ahora que los diestros que no fueran grandes
figuras entraran en los abonos de ferias importantes, en donde podrían
conseguir los triunfos necesarios para progresar o mantenerse en la profesión.
Entonces, en las temporadas se
daban muchas menos corridas que ahora, y
había menos ferias taurinas, y en los abonos de las existentes se
anunciaban menos festejos mayores. Además, a los toreros importantes para
terminar las temporadas bien colocados en escalafón---entonces los cuarenta
festejos era una figura deseada--- no les importaba actuar en varias corridas
del abono de una determinada feria, incluso matando algunas de las corridas
duras, pues se daban pocas corridas sueltas.
Por consiguiente dejaban pocos puestos en los ciclos feriales para los
que buscaban oportunidades.
Para no extenderme en este punto, como ejemplo, adjunto solamente
estos datos. En la temporada europea del 1955, el año de mi alternativa, se
dieron 215 corridas, mientras que a
partir de la década de los sesenta la
cantidad de corridas que se ha dado en las temporadas ha ido aumentando
paulatinamente hasta sumar cerca de las novecientas corridas en las temporadas
de los últimos años. También ilustra lo
de la falta de oportunidades, el hecho que el abono en la Feria de Abril de Sevilla del 1955 constaba
de cinco corridas de toros, una de seis toros, ofreciendo
dieciséis puestos para los toreros, de los cuales seis fueron ocupados
por Antonio Ordóñez y Cesar Girón que torearon tres corridas cada uno, lidiando
ambos con Rafael Ortega la corrida de Miura; Pedrés y Rafael Ortega, otras dos
figuras, y el portugués Paco Mendes, hicieron el paseíllo en dos tardes. Así
que solo quedaron dos puestos libres para dar oportunidades a otros toreros. En
total únicamente ocho matadores compusieron los carteles del abono. En cambio,
en el abono de la misma feria sevillana del 2009 se celebraron quince corridas de toros, y en sus carteles entraron treinta y
tres diestros, de los cuales “Morante de la Puebla”, “El Cid” y José María
Manzanares actuaron tres tardes, y “El Fundi”, Enrique Ponce, “El Juli”,
Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Daniel Luque hicieron el paseíllo en
dos ocasiones cada uno, dejando veinte y cuatro puestos libres para toreros que
buscaban oportunidades para demostrar su valía. Como puede intuirse por
estos datos, que son solo ejemplos de otros muchos que pudiera citar, la
diferencia de ‘segundas oportunidades’ para los toreros de antes y los de ahora es enorme.
Mis actuaciones en público en el
1959 fueron muy limitadas, ya que solo actué en una corrida en Ecuador,
otra en Guatemala y una corrida mixta y un festival en Colombia, por lo que, a
diferencia de cuando estaba escribiendo sobre mis anteriores etapas, apenas he
tenido que consultar mis álbumes para documentar con datos mi narración. Lo que
hice en los ruedos entonces apenas merece dedicarle más de unos cuantos
párrafos. Sin embargo, me extenderé en mi escrito para exponer y racionalizar
los motivos taurinos y personales que me hicieron entonces cambiar el rumbo de
mi vida.
Mi
primera actuación en el 1959
tomó lugar en Guayaquil, Ecuador, el 4 de enero. Compartí el cartel con mi
paisano Paco Corpas y con el diestro peruano Paco Céspedes, enfrentándonos con
una mansada de “Yanahurcos”. El festejo fue entretenido, pues el ganado, a
pesar de la mansedumbre, no presentaba mayores dificultades. Corté un apéndice
y disfruté toreando.
Este buen comienzo me debiera de haber animado, pero ya en mi mente
empezaba a ser claro que para un torero español los triunfos en Suramérica, sin
ser refrendados en España, tenían poca repercusión, especialmente en los años
cincuenta cuando se daban muy pocas corridas en América del Sur fuera de la
temporada invernal, y al llegar esta las empresas locales preferían anunciar a
toreros que acababan de triunfar en España que a uno que hubiera triunfado
localmente. Igualmente, los éxitos sudamericanos, como pude comprobar en España
en la temporada del 1957, cuando volví después de mi primera gira triunfal en
América del Sur, apenas se consideraban.
Por lo tanto, como ya he apuntado en mi vivencia del 1958 que, por no
volver a España en la temporada 2008, sentía con mucha razón que mi carrera se hallaba en punto muerto. Al
mismo tiempo, en ese enero del 1959 no tenía plan de regresar a mi país, pues
prefería esperar a que se arreglara el convenio para ir a México, en donde
varios toreros de mi época habían enderezado sus carreras para luego tener
nuevas oportunidades en España.
Terminé mis
vivencias del 1958 recordando como en casa de unos amigos en Guayaquil en una fiesta de nochevieja con mi novia
Sally Norton despedíamos el año, diciendo que ambos
“muy amartelados, brindamos con champán por que el Año 1959 nos trajera
felicidad y a mi suerte en mi carrera...”. Suerte en mi carrera no la tuve ese año, pero
felicidad con Sally, entonces y hasta ahora, mucha. Cuando eso sucedía esa
noche poco nos figurábamos que pronto íbamos a unir nuestras vidas para
siempre, lo que así hicimos en una ceremonia semi-privada unos días después de
mi actuación en Guayaquil.
Como no tenía ningún
compromiso en los ruedos permanecí con Sally en
Guayaquil disfrutando de una extendida luna de miel hasta marzo, cuando,
dejando a ella con su familia, tuve que regresar a Cali, en donde tenía mi
residencia en el Hotel Aristi. Desde allí, después de hacer un par de
tentaderos, me desplacé con la cuadrilla primero a Calarca (Caldas) en Colombia
y luego a la Ciudad de Guatemala para actuar en ambos lugares.
En Calarca,
un pueblo del departamento de Caldas, en Colombia, actué en una corrida mixta
el 22 de marzo, alternando con el novillero colombiano Jansen Herrera lidiando
toros también colombianos; y al mes siguiente, el 23 de abril, toreé en Guatemala en un mano a mano a mano
con “Joselillo de Colombia”,
enfrentándonos con toros mexicanos de “El Rocío”. Entonces ocasionalmente se
daban toros en Guatemala. En esta ocasión se había organizado una feria con un
abono de tres festejos con motivo de estar celebrándose en esa capital un congreso de mandatarios
centroamericanos.
En ambos festejos obtuve trofeos, y sobretodo me encontraba muy a
gusto y fácil delante del toro. No obstante, mi desanimo aumentaba, pues intuía
el porque la satisfacción temporal de un triunfo apenas me duraba, ya que sabia
por mis
últimas experiencias que esas orejas y buenas faenas me servirían para
poco. Además, aspiraba a triunfar, no en lugares como en lo que acaba de
hacerlo, sino en las ferias importantes del mundo taurino y compitiendo con las
figuras, como en ocasiones antes lo había hecho. Este pensamiento negativo
seguía arrullando en mi mente,
especialmente cuando al volver de Guatemala a Cali, en mis conversaciones con el diestro ya retirado Jerónimo
Pimentel, quien en América había comenzado sus andanzas como taurino, y había
actuado informalmente como mi representante, me comentaba que en esos momentos
que el supiera no se estaban organizando corridas en Colombia antes de la
temporada invernal, en las que yo pudiera meter cabeza, y que para esas ferias,
como era la norma, los empresarios traerían a las figuras y novedades que
habían estado triunfando en España.
En cambio,
en
esos mismos días Sally me dio la alegría del siglo al confirmarme lo que ya
ella sospechaba, que para noviembre íbamos a ser padres. Entonces después de
hacer los arreglos necesarios para instalarnos en Cali, a principios de mayo
volé a Guayaquil para recoger a Sally, quien se encontraba allí con mis
suegros. En unos días volvimos juntos a
Cali para continuar viviendo esa luna de miel que habíamos interrumpido en
marzo.
En Cali, las
preocupaciones profesionales se aminoraron algo ayudado por la ocupada vida
familiar y social que llevábamos y por el notar con orgullo paternal como
crecía en el vientre de mi mujer el futuro 'carrioncito'. No obstante,
compaginaba los placeres familiares con la esperanza de que pronto tuviera
ocasiones de volver a los ruedos, por lo que
seguía entrenando y toreando de
salón diariamente y de cuando en cuando en los tentaderos. Pero la espera se
alargaba demasiado, hasta que en octubre por fin me vi anunciado para torear, no en una corrida de toros como
ambicionaba, sino en un festival.
Esto sucedió en Armenia, Colombia, el 14 de octubre del 1959, fecha que nunca olvidaré. Compartí cartel con mi paisano y buen amigo Jerónimo Pimentel, el diestro colombiano Enrique Trujillo y la entonces novillero “Morenita del Quindío”. Mi actuación con el bien presentado utrero fue descrita así en un diario caleño: .
Mario
Carrión: que alegría, que estilo y que finura de este torero
nacido en Andalucía; que buen sabor dejaron sus lances con el capote, el
público los captó y los aplausos se
escucharon largamente… Con mucha
quietud y clase hizo toda la faena el sevillano con la muleta, que
gracia le imprime a su forma de hacer el toreo. Los naturales, derechazos,
ayudados, esos recortes vistosísimos, la forma de llevar al toro con un abaniqueo perfecto, es decir todo lo que
hizo con la muleta, causó un continuo toque de palmas de los aficionados que
estaban presenciando una de las escasas buenas faenas que se le puede ver a un
torero. Después de un pinchazo, dejó una estocada de efectos mortales. La
presidencia le concedió una oreja y con ella dio dos vueltas al ruedo en medio
de las fuertes ovaciones que le tributaba el público.
Y esta fue la ultima crónica de un festejo en que participé que
apareciera en mis álbumes, porque al llegar a Cali, besando a mi mujer, que ya mostraba la robustez del
embarazo, le dije cariñosamente algo que ella sabiamente nunca me había
pedido: “Mi Gorda, ya no tienes que preocuparte por mi más, ayer toreé por
última vez en público”. Y así ha sido.
Afortunadamente esto de ‘la otra vida’, no se refiere a que vaya
escribir mi epitafio, pues por ahora no
lo creo necesario, ni tampoco planeo escribirlo alguna vez, sino a que voy a expandir estas remembranzas resumiendo lo que fue de mi
vida después del momento de dejar pasmada a Sally con el anuncio de mi
retirada.
Nuestro hijo nació en noviembre en Cali, Colombia y en diciembre nos
mudamos a Guayaquil, Ecuador, para estar cerca de la familia de Sally.
Entonces, mi
intención en principio era rehacer mi vida en Ecuador en donde debido a mis
actuaciones triunfales en ese país, contaba con muchos amigos y tenía buenas
conexiones que me podían facilitar el comenzar una nueva vida, sin estar envuelto
profesionalmente en el toreo. Algo tenía que hacer para ganarme la vida, pues
no había ganado el capital suficiente para comprarme una finca y luego vivir de
las rentas, como hacen muchas figuras del toreo cuando se retiran. Por lo
tanto, aproveché una oferta de un amigo para comenzar casi inmediatamente un
empleo como representante de una compañía de importaciones.
El trabajo lo
encontré fácil, pues era cuestión de relacionarme con los clientes. Ahora bien,
viviendo en un país taurino, por momentos se me hacia más difícil borrar de mi
mente el toreo. Como no había anunciado mi retirada, cada vez que me encontraba
con amigos o aficionados, me preguntaban que cuando toreaba, y al
contestarles que nunca más, no me tomaban seriamente. Incluso yo mismo, al
igual que mis interlocutores, empezaba a dudar de mi lógica decisión, pues ‘el
gusanillo’ de la afición, que yo estaba
intentando ahogar, se me revolvía en las entrañas pidiendo toros y haciendo más
difícil que yo me reconciliara con la idea de vivir sin torearlos. No era
fácil.
Entonces, vi
una salida a esta encrucijada, que fue emigrar a los Estados Unidos, el país
de Sally, en donde, lejos del mundo del toro, mi inquieto ‘gusanillo’ tendría
una muerte natural fuera de su ambiente. Además, allí planeaba proseguir una
carrera académica, a lo que desde mi reciente retirada aspiraba, y que sabía
que era lo que a mi difunto padre le hubiera gustado que hiciera. Así que en
junio del 1960 nos fuimos a residir a las afueras de Baltimore, en donde la
familia de mi mujer ya vivía.
Después de tomar unos cursos de inglés, ingresé en
la Universidad de Maryland, donde completé licenciaturas de Literatura y de
Sociología. Mientras tanto había comenzado a enseñar español en un instituto, y
compaginando la enseñanza con los estudios, obtuve una maestría en Educación de
Idiomas Extranjeros.
La enseñanza para mí fue una vocación más que
una profesión que llenó parte del vacío que había dejado el toreo, y por
treinta años me recreé educando y enseñando español. En esa carrera encontré el
éxito, ya que, pronto llegué a ser jefe
del departamento de idiomas y supervisor de estudiantes de pedagogía en varios
institutos del Condado de Baltimore, contribuí a escribir
los programas de
enseñanza de español, y también impartí cursos de español y cultura hispana en
varias universidades comunitarias.
Además, o principalmente, he tenido la suerte de llevar una vida familiar feliz y de ver crecer y triunfar en la vida a mis hijos, el mayor que nació en Cali y el menor que nació en Baltimore, y de disfrutar con ser abuelo de cuatro saludables y adorables nietos.
Ahora bien, el toreo no lo dejé completamente atrás como pensaba iba ocurrir en los Estados Unidos, ya que después de poco más de un año de vivir por aquí, en la revista dominical del diario BALTIMORE SUN se publicó un artículo ilustrado con fotos que hacía público el hecho de que "un español residente en Maryland, casado con una chica americana, había sido un famoso matador”. Esto puso el foco en el ‘bullfighter’ de un público que mostraba interés en conocer sobre el polémico sujeto de 'bullfighting'; y luego en el matador-profesor que enseñaba español localmente. Este artículo tuvo eco en otros medios de comunicación motivando a que se escribieran otros artículos sobre el tema, a que se me hicieran entrevistas, y a que fuera invitado a aparecer en varios programas de televisión, y hacer presentaciones sobre el toreo, o escribir artículos sobre mis experiencias.
En mí,
esta atención revivió la pasión por el toreo, que a conciencia creía
había reprimido, pero que latía dentro de mí solo adormecida. Este despertar,
primeramente, solo tuvo un cariz académico pues mis presentaciones y escritos
me motivaron a investigar el aspecto histórico y cultural de la tauromaquia
para seguir informando acerca de los toros. En cambio, en el
verano del 1992, invitado por un amigo,
fui a México en donde, después de
treinta años de no haber dado un pase a un animal bravo, tuve la falta de
sentido común de torear unas becerras. Como noté que no se me había olvidado
como hacerlo y que ahora me satisfacía una enormidad, y considerando que ya por
ser un sesentón solamente el pensar en
volver a los ruedos hubiera sido una locura quijotesca, me sentí libre para al
retirarme de la enseñanza en 1993 seguir muy de cuando en cuando
dando pases a becerras e incluso a unos utreros.
Así que por
pura casualidad, primero el profesor encontró una salida para expresar su
afición usando su adquirida experiencia pedagógica, y luego el viejo matador
usó su maestría taurina para practicar en privado y por pura afición su arte en
los ruedos campestres.
Sin
embargo,
a pesar de haber llevado una vida post-taurina muy positiva de la que me siento
muy orgulloso, ha habido muy contados momentos cuando el gusano que creía
completamente ahogado me ha fastidiado, obligándome a pensar en lo que mi
excepcional amigo y compañero Victoriano Posada me expresaba hace unos días en
un mensaje. Este buen torero salmantino fue mi padrino de confirmación de mi alternativa
en Madrid, y con él en la década de los cincuenta compartí varias tardes
triunfales en los ruedos españoles y ecuatorianos. Además, como yo también se
casó en Ecuador, y allí continua residiendo. Con Victoriano me mantengo en
contacto a través del Internet, y para cerrar este epílogo me tomo la libertad
de citar en parte lo que mi amigo me confesaba en el mencionado mensaje, lo que
coincide con mis sentimientos:
...no me quejo de casi nada de
lo vivido, y digo casi nada, pues hay algo...que.me duele, y es el haberme
retirado demasiado pronto de nuestra adorada profesión. No me lo perdono
Mario, y eso me seguirá atormentando hasta la tumba con mucha pena y
sentimiento. Creo que exagero un poco, pues soy hombre jovial y alegre a pesar
de todo, pero no cabe duda que cuando me acuerdo de lo expuesto, me pongo
sentimental... por haberme retirado tan joven y con oportunidades de poder
recuperar un puesto aceptable en la torería andante de nuestra época. Creo que
tu historia tiene algo parecido a la mía, pues tanto tu como yo nos retiramos
en la misma época y con muchas oportunidades por delante, ya que no nos
retiramos fracasados sino por aquello de habernos casado enamorados y querer
vivir una vida de hogar como Dios manda. Claro que mereció la pena, pues ambos
encontramos a dos estupendas mujeres que nos aman y con las que hemos formado
una familia muy feliz y eso vale oro amigo mío.
Fotos:
1. Jaime Malaver, Manolo Carmona, Manolo Vázquez y yo preparados para hacer el paseillo en la plaza portatil en el Cuartel de Soria en Sevilla. Primera vez que actué en público. 7-12-49
NOTA. Las
siguientes
VIVENCIAS
aparecieron
anteriormente en
MMDT
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. 1948-1952:
MIS PRIMEROS BALBUCEOS EN EL MUNDO DEL
TOREO
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO
CON PICADORES, PRIMERA ETAPA 1952-3,
TRIUNFOS Y
CORNADAS
VIVENCIAS
DE MEDIO SIGLO: NOVILLERO CON
PICADORES
1954-5,
HACIA LA
ALTERNATIVA
VIVENCIAS: UNA EXPERIENCIA TAURINA MEDIO
SIGLO DESPUES DE MI
ALTERNATIVA
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: DE MI
ALTERNATIVA A LA
CONFIRMACION
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO: TEMPORADA 1956,
DE ESPAÑA A
AMERICA
VIVENCIAS
DE MEDIO SIGLO: MI PRIMERA CAMPAÑA
AMERICANA, EL ECUADOR
1956-1957
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO.
MI CORTA TEMPORADA DEL 1957 EN ESPAÑA
VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. 1957-8: DE VUELTA EN AMERICA
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